lunes, 10 de enero de 2022

NADA ES INAGOTABLE


Hay días en los que pienso que los ciudadanos españoles no sabemos lo que tenemos. Nuestro sistema sanitario público es muy mejorable, pero no valorarlo en su justa medida es cainismo y caer en una autoflagelación absurda. Empezando por todos sus profesionales, continuado por sus instalaciones y equipamientos, y terminando por sus recursos (siempre escasos y mejorables) el sistema sanitario español es envidiado por otras muchas sociedades y países. Y además con algo que lo hace mejor, diferente y único: su accesibilidad universal. Eso, para quienes dependemos de una nómina, no debería olvidarse. No es gratuito completamente, pero mucho más accesible que en cualquier otro país, para quienes no dispondrán de economía suficiente con la que poder pagarse las prestaciones que dé el recibe.
Sin embargo, todas esas bondades evidentes, no pueden hacernos pensar que sus recursos son infinitos, que es inagotable, como parece que una inmensa mayoría piensa, o al menos eso es lo que sugiere la situación que estamos viviendo. Ya no solo porque, además del COVID hay muchas más patologías que no lo son y que requieren ser atendidas, sino porque la presión asistencial que estamos soportando en atención primaria y en los servicios de urgencia (esperemos que no alcance también a las hospitalizaciones) es insostenible se mire por donde se mire.
Parece que una inmensa mayoría pensamos, que cualquier síntoma, aún por muy banal que parezca, es suficiente motivo para demandar asistencia inmediata, a ser posible hoy, y si se puede, ya. Tal vez la causa de ese concepto de “derecho a todo y ya” sea la desinformación sobre lo que se demanda o la falta de educación en general sobre la demanda de servicios públicos, que son nuestros, pero también son de todos. Con cuadros clínicos como los que hoy vemos ¿nuestros padres nos llevarían al médico o a urgencias de un hospital inmediatamente? No se los vuestros, pero los míos no. Nunca pensé por no hacerlo, que me querían poco o no me querían, o que lo hacía por dejadez. Ponerme un paño de agua fría en la frente si tenía algo de fiebre, o darme leche caliente con miel si me dolía la garganta, o un analgésico si tenía dolor de cabeza, o otros muchos remedios como primera opción, era lo lógico, normal y habitual. Y si en un día o dos no mejorabas, entonces te veía un sanitario. Curiosamente, sin ser médicos ni disponer del doctor Google, ellos cuando era algo grave, lo intuían, era como que sabían que la enfermedad grave se huele.
Hoy eso no es imaginable. Ahora queremos saber inmediatamente que nombre y qué apellidos tienen lo que nos afecta, que pruebas deben hacerse sin demora, y si el médico no dice de hacerlas, ya nosotros le cuestionamos porque no las solicita. Exigimos ese antibiótico que a mi primo le ha ido tan bien, y sino nos lo prescribe el “medicucho panchito” que me explique el motivo de esa falta de interés por curar lo mio. Y es que desde que tenemos móvil, televisión e internet, no solo sabemos más, sabemos de todo. Los años que ese médico o médica extranjeros estudiaron para obtener su título, quedan superados con un vistazo en internet. Y si era español o española, se sacó el título a base de regalos a sus profesores, y no tiene ni idea. Seguimos siendo de charanga y pandereta.
Todo eso se ha elevado a niveles exponenciales con la llegada de la COVID-19. Hemos sido, epidemiologos, infectologos, vacunologos, virólogos, internistas, etc. Hemos exigido saber si estábamos protegidos contra el virus o no, que variante tenemos o no tenemos, si el test ha sido negativo saber porque no nos hacen la pcr, y si somos positivos por qué no nos hacen otra prueba antes de darnos de alta, etc, etc, etc. Todo puede ser comprensible, aunque a mi entender, es la demostración palpable de la desconfianza en el profesional que nos atiende, la absoluta insolidaridad con el que necesita más cuidados que nosotros, y la absoluta despreocupación de si esa exigencia de servicios y de una pronta respuesta, estaba colapsando el sistema.
Es ese mismo sistema sanitario al que cuando realmente se le valora en su justa medida es en el infarto de miocardio, el ictus, el embolismo pulmonar, el accidente de tráfico y otras muchas situaciones que piden ser vitales. Pero no valoramos la prevención que hace el médico de familia que evita tu infarto o tu ictus, ni la salud pública que nos protege a todos, ni la asistencia farmacéutica que me da acceso a fármacos que en otros países no podría adquirir por su precio, ni el ojo clínico de nuestro médico de familia que supo que lo que te ocurría no era para paños de agua, ni leche con miel.
