sábado, 18 de enero de 2014

Debe ganar el socialismo, no que pierda la derecha


Somos muchos los que pensamos que el bipartidismo no es bueno, puesto que la sociedad española es mucho más diversa y diversificada de lo que solo dos partidos representan. Pero no es menos cierto que, ante la brutal agresión que la ciudadanía está sufriendo en forma de recortes de derechos y recursos, la derecha gobernante necesita de una alternativa fuerte  que se le oponga.

No creo que el PSOE sea a los ojos de la mayoría de los españoles esa alternativa en la actualidad, pero eso no puede significar que este país no necesite de un PSOE, fuerte, unido y con nuevas ideas. Agua pasada no mueve molino, y no podemos quedarnos anclados en un pasado con desaciertos de pensamiento, de gestión y de maneras. El PSOE se debe adaptar a los tiempos de hoy.
El Comité Federal de hoy, ha aprobado el calendario para el proceso de primarias abiertas y su reglamento. Como cualquier reglamento podría ser mejor, pero es el democráticamente aprobado por la dirección. Ya está, es el momento de caminar, porque queramos o no, los ciudadanos han podido tener la sensación de que con las primarias nos hemos estado mirando el ombligo, como si en la calle no pasara nada. No se puede continuar enzarzados en fechas o reglamentos más tiempo, mientras los ciudadanos tienen demasiadas urgencias.
Parece que por nuestros asuntos internos, nos hemos olvidade de hechos como que desde que gobierna Rajoy la deuda pública ha aumentado del 70% al 94%, de que con el dinero que se ha usado para salvar a la banca no habría  hambre en el mundo durante seiscientos años, o de que en España la grave no es que exista corrupción, sino que exista impunidad para ella. Mujica, el Presidente de Uruguay, afirmaba que “Los que comen bien, duermen bien y tienen buenas casas, probablemente piensen que el gobierno gasta demasiado en políticas sociales”, esa es la base del  pensamiento político del gobierno Rajoy.
Frente a esa España que pretende afianzar el PP, el socialismo se convierte en la esperanza de los ciudadanos, y el PSOE no puede asumir sin sonrojarse que la nuestra es una democracia de calidad, mientras este modelo solo sirve para enriquecer a unos pocos y empobrecer a la mayoría. Pero volver a ser un partido grande, significa que hay que estar con la gente, no sobre la gente, y para eso tienen que cambiar muchas cosas. Bastaría con aplicar la idea de Pablo Iglesias que figuraba en el carnet de militantes, para ese cambio necesario: “No solo hacen adeptos los partidos con sus doctrinas, sino con los buenos ejemplos y la recta conducta de sus hombres”.
Para el socialismo español ya acabaron excusas de Conferencia Política o Comité Federal pendientes. Ya son pasado, y hasta que no se celebren las primarias, toca trabajar y hacer cosas con dos principios muy claros: el primero que las ideas no se imponen, sino que se proponen; y el segundo que quienes nunca se equivocan, son los que no hacen nada.
 
Si el PSOE quiere ser protagonista del futuro, y no otra víctima más de la desafección de los ciudadanos a la política, que no pierda el tiempo culpando al PP, y que utilice todas sus fuerzas  en dibujar la España que quiere. Dispuesto a convencer, no solo a defenderse.
Es la hora de que el PSOE levante la moral a los ciudadanos dando ejemplo de honestidad, porque la derecha gobernante solo les está haciendo sufrir.
 
 
 

 

jueves, 16 de enero de 2014

La reforma de la Incapacidad Laboral Temporal, no es una más.

Hoy he llegado a casa bastante enfadado por la modificación que hemos sufrido en el sistema informático que se utiliza para la consulta de Atención Primaria en Castilla La Mancha. Todos los compañeros con los que he comentado este asunto, manifiestan su rechazo al cambio implantado por el incremento burocrático que el mismo supone, Cada vez dedicamos menso tiempo a la exploración con nuestras manos de los pacientes, y más al uso del ordenador. Debe ser la consecuencia del avance tecnológico, que mejorará los registros pero no la percepción de mejora asistencial por los usuarios, que no clientes. El tiempo dirá cuál será el resultado de este cambio.
 
