sábado, 12 de diciembre de 2015

COMO CUANDO EL 11 M

12 diciembre.- En campaña

No debería sorprendernos ya nada del lamentable personaje que hemos tenido cuatro años como presidente de gobierno. Pero cada día consigue hacerlo, ayer con su posicionamiento ante el atentado en Kabul contra nuestra embajada. De nuevo no han aprendido de su pasado reciente, y una vez más han intentado sacarle rédito electoral a un hecho tan lamentable como la muerte de dos españoles. Se le ha debido olvidar como su partido enmierdó el 11 M, porque hoy solo le ha faltado culpar a ETA del atentado de Afganistán para retornarnos literalmente al pasado.

En cuatro años nos han demostrado que para ellos mentir es una costumbre, pero mucho más lo es en campaña. No les importa manipular cualquier noticia si con ello al final logran contarla de la manera que creen que les da más votos. Casi han logrado que nos acostumbremos a sus versiones manipuladas, y no hace mucho lo hicieron de nuevo con el asunto del helicóptero desaparecido en Canarias. Mentir les resulta algo tan cotidiano, que lo hacen hasta cuando no es necesario.

La pregunta que nos devuelve a la cruda realidad el país que tenemos, es ¿cómo puede resultar tolerable a un 28 % de españoles esta forma de actuar, para que continúen manifestando su apoyo a ese partido? Pueden creerse algunas mentiras, pero no son solo sus mentiras porque a esa forma de entender la política, se la añade la corrupción crónica en el PP (que ayer mismo volvía a salpicarles por enésima vez con el diputado por Segovia y  el embajador en India), o con una realidad no sólo estadística sino palpable, como es ver a miles de familias en la pobreza extrema. Parece no importarles a sus votantes, y hasta se puede llegar a pensar, que tampoco les importa si algunos mueren o son desahuciados, mientras no hagan mucho ruido.

Pero la historia es tan tozuda que cuando no lo esperamos nos devuelve a la cruda realidad. Este gobierno había conseguido que el problema de Afganistán desapareciese de las portadas de los medios, como si no existiese esa guerra y no estuviésemos allí, pero por desgracia el atentado de ayer vuelve a traernos a primera plana la realidad de ese machacado país. Pero Rajoy está tranquilo porque sabe que en cuanto sean enterrados los dos policías asesinados, se olvidará el asunto y aún ni estaremos en la jornada de reflexión, con lo que nadie cuestionara si nuestra política exterior es acertada o sencillamente resulta banal o tiene la importancia de una castaña pilonga.

Todos los vientos soplan a su favor, y Mariano seguirá tranquilo. Está convencido de que mientras a la mayoría de este país nos preocupen más los problemas de los famosos con sus representantes, o el resultado de nuestro equipo de fútbol este domingo, él seguirá contando con el voto de muchos que no quieren ver más allá. Hay gente dispuesta a seguir votando a mentirosos, mafiosos o corruptos sin cuestionarse si eso les afecta a su día a día. Son los mismos que ni siquiera con cuatro años más de recortes en sanidad, en educación, a los jubilados, e en las ayudas a los parados, serán motivos suficientes para que se retiren la venda de los ojos.


Es muy triste que para mucha gente esa venda no se la hayan puesto ellos mismos, sino que sea intraocular.

viernes, 11 de diciembre de 2015

UNA NUEVA GENIALIDAD DE MARIANO

11 diciembre.- En campaña electoral


UNA NUEVA GENIALIDAD DE MARIANO

A Rajoy le han pedido desde el PP, que se aplique sus propios consejos, y han debido  susurrarle al oído ese consejo de ¡Mariano, se fuerte! Solo así se explica que a nueve días de las votaciones, haya extraído de su chistera una nueva de entre sus múltiples genialidades. Y no debe resultarle fácil, después de confirmarnos que un plato es un plato, o que al alcalde lo elige el alcalde. Pero inasequible al desaliento, él está en su papel de resistir contra viento y marea, y para ello sabe que le valen las ocurrencias, las mentiras y todo tipo de artimañas.

Comento esto a propósito de la última ocurrencia electoralista, la de anunciar ayer que si gana el 20D y gobierna, le elimina el pago del IRPF a quien prolongue su vida laboral después de la jubilación. Y no se queda ahí, tampoco tendrán que pagarlo en el primer año los que accedan a su primer empleo. Quiere demostrarnos que los fuegos artificiales no son exclusivos de las fiestas patronales, y que también valen en elecciones.
Cuando uno ve estas faenas de aliño de última hora, solo puede pensar, que aunque Rajoy sabe que no le queda ninguna credibilidad, y que para la mayoría de la gente con un mínimo de memoria prometer esto en plena campaña solo puede ser papel mojado, tiene esperanza de que muchos peces piquen el anzuelo (por aquello de a río revuelto…).