En este denostado sistema de salud español, atendemos al que está grave, al menos grave, al leve, y al que sólo quiere una receta de paracetamol por si acaso. Ahora lo estamos colapsando, con una clínica que en la inmensa mayoría de los casos, la respuesta correcta a la misma es quédese en casa y tenga en cuenta una serie de signos de alarma que si presenta debe acudir de nuevo. Curiosamente si los presentas, deberás acudir y para ser atendido, en ese momento te encontrarás en la misma cola de espera de la que tú formabas parte, donde otros como tú esperan a ser atendidos cuando sus síntomas sólo son banales. Donde las dan, las toman.
A este despropósito, se le añaden las noticias falsas sobre COVID y sobre las vacunas que añaden a la desinformación las falsedades. Puede que ambas cuestiones están detrás de la nueva gran bomba consumista por ahora: el gasto que realizamos en los test domésticos,. Ha sido exigida su gratuidad por “expertos” en los medios de comunicación y presentados como el mejor instrumento para poder volver a las reuniones sociales sin riesgos. Conozco a quien se ha hecho hasta tres diarios durante una semana (todo sea por poder irse a la fiesta). No son caros de producir, pero tampoco baratos de adquirir. ¿Es ese un gasto necesario? Puede que no , pero aún menos cuando la mayoría de los que se hacen el test, acude luego a que se le repita, porque ha sido negativo y no se fía, o porque ha sido positivo y se fía menos. Nos quejamos de las colas en urgencias, en los centros de salud, de lo que ganan las industrias farmacéuticas, pero impedimos el acceso a quien tiene patologías más graves, y de paso ayudamos a que el COVID pueda ser su agosto en enero para esas industrias.
Me pregunto si no vemos cómo lo más racional, solicitar asistencia cuando los síntomas sean preocupantes. Si no lo son, (la fiebre es poca, respiramos bien, y el malestar se nos pasa con paracetamol, tenemos solo mucosidad nasal, etc) nos cuesta poco resguardarnos, ver si podemos trabajar a distancia o hacerlo sin poner en riesgo a los compañeros, y aplicar otros cuidados que nuestros padres se sabían de memoria y hemos olvidado como otras tantas cosas ( antes íbamos en coche a cualquier ciudad y a cualquier calle de ella, y ahora si no vamos con el gps nos perdemos). Si lo hiciéramos así, posiblemente cuando de verdad requerimos asistencia, esta podría ser más ágil y rápida, pero al tener un sistema finito y no infinito, lo saturamos con banalidades y nos quejamos de que no se nos atiende con la presteza que nos gustaría.
Es la pescadilla que se muerde la cola. La administración se empeñan en empoderarnos, en que intentemos auto gestionar nuestra salud libremente, pero lo que demostramos es querer autogestionar cuando nos apetece acudir libremente, que unos profesionales estén libres para atenderme en ese momento y que ellos me la gestionen.
Y ojo, que nada de lo expuesto anteriormente, es contrario a una triste realidad que podríamos llamar la parte política de la pandemia.: que los responsables institucionales deben mejorar una gestión que en muchos casos es nefasta; que deben aportarse unos recursos que las sucesivas crisis han ido recortando al sistema impidiendo su mejora; y que deben adoptarse decisiones sanitarias basadas en criterios sanitarios y no en réditos electorales, Todo lo anterior ha ocurrido de manera continuada con los sucesivos gobiernos de todos los signos políticos que nos hemos dado, aunque parece que sólo nos acordamos. Pero en eso si pensamos antes de levantar la voz o señalarnos , dependiendo de quién toma las decisiones. Cuando la decisión la adopta el gobierno que no votamos, gritamos. Y cuando lo hace el que tuvo nuestro apoyo, nos volvemos mudos, ciegos y sordos, tres síntomas para los que entonces no requerimos asistencia del sistema. Esa visceralidad que nubla la objetividad también colapsa un sistema sanitario que considero que entre todos estamos matando y el solito se nos va muriendo agotado, mientras discutimos si son galgos o podencos.
También los profesionales tenemos nuestra parte de responsabilidad en ese colapso, pero lo comentaré otro día. Voy a intentar descansar. Buenas noches para todos y todas..