Pero hacer este comentario en el blog, surge por la noticia de que el  Ministerio de Empleo ha remitido el borrador del futuro Real Decreto sobre Incapacidad Temporal a los agentes sociales. Ese borrador sustituye el sistema actual de partes semanales al paciente que emitimos los médicos, por un sistema en el que por otro con distinta periodicidad en la expedición de los partes, en función de agrupar las causas de baja laboral en cuatro grupos de procesos. Señala el borrador que esta medida supone una simplificación burocrática para los Servicios Públicos de Salud, y ahorrará tiempo a los trabajadores.

Lo primero que me llama la atención es desconocer, si por parte de algún grupo de la oposición o de algún sindicato, se ha puesto sobre la mesa alguna alternativa a lo planteado por el Ministerio, supongo que corresponde a ellos hacerlo. A mí son muchas las dudas que me asaltan de su lectura, puesto que me parece evidente la mano de la patronal detrás de esta modificación, y supongo que a ellos serán más numerosos los recelos a esta propuesta. Quizás, como en la película, debamos preguntar a oposición y sindicatos aquello de ¿Hay alguien ahí?  

Cualquier simplificación administrativa parece lógica, pero esa no puede ser la causa de que se acepte la arbitrariedad de un diagnostico por la administración no sanitaria, por muy acertado que este sea, sin atender al criterio de quien está más capacitado para calibrar el estado de salud de su paciente: el médico de familia. Cosa distinta es que ese médico no cumpla con su papel y su responsabilidad en el seguimiento de estos procesos.

Como en todas las reformas de este gobierno, no puede causar extrañeza que se oculte la voluntad política de delegar esta competencia en manos privadas, con lo que la inseguridad jurídica del trabajador está garantizada.

Hasta ahora los diagnósticos se formulan mediante un código de tal manera que la confidencialidad del proceso queda garantizada para el paciente. Ahora será la administración no sanitaria la competente, pese a que la información se pida al médico este no la puede facilitar, porque  esa información solo le pertenece al paciente.

También merece la pena pensar la situación que la actual reforma laboral unida a esta de la IT pueden generar,  puesto que nada impedirá a un empresario despedir al trabajador que supere la duración fijada en esos cuatro grupos. Así se consolidaría otro ataque a la seguridad en el empleo dándole al patrón otro instrumento para el despido por si todavía tiene pocos.


Mucho me temo, que tras esa justificación de menos burocracia para médicos y trabajadores, lo que no se dice es que esta reforma va a servir exclusivamente para darles a las mutuas la capacidad de acortar los tiempos de baja por enfermedad común. Y si no te interesa, a la calle.

miércoles, 15 de enero de 2014

Elecciones Europeas ¿habrá unidad de la izquierda?


En unos meses, este 2014, tendremos Elecciones europeas. Se abre el espacio para que la gente decente, esa que no quiere estar por encima de nadie, se de una oportunidad para el reencuentro dentro e la izquierda española. Es el momento de la gente decente que solo quiere tener una vida decente, y la oportunidad para salir del modelo al que nos está llevando el neoliberalismo que los poderes económicos imponen, a través de sus mejores armas de destrucción masiva que son en lo que se han convertido los distintos gobiernos de derechas de la vieja Europa.


