lunes, 28 de octubre de 2013

Mis víctimas, siempre llevan razón.


El PP vive en muchas dicotomías. A la de sueldos en A y sueldos en B, ahora hay que añadir las “víctimas” y “todas las víctimas”, que al parecer no son lo mismo.



Desde su llegada al gobierno, el PP siempre se ha llenado la boca con su “no comentamos las resoluciones judiciales”, tratando de dar una imagen de respeto entre los poderes ejecutivo y judicial. Ahora, de la noche a la mañana, se lanzan a la calle contra una sentencia cuyo pecado es poner el respeto a los Derechos Humanos por encima de las componendas políticas de cada momento. Por la actitud adoptada, parece que no lo consideran un Tribunal de Justicia, sino una sucursal del socialismo europeo, aunque más bien parece deberse a que para el PP, el respeto a estos derechos no está en su ADN, y como fieles herederos del franquismo más rancio, el respeto a los derechos humanos no forma parte de su doctrina política.
 
Se podría decir que donde las dan las toman, pero lo que es innegable es que cualquiera que vea su comportamiento de ahora y el que tuvo cuando era oposición, solo puede concluir que son capaces de apropiarse del dolor de las victimas por un puñado de votos. Ni con anti eméticos se solventa el poder vomitivo de su comportamiento.
 
A la cabeza de esa maniobra indecente y nauseabunda de manipulación de la opinión pública, no pueden colocar a nadie mejor que a la señora Cospedal, su experta en cañerías y desagües. No le han dolido prendas para comenzar otorgando la razón, sin ningún argumento o razonamiento, a las víctimas, con su "las víctimas siempre tienen razón”, cuando como en todo en la vida, unas veces tenemos razón y otras no, y las victimas, antes que victimas son seres humanos con legitimo derecho a equivocarse.
 
Como dato curioso, en esta manifestación no importa la mayoría silenciosa que se quedo en su casa y no acudió  a la misma, sino que además, quienes increparon a los dirigentes del PP, para Cospedal “no eran la mayoría", "demuestran mucha ignorancia” y “comenten una profunda injusticia". Y es que para esta señora, poseedora de la verdad absoluta y de memoria frágil (ha olvidado los abucheos y gritos de Zapatero asesino y traidor), las víctimas sólo pueden abuchear al Gobierno cuando en éste está el PSOE. Si no es en esa situación, o no son víctimas o están equivocadas.
 
Pero además esta señora cae en una contradicción patente, puesto que si concluye que las victimas siempre tienen razón, entonces no se entiende porque para el PP, las victimas del 11 M, que no comulgan con ellos, no la tienen también siempre. Y qué decir si nos referimos a las ciento veinte mil víctimas del régimen franquista (del que el PP se ha nutrido de su doctrina y hasta de su fundador Fraga), que continúan enterradas en las cunetas.
 
La triste realidad, es que el PP también en esto nos miente. Aunque se llene la boca con “todas las víctimas”, para ellos solo son tales aquellas que ha considerado "sus víctimas" y mientras ha menospreciado y vilipendiado, al resto. Con esa afirmación en realidad quieren decir que "las víctimas que nos dan votos, siempre tienen razón y las que no nos dan votos, no la tienen nunca”, aunque sean víctimas de las mayores atrocidades. Debe haber cometido un pequeño lapsus lingue, eso sí, intencionado.
 
Puestos a hablar de victimas, y ya que se muestran tan preocupados por ellas, más les  valdría tener en cuenta a las innumerables victimas que están produciendo con su acción de gobierno: desahuciados, parados, desprotegidos sociales etc. Como muestra de la hipocresía de su discurso, en las manifestaciones de estas “sus víctimas directas”, no se les ha visto. Y mucho peor para ser nuestros gobernantes: por parte de los ciudadanos de a pie, no se les espera.

sábado, 12 de octubre de 2013

Al menos, que lo devuelvan


Cuánta razón (sin que sirva de precedente) tenía Rajoy al decir que "algunas cosillas" de los papeles de Bárcenas eran ciertas. Un ejemplo de esas verdades es la existencia de una comisión de 200.000 euros por una contrata entregada por una empresa para la campaña electoral de 2007 en Castilla La Mancha.