EL RUIDO QUE NO CESA, ES QUE A ALGUIEN LE INTERESA

La convalecencia es más llevadera escribiendo. Al menos lo es para mi.
El ruido, si no cesa, es porque a alguien le interesa.
La que se ha montado con la manipulación de unas declaraciones del ministro de Consumo, constatado que ha sido realizada por parte de un lobby de las industrias de las macrograngas, es un reflejo de lo baja que es la calidad de nuestra democracia, de cómo los intereses espureos dominan la información, y de cómo nuestra política no está hecha para alcanzar un modelo de país sostenible, sino sobre el cortoplacismo electoral.
No es de una calidad democrática aceptable, que muchos representantes públicos y empresariales e incluso sindicalistas, hayan opinado, no sobre las palabras de Garzón, sino que lo han hecho sobre su entrevista versionada, sin perder un minuto en recabar información antes de abrir sus bocazas. Eso solo ocurre aquí y en las republicas bananeras, porque muchos políticos son auténticos paracaidistas, no sólo sin miedo al vacío, sino ( a todas luces peor) sin miedo al ridiculo.
Los intereses espúreos dominan los medios de comunicación, porque se han podido contar con los dedos, los medios que han rectificado sus informaciones iniciales, una vez comprobada la manipulación y la tergiversación existentes. Y solo el cortoplacismo electoralista puede justificar, que se intente sacar rédito electoral de algo, sin antes analizar en profundidad, recurriendo a un populismo barato consistente en decir lo que quiere oír quien escucha, sin intentar hacer reflexionar sobre un fundamento ideológico, sino hacerlo solo buscando el voto del desinformado. Así se pueden ganar elecciones pero no se transforma una sociedad.
En las palabras de Garzón, se plantean simultáneamente dos puntos de vista, el sanitario y el medioambiental. Desde el primero, ya hace décadas que la medicina aconseja reducir la ingesta de carne y alerta sobre los riesgos que representa su excesivo consumo. Sirva de ejemplo simple, que los lunes, en las consultas vemos cuadros de gota por exceso de ingesta de carne y cerveza los fines de semana, y otros síntomas reflejo de los perjuicios que eso implica para la salud.
Medioambientalmente, las explotaciones en extensivo no son un problema, pero sí las que se realizan de manera intensiva más conocidas como macrogranjas, y a las que se refiere de manera generalista el ministro y no en exclusiva a las españolas como un ataque a estas para favorecer a las de otros países. Puede molestar a quien se lucre de ellas, pero las macrogranjas, como concepto industrial, son malas y por cómo han sido diseñadas y cuál es su modelo de funcionamiento, la carne producida en ellas es de menor calidad que la de otras explotaciones con otro modelo de funcionamiento. Serán más caros, pero (y es solo un ejemplo) los pollos criados en libertad son de mayor calidad que los criados hacinados sin ver la luz del día y que salen de la explotación ya sacrificados o para serlo.
Si nos paramos a reflexionar sobre lo dicho por el ministro en su entrevista, lo que expresa, más que una opinión, es la constatación de un hecho, que puede considerarse aceptable o no, pero no es errónea la opinión expuesta. El problema, y por tanto toda la polémica suscitada, no es lo que se ha dicho, sino quien lo ha dicho.
Por si todo vale si ayuda a desestabilizar al actual gobierno de coalición, hay quienes no pierden oportunidad para intentarlo. Dígase qué tal vez es puedan ser inoportunas las palabras, o inoportuna la elección del medio en que las realiza, pero no se haga ruido, tras crear un bulo y una polémica sobre ese bulo. Pero sobretodo choca que lo hagan miembros de uno de los partidos de ese gobierno. E incluso chirría, que con esa visión economicista y consumista que demuestran, sigan perteneciendo a ese partido que se declara defensor de la Estrategia de Desarrollo Sostenible europea. Cada vez hacen más difícil el distinguirlos de los Casado, Abascal, Arrimadas, o Ayuso de turno. Al menos estos, siendo coherentes al opinar cómo opinan, militan en el partido en que militan.
Unos y otros son los más interesados en que en este país no se haga política, Siempre están de feria en los medios que les acercan los micrófonos, porque les gusta el ruido.