En España, el trabajo que ha costado (treinta y cinco años desde la Constitución) poner en marcha el contrato social que nos permitió reconstruirnos como país al salir del franquismo, en solo dos años, el PP ha conseguido cambiarlo. En otros países europeos, ha ocurrido algo similar. Los ciudadanos lo vemos, pero asistimos impotentes y resignados a ese destrozo, destrozo que se ha convertido en una rutina, rutina que es el mayor enemigo de cualquier reacción ciudadana, a la que, en nuestro caso, el gobierno del PP suma su capacidad de coacción con su mayoría absoluta convertida en patente de corso para hacer lo que le plazca.
Pero si se mira fríamente, esa mayoría la obtiene con un programa electoral que no cumple, actúa rompiendo todo lo conseguido en los años de democracia, y subyugándonos con recortes de derechos y represión policial. ¿Por qué no hay una contestación ciudadana a este agravio? Parece que la respuesta solo puede ser una: nos conformamos con las migajas que nos den, por temor a que ni siquiera permitan que nos caigan sus migajas.
Sin embargo, algunos hechos (como la revuelta ciudadana en Burgos estos días), parecen una señal de que decir ¡basta ya!, cada día gana más espacio.  Si aquello de que el pueblo unido no puede ser vencido, es uno de los principios de la izquierda, nuestra respuesta a estas agresiones no puede ser dada desde una izquierda dispersa. Unidos si somos temibles y temidos, divididos, somos la garantía de que esta derecha gobernante nos ahorcará por separado a cada uno de nosotros.
No nos engañemos porque les veamos subidos de tono. Siempre ha existido un temor de la derecha a la unidad de la izquierda. Y es un temor real, de no ser así, no habrían llevado al Parlamento la modificación de la Ley de Seguridad que hace que una protesta pase a ser delito por ley, u otras modificaciones legales buscando que se pueda calificar de terrorista a cualquiera que grite más alto de la cuenta.  Y como culminación de su maniobra, unos medios de información parciales, proyectando la nueva dialéctica de la realidad: no somos pobres, sino carentes de recursos para actividades ociosas; no emigran nuestros jóvenes, sino que van a la aventura; y otras muchas lindezas similares.
Todos nos preguntamos, como es que ante la mayor crisis de nuestro pasado reciente, y los mayores ataques a los derechos ciudadanos, no existe una respuesta política potente desde la izquierda. Cada vez resulta más cuestionable si la Conferencia Política del PSOE ha servido para algo, o si la actitud de IU es algo más que retórica y burocracia dentro del mismo sistema al que dice querer cambiar, o si la izquierda nacionalista es más nacionalista que izquierda, con lo que deja de ser izquierda. La izquierda no puede pedir a los ciudadanos que cambien de actitud ante estos abusos, si ella no cambia previamente no solo de actitud, sino desde dentro de sus estructuras.
No es hora de las demandas de siempre, sino de las de una nueva forma de ver nuestra sociedad. No es hora de verdades absolutas ni de intransigencias dentro de la izquierda. Si es hora de acabar con la corrupción, de respetar la naturaleza cuando se hagan planteamientos de crecimiento económico, y de poner a la economía al servicio del ciudadano, y no a este al servicio de aquella. Es hora de buscar la unidad de la izquierda
En ese escenario, las próximas elecciones al Parlamento Europeo se convierten en una oportunidad para intentar esa unidad de la izquierda. Ojala sus dirigentes quieran verla como una oportunidad para toda la izquierda, y no solo para su parcela de poder correspondiente. Los ciudadanos progresistas estamos a la espera de ver como mueven sus fichas.

domingo, 12 de enero de 2014

La anti política


Difícil de entender, y lo peor, cada día más difícil. Me refiero a comprender lo que nos está pasando a los españoles como país. Somos conocedores de que la realidad de la calle es otra totalmente distinta a la que se nos intenta hacer ver. Nadie que sea mínimamente objetivo, y con un mínimo de sentido común, puede creer a los que nos anuncian que hemos entrado en la recuperación, mientras en la calle vemos cómo andamos inmersos en una situación de deterioro social y político.  Al menos es difícil para mí.

Hemos pasado de que todo era culpa de Zapatero, a que desde hace dos años la culpable de todo es la situación internacional, y no de Rajoy que ha sustituido a Zapatero. Vemos como ante cualquier dificultad no se aportan soluciones y se sigue recurriendo a la justificación de la herencia recibida, como si antes de llegar este gobierno al poder, no conocieran la situación, y si no la conocían no debieron llegar por inútiles. La culpa aún es de los socialistas, aunque el tiempo ha demostrado que entre Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, Comunidad Valenciana y Bankia concentraban más de la mitad del déficit del que se acusaba al gobierno socialista, eran gobernados por el PP y tenían los cajones llenos de facturas sin contabilizar, que aparecieron tras el 20-N.
Pero el punto de inflexión del deterioro de nuestra joven democracia, ha sido el hecho de que desde hace dos años nos gobiernan con las promesas incumplidas sin que ocurra nada. Nuestra realidad de país es la consecuencia de tolerar que se acceda y permanezca en el gobierno con un programa que en su cien por ciento se ha incumplido (parece que solo cumplirán la reforma de la Ley del aborto). El deterioro social que se está produciendo,  hoy solo se atisba, pero se percibirá plenamente mucho más tarde, cuando la recuperación sea casi imposible.
Hemos pasado de ser un país de elite, a país mediocre casi por arte de magia, pero indudablemente por méritos propios. Hemos cedido al miedo, nos permitimos la manipulación y la censura informativa, y hasta la desinformación. A nuestra indignación y crispación, le respondemos ampliando nuestras tragaderas. Nos cabreamos y nos consolamos con agua. Asumimos sueldos  y derechos laborales más propios de países subdesarrollados que europeos, con una sonrisa, asumiendo que más vale esto que nada.