Cospedal dice que ese dinero es una aportación del PP a la campaña electoral de Castilla la Mancha, y lógicamente la pregunta es ¿Cómo no aparece ese apunte en la contabilidad oficial del PP? Ahora deberán explicárselo al juez que acaba de imputa a los responsables populares de esa operación y al presidente de la empresa donante. Por mucho perfume caro que se ponga la dirigente del PP castellano manchego, es difícil no apreciar que algo huele a podrido.

Pero está claro que pase lo que pase, el PP y su secretaria general, seguirán negando las evidencias, y sobre todo esperarán a que pase el tiempo, y así lograr que prescriban los posibles delitos. Y mientras, de forma increíble, el juez no acelera los trámites, y la calle se calla. Aunque hay que reconocer que eso cada vez sorprende menos en un país que parece haber olvidado que cada pueblo acaba teniendo solo lo que se merece.

La técnica del PP es doble. No solo haciendo desaparecer las noticias de su corrupción de los medios de comunicación, sino también con su tradicional ventilador con los ERE, que aunque es innegable que ese es también un escándalo injustificable en una democracia, eso no hace que el caso Bárcenas, o ahora este nuevo caso Cospedal, pasen a ser cosas menores. Puede que hasta prescriban, pero no por ello dejaran de ser delitos.

Hace unos días aparecía la noticia de unos ingresos escandalosos y de difícil justificación sin que hubiese alguna mano influyente para que pudiera acceder a ellos, respecto al marido de Cospedal. Por eso mucha gente se pregunta qué es lo que hace falta para que ella o su marido aparezcan como imputados, por eso o por ocultación o destrucción de pruebas, o por mentir, o cualquier otra de las muchas irregularidades que rodean su gestión en el PP o los negocios maritales. Si eso le fuese achacable a cualquier españolito, hace tiempo que andaría con sus huesos en la cárcel.

Lo peor para la democracia es que la mayoría de ciudadanos empezamos a estar convencidos de que se irán de rositas la mayoría de corruptos de este país. Ahora que tanta gente lo está pasando muy mal, es un insulto ver como sonríe gente sin decoro, y cuyo único dios es el dinero, por muchas misas y comuniones que realicen. Son los discípulos aventajados de aquella doctrina fraguista resumida en “la calle es mía”, y que están convencidos de que las instituciones en las que los hemos colocado son sus cortijos particulares.

No sé el final de esta película, si acabaran imputados, en la cárcel, o fugados a países sin convenio de extradición. Pero lo que más hiere es ver que se lo lleven mientras tres millones de hogares españoles están bajo el umbral de la pobreza. Que paguen los culpables, sean del partido que sean y no se busquen justificaciones a lo propio con los problemas de los demás.

Si no se hace esto, nuestra democracia estará herida de muerte. Al menos sería importante conseguir una cosa: QUE LO DEVUELVAN.

domingo, 6 de octubre de 2013

Caer en la intención de voto parece no importar en la cúpula


Después de un tiempo dedicado a la lectura del documento Ponencia Marco de la Conferencia Política, y a la elaboración de enmiendas a ese documento, ayer sábado pretendía retomar la tarea de entradas al blog, pero dos razones han hecho que retrase hasta hoy hacerlo.

Por la mañana se celebró el Comité Regional del PSOE de CLM, en el que se designaron los asistentes a la Conferencia en nombre de esta federación. No hubo sorpresas y los designados fueron al cien por cien los esperados. No importaba si habían elaborado mayor o menor número de enmiendas o de aportaciones al documento. El mérito exigido es el del cargo que ocupan y su posicionamiento no reivindicativo dentro de la organización, no su implicación en la elaboración de propuestas. Después de haber trabajado la ponencia marco resulta frustrante no poder defender las aportaciones que uno hace, pero conociendo las tripas de esta organización, puede molestar pero no sorprender.

Por la noche conocimos la encuesta de El País, en la que nos decían que el PP había recuperado cuatro puntos y el PSOE perdía uno en la intención de voto de los ciudadanos. Esto si puede calificarse de sorprendente si se sopesan los recortes, las mentiras, la corrupción, la forma dictatorial de gobernar, o el resurgir de la extrema derecha bajo la actitud tolerante del PP. Pero no puede sorprender si los ciudadanos tienen la sensación de que, tanto si gobierna PP como si lo hace PSOE, la situación para ellos sería la misma.