SOLO SE QUE NO SE NADA


Son más de cien los casos de positivos que he visto en consulta en lo que llevamos de fechas navideñas y año nuevo.
He tomado muchas medidas: EPI, guantes, mascarillas, pantalla, y en los casos que no era imprescindible la auscultación, incluso he mantenido la distancia. Tengo además una pantalla protectora en la mesa, y el gel hidroalcoholico disponible para cada persona que acude. A pesar de todo eso, la contagiosidad de esta variante, Omicron, ha sido más potente que esas medidas adoptadas y al final también me ha llegado el contagio.
Hoy he dado positivo después de hacerme test durante todos los días de esta semana, alertado por un dolor de garganta que comencé a notar el martes. Tengo tres dosis de vacuna y ya pasé el COVID en septiembre de 2020. Creo que las medidas relatadas y el poco tiempo de duración de los contactos con los pacientes, deben ser sufícientes para evitarles el riesgo de contagio, aunque visto lo visto, el consejo debería ser que no se acuda al Centro de Salud o al consultorio salvo para situaciones que no puedan ser resueltas sin la presencia física. Hoy somos más de 9000 los sanitarios contagiados y de baja en las dos ultimas semanas en esta sexta ola. Estoy aislado y pendiente de negativizar para reincorporarme a mi trabajo.
Muchos pacientes, cuando llegan, ya te dicen que se han hecho un test de farmacia y que les ha salido positivo. Eso facilita la tarea de clasificación, pero no todos disponen de ellos ni los realizan de manera correcta. Y también otros aspectos que intentaré aclarar. Si te haces una prueba de Antígenos rápidos, lo normal es que sean negativos hasta el 5º día después del contacto y aparecer el 6º y suelen dar positivos hasta unos seis días después.
Esos test son diferentes a la PCR. En Omicron, la PCR aparece positiva ya al 5º día, pero puede permanecer positiva durante bastantes días, aunque lo habitual es que a partir de las dos semanas de la fecha de contagio se negativice. Por eso es importante saber, cuándo se debe hacer el test y no hacerlo antes, porque muchos pacientes dan hoy negativo y unas horas después o a la mañana siguiente positivo. Eso ocurre con mucha frecuencia.
Puede que la alta incidencia que estamos sufriendo, sea consecuencia de pensar que un test negativo era un salvoconducto para alcanzar el “no riesgo”. Muchos hemos pensado que un test realizado antes de una reunión, si todos los asistentes son negativos, es una garantía de que no habrá contagios. Detrás de ese error de percepción están unos medios de comunicación y unas administraciones con mensajes no solo confusos, sino incluso contradictorios, y desde luego carentes de un respaldo en ensayos clínicos. Decir que acudas a la farmacia y te hagas un test y si es negativo quédate tranquilo, es decir una verdad a medias. Esa información se puso en tela de juicio en un caso que fue publicitado por esos mismos medios. Me refiero al caso de lo sucedido en Noruega.
Un test previo a una comida o una reunión con resultado negativo puede que sea positivo en unas horas al repetirlo, y eso no lo decían. En Noruega, los cien asistentes se realizaron test previo a cenar, y estaban todos vacunados. Pero a los dos o tres días eran positivos ochenta de ellos. No significa que los test no funcionen, sino que podemos realizarlos en ese periodo en el que aún alguien es negativo pese a estar contagiado y contagiar a los demás, por lo que sería necesario repetirlos cada cinco o seis horas.
Lo primero que hay que decir respecto a las reuniones es que si tienes alguno de los síntomas de la enfermedad no acudas a ninguna reunión. Lo segundo es que, más que un test previo (que está bien), lo importante es garantizar la ventilación, las mascarillas, la distancia y el lavado de manos. Eso si que nos lo han repetido veces, pero era más socorrido el test y si era negativo: !Viva la virgen!
Si quieres actuar de forma responsable, si dudas que puedes tener algún síntoma, o has sido contacto estrecho de algún positivo (pero no tienes síntomas), no debes acudir a reuniones con otros, aun estando vacunado, y debes plantearte el asilamiento por seguridad de los demás. El test ha hecho que una inmensa mayoría se olvide de eso, y los datos nos tendrán en subida hasta cresta de la ola al menos hasta mediados de enero, habrá un repunto a la semana por la festividad de los magos y luego vendrá la bajada de la incidencia. Antes no, así que no vale alarmarse.
De los pacientes que atiendo en mi consulta, a día de hoy, casi un 99% tienen su pauta completa entre los mayores de 12 años, y están vacunados los niños de 12 y 11 años. Por lo tanto lo que expongo es aplicable a VACUNADOS, y puede ser distinto en los no vacunados. Por la experiencia de lo que hemos visto en las consultas (por tanto lo que ahora expongo es una observación personal y no un estudio), podemos clasificar en cuatro grupos a los pacientes positivos. El primero es el de los asintomáticos que son muy pocos, aunque los hay. Un segundo grupo es fácilmente confundible con un resfriado común. En un tercero parece que lo que presentan es un cuadro de laríngeo o faringitis. Y por último, otros cuyo cuadro es más parecido al de una gripe. La proporción entre estos grupos podría ser de 1, 3, 3, 3 respectivamente. En conjunto, los síntomas que estamos viendo en los contagiados de Omicron, son algo diferentes a los de las anteriores cepas. Donde la disnea o sensación de falta de aire era frecuente.
Los pacientes comentan con mucha frecuencia: dolor de cabeza, dolor muscular más frecuente en las piernas y algunos en los costados; y picor de garganta, estornudos con mucosidad nasal, y la mucosidad en garganta no es fluida sino espesa. Tos seca que es muy insidiosa y molesta. No refieren, como en otras variantes anteriores, una pérdida de olfato. Algunos otros refieren diarrea. La aparición de fiebre es frecuente y no suele ser elevada, sino en valores generalmente menores o muy próximos a 38ºC y suele durar un par de horas, cede espontáneamente y reaparece al día siguiente incluso al tercer día. Cifras más elevadas de fiebre, y que no cedan a los antitérmicos, nos deben hacer pensar en afectación pulmonar que debe estudiarse o mal curso de la enfermedad, aunque no siempre. También he tenido pacientes que refirieron algo de mareo los días previos a positivizar en el test de antígenos. Algunos con nauseas, algunos con diarrea. Un paciente refería dolor en las lumbares tipo lumbago. También un paciente con dolor de oídos y otro con dificultad para conciliar el sueño.
Y algo bastante frecuente en los comentarios que nos hacen, es mucha gente se ha hecho la falsa idea, de que con la vacuna no se contagia. La vacuna evita la gravedad y por lo tanto las hospitalizaciones que vimos en otras olas. Pero la gente vacunada, no solo se contagia, sino que con Omicron se contagia antes, posiblemente porque el sistema inmunológico responde antes y evita la gravedad de la infección.
Cada vez el Covid es más similar a un catarro. Pero no es un catarro, y confundirlo y relajarnos, no lleva a buen puerto. Y concluyó, solo se que no se nada.
Buenas noches