La estrategia de la derecha gobernante ha sido fácil, convencernos de que el origen de este deterioro está en que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, habiendo conseguido que incluso los ciudadanos nos creamos culpables de la corrupción de ellos, que padecemos nosotros. La realidad es otra: unos pocos nos han robado por encima de nuestras posibilidades.
Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que nuestro sistema de partidos está sucio, principalmente dentro del partido del gobierno. Está claro que en España hay políticos corruptos y entornos institucionales que han favorecido la corrupción. Es innegable por demostrado, que el presidente del gobierno miente, y que tenemos unos ministerios con una gestión pésima de sus competencias, prevaleciendo el sectarismo sobre la razón y el consenso.
Tampoco a la corrupción escapan las organizaciones empresariales ni los sindicatos. Los primeros, aprovechando el trato de favor a las grandes empresas y los grandes lobbies de las políticas del gobierno, en deterioro de la clase trabajadora inmersa en la pobreza y la miseria. Los segundos cediendo a la tentación del ingreso fácil, olvidando cuál es su papel en este sistema.
Un poder judicial que no garantiza la justicia y que filtréa con el poder político, evidenciado en el trato desigual que reciben unos (los Blesa, Barcenás o  Gurtel) frente al del resto de ciudadanos. Y si mencionamos el trato a la Casa Real, entonces apaga y vámonos.

Tampoco se escapa al deterioro el papel de la oposición, que no ha dado muestras de buena práctica en su labor, ni como oposición, ni cuando la corrupción ha puesto la sospecha en sus filas. Y son oposición también, el tercer y cuarto partido y los nacionalistas, mirando su ombligo, en lugar de a los ciudadanos.
Puede resumirse todo lo anterior, en la constatación de lo injusto que en nuestro país es el reparto de la riqueza, el silencio que ante ello guarda la justicia, o la pasividad de los electores ante la sistemática aniquilación de nuestros derechos y libertades, en nombre de una recuperación económica que solo la perciben la banca y los grandes oligopolios.
Difícil resulta tras lo expuesto no deducir, que es necesario un cambio del actual sistema y una revisión a fondo de nuestro modelo de democracia, porque empieza a no parecerse a una democracia. Y ese cambio es urgente, porque el descredito de la política que la corrupción del sistema, está provocando entre los ciudadanos, permite que llame a nuestra puerta la anti política.
No es verdad que todos los políticos sean corruptos, impútese y castíguese a los que lo sean. Permitir la llegada de la política de la anti política, es entrar en un callejón con una sola salida, la del populismo, la del salvador de la patria, la de los Franco, Mussolini o Hitler. La de la no democracia.
 

jueves, 9 de enero de 2014

Para hacérnoslo mirar

Como defensor de una sanidad pública, esta tarde he tenido la satisfacción de conocer la noticia de que la justicia mantiene la suspensión cautelar de la privatización sanitaria en Madrid, hasta que se resuelvan los juicios pendientes. Puede que para este caso, sea la primera vez que desee la lentitud inherente a los juzgados.