Podemos realizar las propuestas más acertadas en nuestros programas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, pero si no somos capaces de quitarnos del lastre de haber actuado desde el gobierno con políticas neoliberales más propias de la derecha que de un partido que se llama socialista, difícilmente esa ciudadanía a la que pretendemos servir, puede sentirnos próximos. Y lograrlo cada día se vuelve más difícil si quienes trasladan esas propuestas innovadoras son las mismas caras que aplicaron las políticas conservadoras, no hace tanto tiempo. 

Empiezo a tener dudas sobre si en la dirección socialista se quieren ganar las próximas elecciones. No lo parece, porque si no es así, no tiene sentido el enrocamiento en el que se ha situado la dirección de mi partido. El tiempo será quien quite o de razones.

El poeta Antonio Machado escribió “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar” y parece que algunos están empeñados en aplicarle ese verso a los demás, pero lo de aplicárselo a sí mismo, ni se les pasa por la cabeza. Mejor harían escuchando a la calle, que repite incesante que o cambiamos o el riego de desaparición aumenta cada día que pasa.

Puede que con su actitud hagan que una Conferencia Política (que supone una oportunidad de regeneración democrática en el más amplio significado), junto al desgaste de un mal gobierno (que gobierna contra el pueblo no para el pueblo), acaben siendo una oportunidad perdida para el socialismo español, que no nos podemos permitir.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Un gobierno miserable


Desde primeros de octubre los enfermos de cáncer y de otras patologías graves pagarán el 10% del precio de los medicamentos. No lo han anunciado en plan globo sonda como en otras ocasiones, sino directamente en el BOE, eso sí, de tapadillo. Prácticamente todos los sectores relacionados con la salud han rechazado la medida, incluso alguna Comunidad Autónoma del PP.

Posiblemente, de todas las líneas traspasadas por el PP en su afán por cambiar el modelo social de nuestro país, esta es la que demuestra más claramente lo miserables que pueden llegar a ser, estableciendo el copago a los tratamientos que reciben los ciudadanos afectados por estas patologías. Parece poco discutible ya que con la justificación de la crisis se dedican a establecer medidas que solo empeoran las condiciones de vida de quienes menos recursos poseen o de quienes más necesitan el apoyo de lo público para mejorar esas condiciones de vida.

Lo mas extraño es que los afectados nos limitemos a protestar solo en voz baja, y no se vean las calles llenas de gente gritando que hasta aquí hemos llegado, y no pensamos tolerar tamaño atropello. Pero si manifiestas esto, siempre hay quien pone frente a cualquier propuesta de manifestarse en contra del gobierno el mensaje de siempre: es la decisión de un gobierno con mayoría absoluta. Y eso es innegable.

Pero siempre se puede responder que no tiene mayoría absoluta por la política que hace, sino por la que prometió que haría. Y en concreto, la ministra de sanidad encontró uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, gratuito y universal. Hoy ese sistema ha dejado de ser universal, porque son miles de pacientes los excluidos del sistema desde su decreto del 2012, y lo de gratuito también es otro calificativo que ya no puede aplicársele.

Mientras tanto, este mismo gobierno hace unos días, condonaba la deuda que tenían con el Estado, las entidades bancarias rescatadas. Para ellas si dispone el Estado de recursos, para estos enfermos no. Solo podemos pensar que quien nos gobierna no lleva la iniciativa, sino que está decidido a cumplir al pie de la letra las premisas del liberalismo: déficit publico cero, desfiscalización de las rentas del capital, menor gasto público en servicios sociales, privatización de los servicios públicos, deslocalización del capital, y recortes en derechos laborales y sociales.                                   

Como dice el chiste, está claro que en un país donde el mayor banquero se llama “Botín” y la ministra de sanidad “Mato”, las esperanzas de que las cosas se hagan bien son escasas. Nulas. Pero la mayoría absoluta debe darles derecho a todos los abusos a que nos someten.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Contra la corrupción, mas democracia.


Este verano han sido muchas las cortinas de humo utilizadas por el PP para tratar de ocultar la imagen de un partido sumido en la corrupción       (Gurtel o su derivación en el caso Bárcenas). Para eso todo vale, desde  reflotar el problema de Gibraltar, la posible guerra de Siria, o dar por hecho obtener los Juegos Olímpicos. Todo les ha sido útil en ese empeño. Pero fundamentalmente han utilizado el mensaje de fondo más  nocivo para la democracia: la corrupción es generalizada y es equiparable en todos los partidos, y afecta a todos los políticos.