Políticamente incorrecto


Puede pensar cada cual como lo desee. Pero cuando hay estudios serios que avalan un posicionamiento ante cualquier cuestión, negar la evidencia, es no asumir que hay cosas que difícilmente pueden negarse, aunque algunos lo hagan. La Tierra es redonda, pero hay quien defiende el terraplanismo.
Algo así está ocurriendo con el asunto del consumo y la producción cárnica . Se puede respetar a quien piensa de manera contraria, pero eso no obvia que el impacto de la industria cárnica y las macro ganaderías extensivas es innegable. Podría hacerse la producción de otra manera, con medidas muy estrictas, pero entonces no sería un negocio tan lucrativo como resulta hoy.
Aquí nos encontramos lo dicotómico de algunos mensajes políticos. Se muestran preocupados por las consecuencias del cambio climático, pero a la vez consideran sostenibles las macrogranjas, y consideran un error desaconsejar el consumo de carne. Se dicen defensores de la salud pública pero olvidan que el consumo exceso de carne es perjudicial para la salud. No se puede negar, que esas instalaciones dañan al medio rural, que atentan contra la salud, y que dañan el campo en su concepto más amplio porque disminuyen los recursos ambientales. Los documentos de la UE no dejan lugar a dudas de todos esos efectos negativos.
Pero todo es manipulable, y así se está haciendo con este asunto. Y eso que todos califican como necesaria, una regulación europea y nacional, que garantice la sostenibilidad de estás instalaciones y otros proyectos que generan riqueza a unos pocos y perjuicios colectivos. Su defensa es más propia de la ultraderecha que de gobiernos que se llaman progresistas, y eso debe saberlo Page, que es el mismo que impulsó una ley contra el
maltrato animal, y que se ha mostrado defensor de la calidad de los alimentos y del medio ambiente. Hasta los documentos del último Congreso Federal defienden ese planteamiento contrario a esa sobre explotación de recursos ambientales, y la vicepresidenta Ribera, experta en transición ecológica, tiene documentos en la línea contraria a la manifestada por Page.
El consumo de carne y los efectos que su macro producción al generar excesivas cantidades de CO2, es un capítulo imprescindible regular en la lucha contra el cambio climático y el calentamiento global. Y el clima es un conjunto interconexionado, no una suma de compartimentos estanco. El examen nos lo harán de toda la asignatura, no de unos capítulos si, y de otros no, porque todos están entrelazados y forman parte de un todo. Muy bien que estemos contra el cementerio nuclear por su riesgo de daño medioambiental, o a favor de la protección de los acuíferos, pero a la vez no podemos mirar para otro lado en este asunto. En materia de medioambiente, la izquierda española debe repensar sus posiciones porque en ocasiones rozan la ridiculez.
La peor decisión en política de es la que no se toma, y aunque suponga imponer sacrificios y desgaste electoral, hay que estar con la evidencia científica. Hay ocasiones, en las que electoralismo y negacionismo resultan sinónimos y no contrarios. Quizás eso explique que a veces gobiernos de izquierda parezcan de ultraderecha.
Espero que los magos os hayan colmado de regalos. Buena tarde.

ENERO

Hola 2022. Quiero pedirte varias cosas.
La primera que cambies el sistema con el que hasta ahora se alcanza el éxito, para que deje de ser el valor más importante quien es tu familia, y que con el linaje sea suficiente para encontrar una forma de ganarte la vida, porque los contactos y relaciones que pesan más que el sacrificio personal.
La segunda, que la pobreza no sea parte de un círculo vicioso del que es casi imposible salir.
La tercera que el mérito, el esfuerzo y el trabajo, se valoren porque en ellos se encuentra el fin de la desigualdad. En la vida todo hay que currárselo. Pero eso requiere que, mientras se logra ese cambio, el Estado deba compensar las desigualdades de partida, porque si eso no se garantiza, las reglas del juego no pueden ser justas.
Y por último, 2022, voy a pedirte que acaben las muertes por la pandemia, porque respecto a su evolución, estoy convencido que debemos ser optimistas en este año que acabas de empezar. Si al hecho de estar vacunados más del 90% de la población, le sumamos que la variante Omicron está convirtiéndose en una dosis adicional obligatoria , y en una primera dosis para los que no se han querido vacunar, es lógico pensar que,en dos semanas aproximadamente,la actual situación de batir el récord diario de contagios, se quede un mal sueño del pasado.