Como trabajador de la sanidad pública, no entiendo este interés desbocado por privatizarla. Como conocedor de la administración, no considero positivo el proceso de privatización al que estamos asistiendo, con todo lo que nos rodea. Si un gestor de lo público, sale en apoyo de la gestión privada, solo puede estar reconociendo su incapacidad profesional para gestionar, pero nada más.
Eso solo es entendible si ese gestor tiene intereses inconfesables en el sector privado, y por eso apoya la privatización. Lamela o Güemes son un ejemplo de esto último. La realidad es que cuando lo privatizado da perdidas, siempre aparece lo público para aportar los recursos necesarios para reflotarlo, y con ese salvavidas apostar por lo privado no les supone ningún riesgo.
Creo que no puede ser sospechoso de rojo visceral, el Primer Ministro David Cameron que se vio obligado a pedir disculpas por las muertes en hospitales privatizados por la señora Tatcher. Decir que desde lo privado se gestionan mejor, cada día las matemáticas nos muestran que no es sino una gran falacia, como creo que en España hemos podido comprobar. Veamos algunos ejemplos de ese error: Aznar le regala Telefónica a Villalonga (su compañero de pupitre), y el teléfono se encareció; se privatizo Campsa y la gasolina cada día sabemos menos cuanto nos cuesta realmente, ni quien es el gran beneficiado de ese sobrecoste que pagamos; se privatiza la electricidad, y al recibo que nos llega cada mes me remito para ver el abaratamiento que ha tenido; donde se ha privatizado el abastecimiento de agua el precio se ha disparado en unos años. Y hay muchos más.
Si la gestión pública es mala, pues que la mejoren, porque el problema no está en que la gestión sea pública o privada, sino en que se haga una buena o una mala gestión. Cuando se analiza la gestión, nos encontramos sobrecostes que no pertenecen a la gestión en sí, y eso es más llamativo aun cuando la privatización se hace sobre sectores estratégicos como los citados, energía, comunicaciones, aguas, que son los que nos permiten atender las necesidades básicas de los ciudadanos, y una vez privatizados las empresas abusan de su posición.


Todo este sobreprecio no existiría si esos sectores que atienden nuestras necesidades básicas no estuvieran bajo manos empresariales, y en lugar de clientes fuésemos usuarios. Todo esto solo puede revertirse afrontando la renacionalización de esas grandes empresas, que no solo se malvendieron, sino que ahora nos atracan a diario. Eso sí, previo paso por los juzgados de quienes han hecho de nuestras carencias su negocio. Al contrario que para la suspensión cautelar en Madrid, aquí si pediría celeridad a la justicia.
Todo parece parte de una confabulación económica para desposeernos a los ciudadanos de todos los recursos básicos que permiten una calidad de vida digna. Mientras y para nuestra desgracia, el actual gobierno del PP, en lugar de defendernos de estos abusos, solo hace lo que lleva en su código genético: privatizar cada día más servicios públicos para que los empresarios se beneficien de nuestra necesidad de los mismos.
Que los españoles mantengamos un gobierno que permite y apoya este mecanismo, es como para que nos lo hagamos mirar.

miércoles, 8 de enero de 2014

La España del PP, y la otra España

El PP ha comenzado el año como acabo 2013,  bañándose en la euforia de ver la luz al final del túnel, anunciadora de la recuperación. Para ello las cifras de la macro economía las interpreta a su antojo sin ninguna prudencia, de tal manera que solo aparezcan como el resultado de su buen hacer en el gobierno del Estado. Lo adereza con la modestia de “ha sido gracias a los sacrificios de todos ustedes” que convierte su masacre en más llevadera.


Aunque la marca España se tambaleó con Repsol, y ahora lo ha hecho con Sacyr, eso no ocurrió nunca para el gobierno. Después de dos años de pisoteo de derechos y recortes en los servicios públicos del estado de bienestar, Rajoy y los suyos han decidido repetir en estrategia goebeliana el “España va bien” de Aznar, y convencernos a los españoles de que ellos nos llevaran a un mundo feliz.

Es cierto que las cifras muestran que los beneficios empresariales han aumentado, pero también que los salarios y el ahorro familiar siguen de capa caída. Muestran que la bolsa sube y la prima de riesgo baja, pero también que el paro se mantiene en los seis millones pese a que muchos jóvenes formados han abandonado el país, y también los inmigrantes que llegaron en los años de bonanza, y que ahora emigran a los países de los que ellos vinieron.

Y es que para el PP hay dos Españas, y es cierto que para la del PP, las cosas le van bien: los especuladores se ponen las botas; los inversores de bolsa aprovechan la montaña rusa de las cotizaciones para hacer su agosto; las empresas (sobre todo las grandes) aumentan sus beneficios; y la banca está que se sale con el rendimiento sacado al dinero que le donamos para sanearla, dinero que no nos devolverá, y del que, como lo ha invertido en deuda pública española, ahora les pagaremos intereses por prestárnoslo.