Con esa “táctica ventilador” el PP busca su autoprotección, pero no es menos cierto que desde los demás partidos se le ha facilitado que su mensaje pueda calar en la ciudadanía.  Son hoy tantos los casos individuales y los partidos afectados, que ante los ciudadanos la imagen de la política ha quedado seriamente dañada, y la desconfianza en el funcionamiento de las instituciones es hoy un hecho indiscutible.

Por eso, quienes creemos que la mejor forma de gobierno es la democracia, estamos en la obligación de fortalecer los mecanismos legales para combatir la corrupción política. Y no valen simulacros como los instrumentos de la llamada Ley de Transparencia que ahora a toro pasado pretende imponer el partido popular, sino que urge plantear una serie de medidas que puedan devolver la confianza perdida por los ciudadanos en el sistema.

Esto es exigible a todos los demócratas, pero sobre todo somos los socialistas quienes debemos demostrar que no somos iguales al PP, poniendo sobre la mesa una serie de propuestas capaces de llevar al ciudadano al convencimiento de que realmente estamos no solo contra los casos del PP, sino contra cualquier tipo de corrupción incluidos los ERE andaluces.

Solo lo lograremos si somos capaces de liderar esa lucha, y si el nuevo proyecto socialista va a surgir de la próxima Conferencia Política a celebrar en noviembre, este es un asunto que debe quedar meridianamente claro, para que nuestro posicionamiento se visualice de manera contundente.

Podrían ser muchas las propuestas realizadas desde el socialismo en esta lucha, pero si la corrupción es una transgresión de la conducta que los electores esperan de sus elegidos, o del papel que esperan desempeñen las instituciones públicas, parece obvio que se elabore un código de conducta como primera medida a adoptar.

Debe ser aplicable en todo el territorio del Estado, y a todos los representantes de los ciudadanos, y definir claramente las funciones y competencias de cualquier cargo público para que su ejercicio sea al servicio de la sociedad. Y una vez elaborado ese código de conducta, se necesita una figura encargada de garantizar su cumplimiento, y esa figura debe ser electa por todos los ciudadanos y no depender  su nombramiento del gobierno de turno.

Esto puede complementarse a nivel interno de los partidos regulando  estatutariamente los órganos o figuras encargadas de este menester internamente. En el partido socialista hay una serie de premisas que a nivel interno deberían ser evaluadas para aplicarse: ¿debe dimitir un imputado del cargo que ejerce? ¿Debe cesar en su militancia? ¿Debe facilitarse defensa jurídica la institución o el partido? No es cuestión de expresar uno u otros posicionamientos personales, es la oportunidad de adoptar en la Conferencia Política un posicionamiento como organización, y hacerlo democráticamente.

Lo que parece no discutible, ante la posibilidad de que los corruptos se vayan de rositas si ha transcurrido un tiempo, es la opinión de la gran mayoría de ciudadanos de que es necesario legislar que estos delitos no prescriban en tan corto plazo como lo hacen ahora, y endurecer las penas por delitos de corrupción, tanto para el que instiga a la corrupción como al que se corrompe, y debería reformarse el Código Penal para posibilitarlo.

Las dudas sobre financiación de los partidos, muestran que deben ponerse en marcha nuevos mecanismos para fiscalizar sus cuentas porque el Tribunal de Cuentas se ha mostrado inoperativo para ello. No es solo ineficaz por falta de medios, que también, sino porque en su composición carece de representación ciudadana, y sus miembros están designados por aquellos a los que deben fiscalizar. En esa composición debería primar la independencia, la capacidad, los méritos técnicos y la especialización. Nadie entiende que la sociedad no tenga capacidad de control y mayor participación en un órgano de control.

Continuando con los órganos anticorrupción, parece lógico también aplicar este requisito al Fiscal General del Estado y al Fiscal Anticorrupción, y que a ambos se les eligiera por sufragio universal secreto, libre y directo de la ciudadanía, y no como se hace actualmente. Con ello se respaldaría su representatividad en nombre de los ciudadanos, mientras que la actual designación (sin poner en duda su capacidad y merito profesionales), no deja de ser una fórmula que en si misma les hace cuestionables. 