Si se quiere (de verdad) hacer frente, no solo a la actual pandemia, sino a las que puedan venir en el futuro; o como algunos expertos señalan que vamos a tener que convivir con el COVID-19 como otra epidemia más, y prepararnos para ello, lo importante no es el debate sobre si más restricciones o menos, o si mascarilla dentro o fuera, o si la distancia social debe ser de metro y medio o de dos metros. El debate debe ser ¿cuantos sanitarios más hacen falta en la atención primaria? o ¿qué recursos deben destinarse a un concepto que llevaba años aparcado, como es la salud pública?
Necesitamos un sistema sanitario fuerte y eso precisa de recursos. Primaria y hospitalaria deben ser conceptos complementarios, que es algo más que integrar ambas bajo una misma gerencia.
Pero eso será imposible de alcanzar, mientras prevalezca la visión a corto plazo o electoralista en las administraciones. No puede demorarse sine die, la mejora de la atención primaria, de sus plantillas, pensando a más largo plazo de lo que hoy se hace.
La cuestión es, si hemos aprendido algo de estos años de recortes y pandemia, y si sabemos que sistema sanitario necesitamos y queremos para nuestros hijos. Si no lo hacemos ahora, todo lo sufrido con el COVID, y las deficiencias que ha evidenciado en el actual sistema, no nos habrán enseñado nada.
Buen primer domingo de 2022

Nos está cayendo un torrente de casos positivos en los Centros de Salud. Agotador. Pero hay que ver el lado bueno ¿Cómo estaríamos sin las vacunas? Se decía que Ómicrones las burlaría y lo está haciendo. Pero también es cierto que la severidad y gravedad de la clínica no tiene nada que ver con lo que tuvimos en las primeras olas.
La incidencia sigue disparada alcanzando récord: por encima de 2.400 casos. Son los efectos de las reuniones navideñas. Pero no nos han llegado aún los de los encuentros de Nochevieja y año nuevo. Hasta dos semanas, desde esa fecha, es predecible que el número de contagios siga subiendo hasta la cresta de la ola. A partir del día 15 de enero debería comenzar la caída de casos.
Con las cifras de contagios diarios que estamos viendo, pocos no vacunados quedarán sin infectarse, y pocos vacunados no habrán recibido un contagio de recuerdo a su sistema inmunológico. Si todo eso es cierto, puede que este enero finalice con cifras esperanzadoras, que nos muestren que la llamada inmunidad de rebaño sea posible.
Pero eso no resta importancia a seguir cumpliendo con las medidas de protección que todos conocemos y que siguen siendo imprescindibles para mantener sin saturarse nuestros hospitales. Hablando de rebaño: No confundamos churras con marinas.

DE OCTUBRE A DICIEMBRE

3 octubre

Es fácil hacer populismo cuando la sociedad está empeñada en practicar la desmemoria, el olvido de los que esconden las pelusas bajo la alfombra. Pocos quieren recordar qué fue su partido, el PP, que ahora se llena la boca con la palabra libertad, quien más daño ha hecho a las libertades ciudadanas en este país, y no es necesario irse a los tiempos del señor de Ferrol para comprobarlo. Pocos quieren que se recuerde, que fue su partido, el PP, el que en tiempos de Rajoy quitó de un plumazo casi quince mil plazas de los cuerpos de seguridad del Estado. Quienes hoy encuentran el apoyo a sus reivindicaciones en ese partido, el PP, se han olvidado que la ley Mordaza se hizo sin consenso y de espaldas a la sociedad que esas mismas fuerzas de seguridad están mandadas a defender.
No importa que la delincuencia en nuestro país tenga unos índices tan bajos que ya los quisieran otros países de la Europa del siglo XXI. Tampoco debe importar que estemos a la cabeza entre esos países pero en corrupción política, la de traje y corbata, precisamente con estadísticas encabezadas en número de miembros de ese mismo partido, el PP. La ley mordaza no la hicieron sus hoy defensores, para reprimir la corrupción, sino para reprimir las protestas de los ciudadanos. Pocos quieren recordar, que esa Ley se impulsó por un ministro del interior, que jugaba en su despacho a espiar a sus rivales políticos. Que esa ley, fuera de nuestras fronteras, nadie la entendió como una norma contra la delincuencia, sino como una vuelta atrás en la forma de actuar del franquismo contra quienes osaban alzar la voz. Que Fernández Díaz y Gallardón tenían muy claro para que era la Ley mordaza: contra lo que ellos califican como vandalismo. Mientras, Fernández Díaz, a la vez que practicaba su guerra sucia, aumentaba el gasto en material antidisturbios. Y en la otra parcela, Gallardón siguió adelante con la ley aunque se encontrara enfrente a los profesionales de la justicia.
Si vemos para que se redactó esta norma, y vemos cómo desde ese partido, el PP, se está calentando el ambiente en la calle, donde ahora busca hacer su oposición, se diría que el más interesado en que la Ley mordaza se perpetúe, debería ser el propio gobierno que impulsa su reforma. Pocos dudan hoy (y las encuestas de opinión así lo reflejan), que entre la policía y la Guardia Civil, el pensamiento conservador es mayoritario, que no unánime, y que aunque sus reglamentos internos lo impiden explícitamente, muchos de sus miembros están practicando partidismo con la derecha y una connivencia con los líderes de los partidos conservadores. La guinda al pastel a esa trama, la ponen unos medios de comunicación que transforman la reivindicación de una parte de las fuerzas de seguridad, en algo colectivo y compartido unánimemente por todos sus miembros, cuando no es así.
El líder de ese partido, el PP, no dice a sus seguidores , que son el Consejo de Europa y la propia Comisión Europea, los que han pedido a nuestro país que se reforme la ley por represiva. Pero lo único que le interesa ahora es desestabilizar al gobierno, que así se olvidará la gente de que a la misa de Franco en Granada asistió el líder de ese partido, el PP. Todo vale, como en cualquier democracia bananera. Hasta mentir a sus votantes, hasta hacerse trampas al solitario.