Aunque mientras, para la otra España, la de los currantes y pequeños empresarios, el mundo es de otro color: los salarios bajan pese a que los horarios laborales aumentan; la inseguridad en el puesto de trabajo crece con un despido más barato; las cotizaciones de las pequeñas empresas y autónomos a la SS aumentan; se encarece la energía para los hogares; la educación es un privilegio y no un derecho (menos becas y mayores requisitos la convierten en eso; la ultima en sanidad es quitar el derecho al acceso al sistema sanitario a quienes emigran y a  los mayores de 26 que no cotizan. ¿Alguien da más por menos?

Pero sobre todo, lo que hace que veamos dos Españas son los dos grandes asuntos: en una España cada día conocemos un nuevo caso de corrupción, en el que algún listo de esa España que va bien con el PP, se lo ha llevado calentito, ante la impasividad de la justicia; y en la otra España ver como el paro sigue azotándonos.

Por mucho que se empeñe la primera España a través del gobierno, en convencernos de lo contrario, la reforma laboral solo ha servido para dejar a la segunda España, la de los trabajadores, en la precariedad y sometidos a los intereses del mercado, sin derechos ni dignidad, campeones de Europa en paro juvenil (más del cincuenta y siete por ciento, y subiendo), y del que los jóvenes que salen lo hacen en condiciones de semi-esclavitud. Curiosamente, son los jóvenes, los de ambas Españas, quienes cada día tienen menos esperanza de salir de ese círculo. ¡Ah!, y que no protesten que además hay multa si lo hacen.


Cada vez resulta más incomprensible que parte de la clase trabajadora o de los pequeños empresarios se planteen continuar apoyando al partido del gobierno, aunque la alternativa existente pueda provocar todos los recelos y dudas posibles. Cada día parece más difícil superar las cotas de miseria y sometimiento que se han alcanzado en 2013, pero parecemos dispuestos a en el año que comienza superarnos a nosotros mismos, o al menos eso dicen algunas encuestas.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Adios a un 2013 nefasto

Oír el pasado viernes a Rajoy tras el Consejo de Ministros, dibujándonos una España en marcha y que ya está saliendo de la crisis, resulta patético, porque eso solo lo perciben los españoles con grandes cuentas corrientes que han incrementado sus ingresos, y desde luego no el ciudadano normal y corriente, cada día con mayores problemas para llegar a fin de cada día que ya ni siquiera a fin de mes. Si, patético, porque un gobernante que cada vez que le ha apretado el zapato de la corrupción en su partido, ha optado por esconderse de la prensa detrás de un televisor de plasma, podía haber seguido fiel a ese su modelo de cobarde, en lugar de salir a mentirnos importándole un bledo  desprestigiar con ello la democracia.
Y es que si no dar la cara desprestigia, mentir lo hace aún más. Daña más la apariencia de democracia que su falta, porque la mentira en sus discursos es la demostración del desprecio sistemático a todos los ciudadanos, esos que con su voto e impuestos unos, y otros solo con lo segundo, le mantenemos en la Moncloa para que sea el presidente de todos, no solo de la clase privilegiada de este país como si de una república bananera se tratase, y el fuese el dictador de pacotilla que la intenta dirigir.
No es fácil ser breve a la hora de resumir el año que termina. Una calificación como resumen: un año nefasto para los ciudadanos. Por mucho esfuerzo que el presidente haga para tratar de convencernos de que este 2013, ha sido un buen año gracias a las reformas que según él permitirán afrontar un 2014 mejor, no creo que exista un solo español (salvo los que viven ciegos en el fanatismo pepero) capaz de creérselo. Las profecías son propias de iluminados y no de estadistas, y Rajoy ni es lo uno, y ha demostrado que tampoco lo otro, por mucho esfuerzo que ponga en exteriorizarlo, y ni él se cree lo que nos dice.
Con la justificación de la herencia recibida (ya son dos años con la misma escusa), la obra pública ha continuado en una vía de parálisis e impase, y nuestras grandes constructoras, como nuestros investigadores, tienen más trabajo en el exterior que en nuestro país. En Galicia como antes fue el Prestige y sus hilillos, ahora ha sido el accidente del AVE en Santiago la punta del iceberg a una mala gestión de las infraestructuras, ahora enturbiando el modelo ferroviario de la alta velocidad. La solución para tapar la mala gestión: culpar al conductor del tren, culpar a la herencia recibida y no admitir que los recortes afectan a la gestión de las infraestructuras. La red de autovías estatales también sin avances en dos años y deteriorándose, y nuestro I+D+I en sus horas más bajas invitando a la fuga de cerebros.
La reforma laboral que se hacía para crear empleo, solo ha servido para abaratar los despidos, precisamente lo que específicamente el gobierno rechazaba pretender con su aplicación. La realidad es que seguimos en seis millones de desempleados, y la bajada de ese número es debida a la gente que ha emigrado (nacionales y extranjeros), y a quienes (cansados de no encontrar ofertas de empleo) han desistido de continuar inscritos en las listas del paro, pero en ningún caso a el resultado de un estímulo a la creación de empleo. A final de este año se ha decidido la congelación del salario mínimo, lo que nos sitúa a la cabeza de los países europeos con un salario mínimo más miserable. Y el remate, en estos días se ha aprobado que, si por trabajar se enferma, el control de la baja laboral se hará por las mutuas patronales y no por el médico de cabecera.
A la reducción drástica de los derechos de los trabajadores de esta reforma, y para acompañarla había que adoctrinar a los españolitos y españolitas, y nada mejor que hacerlo desde la educación primaria. Así la reforma educativa tan protestada por padres, alumnos y profesores se ha aprobado contra viento y marea, porque es la pieza imprescindible para que los contenidos de la reforma laboral sean tragables por cualquier joven que se incorpore al mercado de trabajo.