Y para completar la independencia del sistema, también la figura del Defensor del Pueblo debe ser reforzada en sus competencias y su designación también realizarse mediante sufragio universal, en voto libre y secreto, como los anteriores. Con estas modificaciones se facilitaría que la sociedad pueda, porque debe, saber en todo momento qué hacen o plantean sus representantes, y para ello la transparencia debe ser un principio exigido y practicado por cualquier cargo e institución pública, porque el poder debe ser transparente y compartido, y nunca poder ser utilizado en beneficio personal.

Para los socialistas, la Conferencia Política es una oportunidad para que los socialistas hagamos estas propuestas, y a la vez reivindiquemos la eliminación de aspectos que por los ciudadanos se consideran privilegios ligados al cargo institucional. No es llamarse socialistas, sino vivir como socialistas

Si tanto preocupa a la clase política la llamada desafección de los ciudadanos, parece necesario reafirmar que la política y los políticos solo recuperaran el crédito perdido con hechos y actuaciones. Hoy más que nunca es válido el aforismo de que las palabras se las lleva el viento. Ejemplos de que esta afirmación forma parte de cómo debemos entender el socialismo, hay muchos en nuestra historia como partido, y si alguien los desconoce puede leer a Pablo Iglesias.

lunes, 16 de septiembre de 2013

La Conferencia Politica del PSOE no puede quedar en papel mojado

Salvo que nos obstinemos en permanecer con los ojos cerrado y de espaldas a la sociedad, los socialistas debemos ser conscientes de que nuestro caudal político ha sufrido una erosión peligrosa, que fruto de la desmoralización ha disminuido el número de militantes, y que necesitamos recuperar la credibilidad y la confianza perdidas ante la sociedad. O conseguimos que los ciudadanos nos vean más cercanos porque el partido da un giro hacia la sociedad, o difícilmente recuperaremos esa confianza.
 
Nos encontramos en un tiempo de inflexión que decidirá el futuro social de nuestro país, y con él, el de nuestra organización. La regeneración democrática, la recuperación del debate político, o potenciar la cultura de la participación en las decisiones internas, son propuestas que enriquecerán nuestro acervo socialista.
 
Cada vez es más notorio en las redes sociales, que los ciudadanos entienden los partidos como punto de encuentro para la convivencia democrática, y no solo como maquinarias electorales. Hay que apostar por una democracia de calidad, porque los ciudadanos rechazan más la apariencia de democracia que su falta.
 
A lo largo de nuestra historia hemos combatido: las desigualdades de clase; las desigualdades de género; y la situación que viven nuestros jóvenes hace que ahora nos toque combatir las desigualdades que se producen entre generaciones, y ese es un reto inaplazable con uno de cada dos jóvenes españoles en situación de desempleo. El futuro del socialismo está en la juventud, y eso debe ser una creencia, no una frase bonita.
 
Todos los y las socialistas debemos aportar nuestro impulso a ese cambio necesario, y debemos hacer que todas estas ideas se vean plasmadas en las resoluciones de la Conferencia Política de noviembre. Es el tiempo de las propuestas para mejorar la democracia interna y la participación; es el momento de “repensar” nuestro partido buscando fórmulas que nos conecten con la ciudadanía.
Los debates en la Conferencia no pueden eludir aspectos como intentar aglutinar y liderar a toda la izquierda Ideológica, el impulso de la participación, la demanda de listas abiertas, de limitación de mandatos, de incompatibilidad, de financiación de partidos, la consulta a la militancia, mejorar la transparencia, etc.
 
La Conferencia marca la hora de una profunda renovación. Debemos ser los militantes quienes decidamos el rumbo a adoptar, quienes definamos una nueva organización adaptada a las exigencias del siglo XXI. Nada puede unirnos más, que el deseo de sentirnos socialistas cada día, de trabajar por alcanzar una democracia interna efectiva en la que cada militante con su participación construya los designios de un partido del siglo XXI, y así seguir luchando por el progreso, la igualdad y los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas.
 