De mi amigo y compañero Dr. Ramón Ortega
Estoy has los
🥚🥚
!
Llevo verificando semanas las noticias Covid de Antena 3.
Todos los mediodías hablan de casos nuevos por CCAA y de tasa de incidencia en España.
Ponen una tabla que dura 4-5 segundos.
Lo acompañan de conexiones con CCAA con aumento de casos, que siempre son Cataluña, Navarra, País Vasco Galicia, Com Valenciana, Castilla León y Andalucía.
Recordar que por población el orden sería And, Cat, Madrid, ComVal y después el resto.
Bien, dónde están los datos de Madrid? NUNCA SALEN, NUNCA.
Las fotos que pongo son una tabla que he hecho con los datos por días de los últimos 10 d. El pantallazo es de ayer día 2dic, con los datos del anterior.
Fijaos que no aparece Madrid que tuvo 1271 el 1dic, 1018 el 30N y 939 el 29N. Madrid no notifica los findes, con lo que caen las cifras esos días, rondando o superando los 1000/día el resto.
Una ocultación INTENCIONADA.
Pero hay otros datos alucinantes. Son los test que se hacen, en datos oficiales del Ministerio.
Cataluña tiene 7,5 millones de habitantes, Madrid 5,9M, Andalucía más de 10M.
Cat hizo la semana anterior 123000 PCRs y 83000 antígenos, por Madrid que hizo 62000 de cada... o sea 82000 menos que Cat y, en proporción, infinitamente menos que País Vasco, Galicia, Navarra o Valencia.
Con esos tests Cat obtiene un 6,1% de +, mientras Madrid, con 82000 menos obtiene un 5,6% de +. Ojo al dato!
Claro, diría Ayuso que Madrid recibe menos apoyo. Los fondos Covid 2020 para Madrid fueron 3490 M de €, 100M menos para Cat y 200M menús para Andalucía con 2 millones más de andaluces que madrileños.
Las mentiras tienen las patas cortas, pero no la voluntad de mentir, reiteradamente todos los días.
Ayer "pequeño Buda" estuvo resultó, me refiero a Page. Dijo que lo de regalar un test por madrileño para las reuniones de Navidad, era como regalar un condón para prevenir el SIDA, solo vale para follar una vez.
Es lo que vemos (A3 noticias mediodía más visto), es lo que votamos, es lo que tenemos, será lo que merecemos.

29 de diciembre

En pocas horas terminará el año del agotamiento de los sanitarios. El año en que los aplausos cayeron en el olvido. Del paso de héroes a villanos. De muy valorados a hablar de nosotros con despreció. Aunque en los centros de salud y en los hospitales, no solo hay edificios y aparatos, sino que sobre todo lo que hay son personas. Gente que lo da todo para cuidar a los demás. Con unas condiciones laborales que han invitado a marcharse fuera a muchos, y en ocasiones hasta maltratados por la administración.
Mi deseo: un 2022 sanitariamente diferente, algo mejor.

OCTUBRE

¿Qué síntomas se han identificado en los pacientes con COVID-19 después de la vacunación?
Hasta el momento sabemos que la mayoría de los pacientes con COVID-19 después de la vacunación suele cursar con enfermedad leve o incluso mantenerse asintomática.
En un estudio realizado en Israel, de 1.497 trabajadores de la salud completamente vacunados, 39 (2,6%) fueron positivos a SARS-CoV-2, de los cuales a 69% se le realizó prueba solamente por haber tenido contacto con alguien positivo.[2] De los 39 pacientes que tuvieron COVID-19 después de la vacunación, 33% se mantuvo asintomático y entre los sintomáticos, 36% reportó congestión nasal, 28% mialgia, 28% pérdida del olfato o disgeusia y 21% fiebre. Ninguno fue hospitalizado.
Este reporte demuestra que los síntomas de COVID-19 después de la vacunación suelen ser leves y probablemente la proporción de adultos asintomáticos es mayor en personas vacunadas frente a no vacunadas


Somos de usar y tirar
Han estado ahí mientras el mundo agonizaba por culpa de la COVID-19. Miles de sanitarios que se dejaban la piel por los ciudadanos, poniendo en riesgo su salud física y mental para superar un trance sin precedentes en nuestro mundo. Algunos han trabajado desde el primer minuto hasta el último, encadenando contratos temporales que, en miles de casos, ya han acabado. Desde noviembre, la Junta de Andalucía deja en la calle a 8.000 de esos profesionales del Servicio Andaluz de Salud (SAS) que han sido refuerzos y que han permitido que la plantilla total recuperase niveles de ocupación previos a la crisis económica de 2008.
¿Y en las demás CCAA?