No parece serio, que un partido que ejerce todavía el gobierno y dispone de toda la información sobre el estado de las cuentas públicas, haga esa propuesta sin acompañarla del mínimo estudio económico, y sin clarificar en que año la aplicará. Lo único que invita el momento y el contenido de la misma es a pensar que nos toma a los españolitos de a pie por idiotas, porque él sabe que con la exigencia de la UE de un nuevo recorte en los Presupuestos Generales del Estado de 13.000 millones de euros, plantear medidas que reduzcan los ingresos del Estado es una incoherencia solo justificable por la necesidad de obtener el voto del ingenuo.

Me imagino que muy mal deben ver el panorama electoral desde la calle Génova para realizar promesas sin ningún estudio contable, y hacerlas a última hora. Pero ya sabemos lo barato que le sale a ese partido prometer, y que luego las reclamaciones por los incumplimientos vayan dirigidas al maestro armero, como ha ocurrido con lo que prometió en 2011 y luego no ha cumplido. Siempre le quedará la excusa de  decirnos que Mariano es algo olvidadizo, o que no pueden aplicarla por culpa de Zapatero, que es un recurso muy de estos días.

Pero también podemos hacer el ejercicio de tomarle en serio. Uno se preguntará entonces si esta medida no impide el relevo generacional de nuestros jóvenes, porque parece que lo lógico sería todo lo contrario, bajar la edad de jubilación incentivando ese relevo. Quizás cuando ha prometido esta genialidad, el olvidadizo Mariano no ha recordado que nuestro país tiene más de un 30% de jóvenes desempleados, y una solución de futuro para ellos no puede ser que los jubilados sigan trabajando.

No me imagino que quien ha pasado casi toda su vida rompiéndose la espalda en trabajos físicos, como el campo, la construcción, el minero, el transportista, el marinero, etc., después de que una vida de trabajo en ningún caso le haya permitido salir de pobre, aún le queden ganas de seguir currando de sol a sol. Puede que aquellos que su trabajo no haya requerido de ese esfuerzo físico, si se planteen la medida como a tener en cuenta, son los trabajadores de la administración, directivos de empresas, magistrados, consejeros, etc., que seguramente si se beneficiarían de no tener obligación de pagar el IRPF, pero que es un volumen de población trabajadora minoritario, y hasta me atrevería a decir de élite, en una España donde trabajar no es sinónimo de salir de la pobreza.  

Por eso creo que esta es solo una más de las medidas del PP, que no favorecen a la mayoría de los trabajadores, sino a los mejor retribuidos de los trabajadores. Seguramente a quien  obtiene salarios de cinco mil euros mensuales la medida le resulte atractiva, porque la pensión máxima le reducirá ese salario a la mitad. Tampoco en la propuesta se aclara, si quienes  hoy ya son pensionistas pero, por la cuantía de su pensión, si cotizan IRPF, dejarían de hacerlo, de lo contrario también serían agraviados por la aplicación de esta propuesta de última hora.


Aún nos quedaran por escuchar nuevos hallazgos en la chistera de Mariano antes del día 20, pero a poco que los analicemos acabaremos viendo como las mejoras que propone el PP repercuten siempre en el bolsillo de los más pudientes, lo que a nadie debería sorprender. Lo realmente sorprendente es que los asalariados con empleo precario, aún crean en promesas que saben que se las llevará el viento el dia 21, y sabiéndolo voten a ese partido.

INDECISOS

10 de diciembre.-

INDECISOS

A una semana de la cita con las urnas, y en una situación con cuatro fuerzas políticas con expectativas más o menos similares de voto, sube como la espuma el valor del voto de los llamados indecisos. Leía un trabajo de Maria Navarro Sorolla en el que señalaba que los que aún no tienen decidido su voto el 20D, son de ideología centrista y residen la mayoría en las ciudades. Obviedades ambas, ya que quien tiene ideología no es indeciso, como mucho duda entre los partidos que pueden representarla mejor, y que la mayoría residan en la ciudad no lo es menos, porque en los pequeños núcleos rurales la población no se permite vivir en la indecisión (por diferentes motivos), aunque en poblaciones mayores de veinte mil habitantes, que pueden calificarse más como ciudades que como pueblos grandes, seguro que también son numerosos.