En el dos mil doce se acometía la reforma sanitaria sin ninguna negociación, mediante un decreto ley, el 16/12, que dentro de un tutus revolutum abordaba cambiar situaciones laborales, sacar medicamentos del sistema público de salud, y auspiciaba las privatizaciones de hospitales y de la asistencia sanitaria general, a la vez que permitía excluir de esa asistencia a los colectivos mas desprotegidos. Pese a ser del año pasado, ha sido en dos mil trece cuando se han visto sus perniciosos efectos sobre la salud de la ciudadanía y del sistema sanitario español que ha pasado de la vanguardia mundial a un puesto de mediocre.
Con un componente que afecta al sistema sanitario, pero sobre todo como un recorte de derechos, a final de año se ha incorporado a la serie de dislates de este gobierno la Ley del aborto, que nos traslada a las épocas del franquismo más rancio, recortando los derechos de la mujer a decidir sobre su derecho a la maternidad, y con la cara dura de cemento y el cinismo eclesiástico que le es propio, su promotor dice que es la más progresista de las leyes europeas que hay sobre esta regulación. Eso sí, es la única promesa electoral del PP que ha cumplido en dos años.
Este mismo ministro ha sido el impulsor de la ley de tasas judiciales a finales de 2012, y que en este año han servido para impedir el acceso a la justicia a quienes medio carecen de recursos económicos, es decir al ciudadano medio que es el que ve vulnerados sus derechos, sin posibilidad de defensa jurídica por el alto coste de los trámites judiciales.
Tampoco se han librado las pensiones, pese a decir que eran intocables, pero con una maniobra de prestidigitación, anuncian una consolidación de una subida en época de vacas flacas pero que no obliga a incrementarla en época de vacas gordas. La consecuencia, esa pensión que estaba en 2013 permitiendo a los padres jubilados, hacer frente a los mínimos vitales de los hijos en situación de desempleo, queda de esta manera congelada desde enero (porque una subida de algo más de un euro mensual, no deja de ser una congelación encubierta). Veremos en 2014 si esto no desata una revuelta social, al estar garantizadas para este año la subida de alimentos, ropa, agua, luz, gas, etc. Junto a la congelación salarial
La ley de dependencia que nació sin dotación suficiente por el anterior gobierno, ha pasado con este directamente a carecer de dotación. Se vuelve al modelo de la caridad cristiana con el pobre y el desvalido. Rara es la agrupación de Nuevas Generaciones del PP que no ha puesto en marcha una iniciativa de recogida de alimentos o de juguetes en estas fechas, sin olvidar que detrás de esa dadiva está un posible votante a sus intereses partidistas. Esta no es una competencia que el estado privatiza, sencillamente renuncia a ella dejándola en manos de la Iglesia y las ONG´s, pero si puede conseguirse un voto, no dudan en transformar a sus cachorros en ONG. Puede que en la próxima Navidad, retorne aquel consejo gubernamental de sentar un mendigo a tu mesa, como en la dictadura franquista.
También nuestra defensa y nuestras relaciones exteriores han vivido etapas intensas. El gran empeño en vender la marca España como sinónimo de calidad, se ha visto truncado por una imagen de corrupción, de país en regresión de derechos ciudadanos y de atisbos de brotes procedentes de nuestras rancias raíces fascistas. Si en la época aznariana era Perejil, este año fue Gibraltar. Y si todos los años hemos dedicado más dinero a la defensa que al empleo, este año también lo hemos hecho, pero con el presupuesto ministerial repartido entre los demás ministerios de tal manera que ese incremento no sea evidente a simple vista.
