Ayer tarde asistí a la
conferencia que pronunció en Albacete, Juan Carlos Monedero, profesor titular
de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de
Madrid. Además de su labor universitaria y de un amplio currículo profesional,
en los últimos días su nombre ha saltado a los medios de comunicación como
impulsor, junto al también profesor universitario y tertuliano Pablo Iglesias,
de la iniciativa PODEMOS con el objetivo de aglutinar a la izquierda
española, de cara a los comicios europeos
de dentro de unos meses.

Aunque desde PODEMOS se manifiesta esa voluntad aglutinadora, su aparición en el panorama político, viene a poner sobre el escenario una opción más ante los electores. Con esta formación, son ya varias (más de cuatro) las candidaturas de izquierda que se perfilan para las elecciones europeas, con lo que puede que en lugar de aglutinar, acabe agravando aún más el eterno problema de la izquierda, especialmente de la española: su fragmentación.
Con una oratoria amena,
expuso un diagnóstico a mi juicio acertado de cómo hemos llegado hasta aquí,
reconociendo el aspecto sistémico e integral de la crisis que sufrimos, y la
incapacidad de la izquierda para (tras hacer un buen diagnóstico) ser incapaz
de aplicar una respuesta acertada a los problemas. Así mismo la actitud de
pesimismo esperanzado ante la situación política que expuso, creo que es
compartida por muchos ciudadanos.
La unidad
de la izquierda, sigue siendo el gran reto a cuya resolución se deberían
dedicar todas las fuerzas posibles.
Y en teoría, no debería ser difícil de alcanzar, puesto que son más los
principios que nos unen que los que nos separan, aunque no es menos cierto que
son más los personalismos que nos separan, que los que nos unen. La respuesta está en el dialogo, y la cuestión a
plantear es si hay voluntad de dialogar o no la hay. Si el dialogo se produce, lo
que sería deseable, deberían ponerse sobre la mesa propuestas concretas que todas las partes considerasen
viables a corto plazo. No puede plantearse un dialogo sobre metas a medio y largo
plazo, ni perdernos en teorizar,
porque eso no permitiría ni tan siquiera iniciar el camino del dialogo.
Pero la gran dificultad
está en que al discurso de cada parte, siempre se añade el reproche hiriente a
las otras, y lo que ha
sido un reproche frecuente de Izquierda Unida hacia el PSOE, en la conferencia
a la que hago referencia se convirtió en un reproche de PODEMOS no solo hacia el
PSOE, sino también hacia Izquierda Unida.
Y si esa percepción personal que tuve, es real en una de las cabezas visibles
de PODEMOS, el encuentro y el objetivo de la recién aparecida iniciativa me
parece difícil de conseguir. En el fondo el conferenciante, acabó cayendo en el
error que criticaba.

Cuando se busca la unidad para alcanzar cualquier objetivo a través del dialogo, ese dialogo nunca puede plantearse con matices, sino que debe ser abierto y claro. Todos podemos encontrar reproches hacia el otro o los otros, pero la unidad que en alto proclamamos desear, no puede buscarse desde la exclusión de nadie. Al PSOE pueden reprocharse ciertas actuaciones de sus dirigentes, como al resto de fuerzas de la izquierda, pero la unidad de la izquierda, no es una unidad de dirigentes, sino la unidad de las bases, de los ciudadanos de izquierda. La unidad alcanzada desde las direcciones, solo representará la continuidad del actual sistema, y suscitará el rechazo de los ciudadanos.
Si se
quiere trabajar por esa unidad, debería desaparecer de quienes la promueven, la
consigna PSOE y PP son la misma cosa, no solo por hiriente, sino por falsa. Dos años de PP deberían ser
suficientes para demostrar que tal afirmación es disparatada a todas luces,
aunque la modificación constitucional contase con el beneplácito de ambos
partidos. Comparto con PODEMOS que es el momento de nuestra historia en el que
estamos obligados a unirnos, o como mínimo, a intentar unirnos, pero si
realmente quieren lograrlo deben empezar por desterrar las exclusiones de su
discurso. Nos jugamos
mucho, y como dice la frase, “sino vamos juntos nos ahorcaran por separado”.
La calle
espera una oferta única de la izquierda que le devuelva la esperanza de que
cambiar el rumbo es posible.
Si no se consigue esa unidad, el discurso que va a seguir transmitiéndose a la sociedad es el mismo que lleva
años haciendo fuerte a la derecha: que cada cual se las apañe como pueda. Es el discurso
neoliberal del individualismo frente al de la cooperación de los
progresistas.