Si se miran las diferentes oleadas sobre intención de voto del CIS, se observa que el porcentaje de indecisos ha ido disminuyendo paulatinamente desde finales de 2013, y que en las encuestas del CIS, los indecisos casi nunca recuerdan que votaron en anteriores elecciones generales. Pero en estos últimos días de campaña, esos “desmemoriados” se convierten en el objetivo de todos los partidos. Saben que en este escenario a cuatro, son los indecisos quienes sostiene la sartén por el mango, y quienes con mucha probabilidad, van a decidir qué candidato será el próximo presidente del Gobierno.

Pero dentro de los indecisos, objeto de deseo, también hay un bloque de olvidados. Mi admirado Eduardo Galeano los describe maravillosamente en su poema “Los nadies”, cuando afirma que "son los que sueñan con salir de pobres, con que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, pero nunca cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen. Ellos son los hijos de nadie, los dueños de nada, los que mueren la vida, jodidos y rejodidos, que no son seres humanos sino recursos humanos. Esos que tristemente en muchos lugares del planeta, cuestan menos que la bala que los mata". De esos también hay en este país, aunque parecen invisibles, y tras la crisis económica, malviven desaparecidos.

Son los pobres, esos de los que nos acordamos en navidad, esas gentes que no tienen quien les escriba su historia, porque la historia siempre se escribió por quienes vencieron su particular guerra del día a día, y ellos se despiertan cada mañana ya derrotados. Son miles, pero no los veremos en la televisión en ningún telediario, que solo nos recordará que existen cuando algún prohombre con cargo público, afirma que su presencia ensucia las calles de nuestras ciudades. Son los eternamente despreciados, a los que los candidatos nunca se encontraran en sus constantes viajes de ida y vuelta al centro político porque residen en los extramuros de la política, pero tampoco los buscan porque ellos nunca se sienten representados en ningún proceso electoral, y no suelen acudir nunca a votar.


La letra de una canción del grupo Elzurdo les describe muy bien “Ella se llamaba Olvido, a él le llaman chico Nadie, no sabían que eran vecinos, vivían en la misma calle, la calle sin apellidos, vivían en la puta calle”. Son muchos, son indecisos, pero son los olvidados, los nadies, que no saben que de ejercer su derecho otro gallo les cantaría.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

POLÍTICA CON MAYÚSCULAS


 En los últimos años se ha banalizado la política. Lo ha hecho la derecha, interesada en restar valor al concepto de democracia, para lo que no ha tenido escrúpulos en utilizar la ignorancia política de muchos ciudadanos, e incluso el miedo que la sensación de inestabilidad o de cambio produce en otros, si ello le servía para alcanzar el poder. Pero también a banalizar la política ha contribuido la izquierda, a veces involuntariamente, pero otras veces de manera voluntaria por parte de algunos de sus dirigentes, convencidos que si para la derecha eran válidos esos instrumentos, utilizar el rencor o las facturas pendientes del pasado, también su uso estaba legitimado.

Con este panorama, para muchos españoles, aquella democracia post franquista en la que creíamos, ha venido a menos, y hemos permanecido pasmados, viendo como la política dejaba de ser un instrumento para transformar una sociedad injusta con el que menos tiene, viéndola convertirse, en un instrumento para cambiar la vida de solo unos pocos. Naturalmente que todos los políticos no son iguales, pero aquellos que han utilizado la política en beneficio propio, se han preocupado de inculcarnos la idea de que "la política es así", precisamente ese es el concepto que de ella tienen los políticos cobardes, incapaces de defender sus planteamientos personales, esos que ellos mismos públicamente califican como de miserables.

Aun sabiendo que no todos son iguales, los metemos en el mismo saco, y sólo resultan visibles aquellos para los que no existe futuro después de la política. El verdadero problema de quienes así actúan, es que para ellos en el pasado tampoco había futuro, y es la banalización la que les permitió encontrarlo precisamente en la política. No es exclusiva de un solo partido, porque a esa gente la podemos encontrar en las formaciones políticas con años a sus espaldas, pero tampoco se librarán de ellos los partidos emergentes, precisamente porque aprovecharán su inexperiencia en esas líderes, y aunque tal vez detecten a los más descarados, bien seguro, que muchos lograran pasar sus filtros, y con el tiempo acabarán emergiendo dentro del aparato de esos partidos.