La Atención Primaria continúa en el agujero. La base del sistema sanitario no levanta cabeza, tampoco ahora que los contagiados de coronavirus que durante un año y medio han copado los centros de salud han aflojado. El consenso sanitario es total: la situación es "crítica". 51 organizaciones sindicales, sociedades científicas y asociaciones en defensa de la sanidad pública de España se han aliado en un movimiento único. Todas han firmado un manifiesto que pretende ser el inicio de una movilización para urgir a las autoridades a que actúen ya contra una precariedad que, avisan, puede poner en "riesgo" a la población.
Y todo esto mientras España vuelve al riesgo medio de contagio de coronavirus tras alcanzar los 51 casos de incidencia hoy.


¿Qué tendrá que suceder para que los dirigentes de los partidos entiendan la diferencia entre unanimidad y uniformidad?
Ni la pandemia lo ha conseguido


La inmunidad por vacunas es cinco veces mayor a la que produce la infección
Las personas no vacunadas que tenían una infección reciente aumentan cinco veces la probabilidad de volver a infectarse con el virus SARS-CoV-2, en comparación con las completamente vacunadas sin antecedentes de infección previa, según un nuevo estudio de Centers for Diseases Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, publicado el viernes 29 de octubre en el Morbidity and Mortality Weekly Report, que analizó más de 200.000 hospitalizaciones en 187 hospitales de Estados Unidos.
El estudio es "muy importante, porque demuestra que la mejor manera de protegerse es aplicarse la vacuna. Es crucial que los ministerios de salud en los países desarrollen estrategias de comunicación para combatir la desinformación", consideró el Dr. Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS.


Podéis acusarme de pesimismo. No me gustaría ser pesimista, pero más sabe el demonio por viejo que por diablo. No me fio un pelo, de que la evolución de la pandemia en nuestro país vaya a ser un camino de rosas por mucho que se haya alcanzado el 90% de vacunación de la población diana (mayores de 12 años). Estamos mucho mejor que otros países, pero eso no significa que el problema está superado, ni mucho menos.
La causa de mi escepticismo es simple: aunque hayan pasado casi dos años, seguimos sin conocer en profundidad cómo actúa este virus y cómo se comportan todas y cada una de sus variantes. Eso me sitúa en el terreno de las incertidumbres. Nuestra vacunación ha funcionado, pero no por ello se puede asegurar que hayamos alcanzado la inmunidad de rebaño.
De nuevo vemos positivos en las consultas. No con la asiduidad que antes, ni mucho menos. Pero vemos positivos, lo que hace el rastreo de esos casos, incluso más importante que antes, y no estoy convencido de que el rastreo se haga con la rigidez que requiere en todas las CCAA ni en todos los países, y eso nos convierte en vacunados pero vulnerables. Hay CCAA con vacunas caducadas y países donde no disponen de dosis para la primera dosis de un 10% de su población, y eso también es nuestro problema.
Comunicar a los posibles contactos de un positivo el riesgo de haberse contagiado, indicarles que se deben confinar voluntariamente les suena a manía de su médico, pero es de vital importancia que lo hagan para evitar la transmisión comunitaria. Ver como los aforos en lugares cerrados empiezan a utilizarse con laxitud y sin el uso de mascarilla por algunos, no presagiar nada bueno, y eso empieza a ser evidente en muchos lugares. La mascarilla en lugares cerrados es una medida que debe ser cumplida a rajatabla
No afirmo con lo anterior, que se vaya a repetir la situación de las primeras olas, pero sí afirmo que si aumentan los contagios, aumentarán los ingresos hospitalarios sobre todo por el grupo de no vacunados que es mayor de cuatro millones de individuos. Si nos relajamos y nos confiamos, nos equivocamos. Basta mirar a Europa para entender que es mejor restringir que tener que cerrar, y hay quien se quejó de que le cerrasen su local, pero no se queja de quienes incumplen las restricciones hoy en su local.
Llevamos una semana de ascenso en los contagios, lento pero progresivo. Y se acerca el invierno, que no creo que ayude a frenar ese ascenso.

¿Huelga general? ¿y si el maximalismo reactiva a la derecha?

La política de izquierdas vive atrapada en una paradoja recurrente: confundir la pureza del instrumento con la eficacia del resultado. Ante ...