A dos meses vista, nadie puede ignorar la importancia de la Conferencia de noviembre, ni siquiera los que tenemos nuestras dudas sobre sus resultados. Si hay algo que todos y todas compartimos es que sus resoluciones no pueden quedar en papel mojado, y el resultado debe ser un PSOE renovado completamente. Si quienes organizan la Conferencia y quienes participen en ella, no son conscientes de eso, que no duden que este partido se renovará a sí mismo, lo quiera o no su dirección.

domingo, 25 de agosto de 2013

Vivimos una democracia simulada


En muchas ocasiones, del análisis de cómo funciona nuestro estado, no es difícil concluir que nuestra democracia no es tal. Son muchos los aspectos que la asimilan más a un régimen impuesto, que a la expresión del deseo o designios ciudadanos. Si queremos que se produzcan cambios que la mejoren, no cabe duda de que la responsabilidad de hacerlo va a recaer sobre la izquierda, puesto que a la derecha política ya le va bien con la actual estructura de nuestra democracia.

Los socialistas, desde el inicio de la transición española, hemos defendido la necesidad de más democracia y mayor participación ciudadana, y por ello debemos ser los impulsores de la revisión de esas viejas estructuras desde las que se ejerce el poder político. Hacerlo implica la puesta en valor de los principios que siempre hemos defendido: igualdad, decisión popular mediante la participación de los ciudadanos en las grandes decisiones, transparencia en la gestión y acceso ciudadano a la información.

Es posible fomentar la participación en democracia a través de las nuevas tecnologías y las redes sociales, pero desde la izquierda debemos ser conscientes de que ello implica nuevas fórmulas diferentes a las de los partidos políticos o a los movimientos sindicales, de lo contrario va a ser difícil recuperar la con fianza en las formas de acción política.

De todas las cosas que merecen la pena cuestionarse sobre el actual modelo de estructura del estado español, la más llamativa es sin duda, por su importancia y relevancia en esa estructura, y porque su elección no es democrática, es  la Jefatura del Estado, y ese debate debería abrirse sin ningún tipo de miedos ni recelos. Si se quiere plantear un Estado moderno, la figura del Jefe del Estado no puede quedar al margen de esos cambios y de la elección democrática.

Ya sé que muchos pensaran que hay otras cosas más urgentes de abordar que esta cuestión, pero si se quiere plantear una modificación del actual modelo, este asunto no puede quedar para el final, y menos para los socialistas, que siempre nos hemos proclamado republicanos, y que aceptamos la monarquía como una solución al momento que vivía nuestro país a la muerte del dictador. De no hacerlo, pronunciamientos de democracia, igualdad y libertad de pensamiento, quedan reducidos a eso, meras manifestaciones sin contenido real.

No es un planteamiento para mañana, pero mientras esa cuestión se resuelve, la actual Jefatura ejercida desde la Casa Real, debería estar regulada mediante unas normas que  apruebe el Parlamento, y que contemplen sus funciones, su organización, sus presupuestos de ingresos y gastos, etc. En los últimos años estamos asistiendo a un deterioro de la imagen del a Jefatura del Estado, que ningún país democrático permitiría a su presidencia estatal, porque perjudican la imagen exterior de nuestro país. El gobierno actual, empeñado en la promoción de la Marca España, parece ignorar que la Jefatura del Estado es uno de los elementos más importantes de esa Marca.

Si nuestro Estado es una democracia, deberíamos sin temor, plantear un referéndum en el que los ciudadanos pudieran opinar sobre su deseo de continuar como monarquía o como república. La derecha se opone frontalmente a este planteamiento, pero los socialistas si somos tales, debemos plantear las actuaciones que puedan propiciar  la implantación de la República como forma de Estado.

Este planteamiento que hago a la Jefatura del Estado, debe ser aplicable a todas las estructuras estatales que no cumplan los criterios de elección directa por la ciudadanía. Cuando se cuestionan estructuras como el Senado, las Diputaciones y otras, la consulta a los ciudadanos solventa las dudas del legislador, y es a los ciudadanos a quienes nos corresponde expresar nuestra voluntad.

En un democracia, el poder debe ser ejercido desde órganos democráticos elegidos por los ciudadanos, o estaremos en una democracia que no es tal.

 

¿Huelga general? ¿y si el maximalismo reactiva a la derecha?

La política de izquierdas vive atrapada en una paradoja recurrente: confundir la pureza del instrumento con la eficacia del resultado. Ante ...