Cuando esos elementos se detectan internamente, ya no valen los paños calientes, ni es cuestión de apelar al derecho a la presunción de inocencia para no actuar. Es una situación incompatible con el concepto de política como instrumento de servicio, y dilatar el problema en el tiempo llevará a la formación política a ser sepultada por su propia bola de nieve. Al que personalmente elude asumir su responsabilidad, el tiempo se encargará de señalarle irremisiblemente, mientras que a su formación política le supondrá una factura continuada en el tiempo, que un proceso electoral tras otro, volverá a poner en cuestión su compromiso con la honestidad y la decencia política.

Pero lo fácil es señalar como responsables de esa situación a las cúpulas de los partidos, que sin duda son los principales, pero también somos responsables quienes nos conformamos con saber que el problema existe, y una y otra vez apoyamos con nuestro voto a ese partido sin exigirle su regeneración. Somos los militantes y simpatizantes de ese partido que permanecemos callados, sin actuar, las primeras víctimas del descrédito que la corrupción acarrea a las formaciones en las que creemos. No debería resultar tan difícil, gritar a los cuatro puntos cardinales, que la política es sucia cuando quienes la ejercen son individuos sucios, porque esa es una sentencia irrebatible.

Esta reflexión surge tras el debate del pasado lunes entre los tres candidatos a presidente del gobierno, y la vicepresidenta en funciones del actual, en el  que escuchamos acusaciones, principalmente  contra el PP, por sus innumerables casos de corrupción, que si se revisa la hemeroteca, de alguna manera fue el asunto que más marcó el debate televisado. La vicepresidenta se defendió hablando de la dureza de su gobierno con los corruptos, pero la sensación de los ciudadanos es que esa dureza ya no le sirve de excusa, porque, como siempre, llega tarde mal y nunca.

La vida nos enseña que nadie hará por ti lo que tú mismo no seas capaz de hacer, y en la política, que no se puede dejar todo en manos de quienes nos gobiernan o de quienes ejercen la oposición. Pero mucho menos debemos hacerlo en un momento de nuestra historia en el que este país necesita, más que nunca, de gentes decentes y honestas, de soñadores capaces de transmitir emociones, y no solo en la política, porque en este mundo globalizado son mucho más necesarios en la vida cotidiana de las personas, que en el gobierno cercano.


Quizás es un buen día para reivindicar, que frente a quienes nos han hecho creer que la política es un negocio, debemos estar millones de españoles dispuestos a soñar despiertos, convencidos de que la utopía está al volver la esquina.

martes, 1 de diciembre de 2015

ASÍ VI EL DEBATE

1 diciembre.-

No pude seguirlo en directo, lo he visto hoy. Ya tenemos el primer debate televisado, de los varios que nos esperan, entre los diferentes candidatos a la presidencia del gobierno. La primera impresión es de sorpresa porque se me ha hecho poco pesado, para lo plomo que resultaron otros debates en años anteriores. Constatadas dos ausencias notables: la de un Rajoy, a cuyos seguidores les da igual que acuda a debates como que no lo haga, porque aún valorado por algunos de los suyos como “un inútil” le seguirán votando; y la de Garzón, al que todo el mundo parece empeñado en hacerle desaparecer de la escena, más que por perjudicarle a él, por favorecer a otros.

Iglesias, me dio la impresión de estar más pendiente de pronunciar frases hechas, y que sus simpatizantes rápidamente refrendasen en la web su triunfo en el debate, que de dar la sensación de tener capacidad y peso político para llegar a presidir el gobierno del Estado. Se había fijado como único objetivo morderle votos al socialismo, y ese objetivo fue transversal en todas sus intervenciones. Buscó hacer de la socialdemocracia su presa, y con ello permitió escapar sin hacerle el más mínimo daño a la derecha emergente que representa Rivera. Lo que debía ser un objetivo compartido con Sánchez, no lo fue, y la única diana de sus dardos fue Sánchez. En un momento se mostró incluso agresivo con él, en las críticas a su propuesta económica, y no evito dar la impresión de que se contradice con su discurso en pro de la unidad de la izquierda de hace unos días, al no era atacar a la derecha sino a la opción socialista. Aún con la satisfacción de sus seguidores, no ha sido la intervención de ayer la más brillante que le he visto.