Tampoco el ministerio de industria ha estado ausente de los trabajos para avanzar hacia un modelo neoliberal. Un ministro que no controla su departamento, que ha visto desde la expropiación de Repsol (vendida como un ataque de los marxistas argentinos a la patria hispana), a la última tragicomedia de las subastas eléctricas (te subo un once, pero luego subo un tres, y todos contentos con tener una subida de nueve puntos menos de lo previsto). Siempre a mano la tan socorrida herencia recibida para justificar cualquier fracaso, y además presumir con la frase “el gobierno tiene que gobernar y hemos hecho frente a los intereses de las empresas en favor de los ciudadanos”.
Y como no detenerse en la labor de un ministerio del interior empeñado en los recortes de derechos ciudadanos, en las leyes mordaza o en hacer guardianes del orden público a los vigilantes jurados de los establecimientos privados. Es el ministerio encargado de mostrar el desprecio sistemático al principio de que la democracia es el gobierno del pueblo. Este ministro demuestra que ante sus convicciones ultra católicas y reaccionarias, la democracia es una palabra vacía de contenido. Su última ley, la de seguridad privada es otra privatización más de lo público, que seguramente tenga en el horizonte la privatización de los establecimientos penitenciaria.
Y por último, el repaso a la labor de los ministerios de economía y de hacienda. Con un pijo y un déspota al frente de ellos respectivamente, son la muestra de lo que es esta derecha gobernante, son los encargados de poner a los ciudadanos al servicio de la economía, en lugar de la economía a nuestro servicio. Con sus reformas auspiciadas con el dato de que estaba bajando la prima de riesgo española, se han dedicado a traspasar los euros recortados en los servicios a las arcas de los bancos de quienes les propusieron para ser ministros, o sea, de sus amigos. Han realizado una reforma del sistema bancario que se inició con la promesa de que todo lo que se diera a los bancos lo devolverían y ahora ni se enrojecen para decirnos que lo pagaremos nosotros los españoles, todos y cada uno de nosotros. Son quienes han permitido el reparto de lo que era patrimonio de todos los ciudadanos entre los saqueadores de guante blanco, sin ningún tipo de escrúpulo ni reparo por su parte.
Parece que, ante este alud de ataques frontales a la ciudadanía, lo lógico sería que esa ciudadanía se mostrase indignada y se manifestase en la calle. Lo ha hecho, más de lo que nos han contado, pero no en la medida que un ataque tan brutal precisa para ser parado. Una explicación a esto: son tantos los frentes que nos han abierto, que el que más y el que menos podemos sentirnos agobiados o abrumados por esta avalancha.
La realidad, a nuestro pesar, es que el rodillo del capitalismo ha seguido avanzando en 2013 contra viento y marea, y en paralelo, los que dirigen el cotarro siguen dedicándose al expolio de todo lo conquistado con mucho esfuerzo (incluida la vivienda familiar, mediante los desahucios por el impago al que sus propias leyes y recortes nos obligan). Después del expolio vemos el reparto descarado del botín conquistado entre ellos, en sobres o en B.
Mi padre me decía que las guerras las provocaban las empresas de fabricación de armamento para así poder limpiar sus stocks de armas. Ahora no solo le creo, sino que estoy convencido que esta crisis es una jugada similar: esta crisis la han creado unos pocos para ponerse las botas con cargo a todos los demás.
El gobierno que hoy tenemos es solamente el representante de los creadores de esta crisis y actúa como gestor de su estrategia, le pese a quien le pese.

¿Huelga general? ¿y si el maximalismo reactiva a la derecha?

La política de izquierdas vive atrapada en una paradoja recurrente: confundir la pureza del instrumento con la eficacia del resultado. Ante ...