Rivera, jugó al escondite con Iglesias y Sánchez. Se sabe mucho más ambicioso que ambos, y paso el debate esgrimiendo sus dotes de camuflaje. Estos meses ha dado buena muestra de esa habilidad, al lograr que siendo la de Ciudadanos una ideología de derecha, liberal sí, pero aledaña a la derecha radical (la de la arrogancia y el ordeno y mando), haya logrado atraer a tradicionales votantes de la izquierda con su discurso de centralismo. Recuerda con su postura, a la de aquel Aznar que se sentó a esperar pasar el cadáver de su enemigo Felipe, sin importarle el cuerpo aún caliente de Miguel Ángel Blanco, si le era útil como trampolín de su ambición. También Rivera se ha sentado en el escalón de la puerta esperando recoger a todos los desencantados de uno u otro sin importar ideologías, sin reparar en si su propuesta conlleva más sacrificios de la clase trabajadora. Y lo más triste, a esa colecta ayer contribuyeron Iglesias y Sánchez que no lograron levantarle los pies del suelo, afanados en sus disputas. También Podemos jugó en su momento con la ambigüedad con la que hoy actúa Ciudadanos hasta que se le vio el plumero, pero Rivera sabe que a sus rivales ya no les queda tiempo para desmontarlo a veinte días de las urnas.

Sánchez, inició su intervención con cierto titubeo hasta asentarse. Recurrió a las transformaciones socialistas del pasado, a la denostada por el PP herencia socialista, pero sin acabar de mostrarse orgulloso de ella y del pasado reciente, que en ocasiones transmite como un lastre más que como un valor. En su exposición intentó desarrollar su propuesta programática, pero quizás se dispersó en muchas propuestas, en lugar de agarrarse a cinco o seis mensajes fuerza. Puede que el programa socialista sea el más completo y concreto de los tres que ayer se debatían, pero a Sanchez le faltaron concreciones de esas que el electorado no se olvida. No debió otorgar ningún protagonismo a un Rajoy ausente, mientras dejo salir vivo de entre las zarzas a Rivera, olvidando que hay poco más que añadir a la nefasta gestión de Rajoy, y que es Rivera quien se ha convertido en su verdadero enemigo.

Y hubo un cuarto candidato, que fue el medio de comunicación que organizaba el debate, medio que lo utilizó claramente para que quedase claro que quien organizaba el debate era ese medio, y que por lo tanto sucediese lo que sucediese entre los candidatos, ellos ya eran los vencedores del debate por haberlo organizado.

Veinticuatro horas después tenemos valoraciones para todos los gustos, y a semejanza de debates en elecciones anteriores, todos han resultado vencedores. Algunos medios dan vencedor a Rajoy por no ir, como no podía ser menos. En las redes sociales dan vencedor a Iglesias, porque la actividad de su partido en ellas supera con mucho a la de los demás, pero son conscientes de que a su soñada recuperación en el último tramo de campaña le falta tiempo. Entre Sánchez y Rivera pugnan por el segundo puesto, y a esa pugna en el debate le faltó carne y asador.

En cualquier caso es solo un primer debate del que los tres seguro que han aprendido, frente a un ausente Rajoy, al que lo que podamos pensar los ciudadanos le importa un bledo, sabedor como es, de tener garantizado un voto cautivo dispuesto a arrojar nuestro futuro al cubo de la basura, si él se lo pidiese.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

VIOLENCIA Y VIOLENCIA DE GÉNERO


Hoy 25 de noviembre se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer, calificada por las Naciones Unidas como “una pandemia” que azota a todo el mundo. Partidos de derechas y de izquierdas, hablan en este día de este grave problema en singular. Parecen olvidar que todas las violencias tienen el mismo origen, pero además no parece necesario que se hagan distinciones entre  violencia sexual y violencia física, porque aunque pueden ser diferentes, forman parte de un todo como lo es la violencia injustificable contra la mujer.

Deberíamos darnos cuenta de que esta es solo la punta de un iceberg, constituido por muchas violencias, entre ellas la de género, pero partes de la violencia implícita a nuestro modelo de sociedad, una violencia muda que llegamos a percibir como si de algo normal se tratase. Si se analizan los datos de violencia general, el hombre es mucho más violento y proclive al riesgo que la mujer, en todos los aspectos de la vida. La mujer es víctima, casi siempre indefensa, de esa mayor violencia del hombre en general, pero específicamente de un machismo brutal, precisamente por ser mujer.

La desigualdad de género está presente en todos los ámbitos de esta sociedad, y son incontestables los datos: una de cada tres mujeres en el mundo sufre la violencia, y en Europa (orgullosa de ser cuna de civilizaciones), la mitad de las mujeres sufren abusos. Las políticas puestas en marcha en los diferentes países europeos, y especialmente en España para erradicarla, quizás han conseguido que disminuya la gravedad de la violencia en el conjunto de casos conocidos, pero las estadísticas demuestran que el número de agresiones sigue en aumento. Si de verdad se quiere diseñar una política efectiva para hacer frente a esta lacra, ese dato ha de tenerse en cuenta.

No digo que no resulte necesaria una actuación concreta frente a la violencia sobre la mujer, pero algo no se debe estar haciendo bien, porque con un enfoque solo sobre esa problemática, no estamos consiguiendo los resultados apetecibles. Con la solución carcelaria para el maltratador está claro que no es suficiente, y el asunto no se aborda en la escuela, todo lo contrario, proliferan los colegios separados por sexos. Puede que pensar que solo la mujer es subsidiaria de una violencia singular del hombre, sea un error de diagnóstico, y no asumamos que la violencia ejercida sobre las mujeres sea parte de la que existe en esta sociedad imperfecta que hemos construido entre todos.

La línea de trabajo, a mi entender, debería ser impulsar políticas de igualdad con el objetivo de alcanzar la igualdad de géneros. De alcanzarse, mejorarían las actuales  estadísticas acercándolas a la erradicación de la denominada violencia de género. Pero parece olvidarse que alcanzar una sociedad igualitaria requiere de una estrategia que busque no solo  desterrar la violencia de género, que también, sino rebajar el nivel general de violencia existente en nuestras sociedades. Si hacemos un mal el diagnóstico, acabaremos haciendo un mal tratamiento.

Resulta poco cuestionable, que si se rebajase el umbral de lo que hoy resulta violencia socialmente admisible, y nuestra tolerancia con la violencia fuese cero, no sería necesario disponer de un teléfono de atención a cada tipo de violencia, sino que la propia sociedad en su conjunto haría aflorar todas las violencias con las que convivimos. Esas violencias en nuestros días son muchas: la oculta en el hogar, la existente en las relaciones familiares, la palpable en el sometimiento a la disciplina militar, o la hoy tan sufrida de los fanatismos religiosos, sin olvidar la que existe en la competencia laboral que en épocas de elevado desempleo, también se palpa.

Basar las estrategias solo en impulsar mecanismos compensatorios para uno de los géneros, en lugar de marcarse como objetivo la igualdad de hombres y mujeres, es querer ver solo una parte del problema. Las políticas de solución a una parte de un todo con muchos componentes, pueden convertirse en un boomerang que se lanza y  vuelve en contra de sus impulsores. Las políticas para erradicar la violencia deben  tener carácter transversal desde la infancia y contribuir a rebajar la violencia general. La violencia de género también, pero no solo esa forma de violencia.

En época de elecciones, todos los partidos deberían comprometer en sus programas, medidas igualitarias (que verbalizan pero no acaban de aplicarse por ley), como sería la obligatoriedad de listas electorales cremallera, la  paridad de sexos en instituciones de gobierno, en las direcciones de las grandes empresas, y en todas las instituciones que verbalizan estar comprometidas con la igualdad pero no se lo aplican ellas mismas. Esas medidas de igualdad surtirían resultados a medio y largo plazo, pero más sólidos que los que producen legislaciones adoptadas desde una óptica solo represiva.

Las estadísticas  sobre delincuencia en nuestro país acreditan, que las mujeres son más respetuosas con las leyes que los hombres. Las políticas de igualdad incorporadas a la lucha contra la corrupción política, también harían que las Gurtel, las Punicas, los Palau o los ERES, fuesen menos numerosos, si al frente de las instituciones estuviesen mujeres. Eso sí, sabiendo que las excepciones son necesarias para que exista la regla.


sábado, 21 de noviembre de 2015

ELECTORALISMO Y GUERRA


 Las peticiones francesas de contar con apoyo de los estados de la UE en su pelea contra ISIS, puede encontrar una respuesta condicionada a decisiones puramente electoralistas. En aquellos en que las elecciones estén cerca, como en España, la decisión de prestarle o no ese apoyo con tropas, se dilatará de cualquier manera para no adoptar una postura clara antes de celebrar las elecciones el 20 D. Si las encuestas muestran a los votantes contrarios a ese apoyo, veremos a un gobierno prudente, mientras si son favorables, ese mismo gobierno encontrará de nuevo pruebas de que el EI posee armas de destrucción masiva.

Lo cuenten como lo cuenten, lo ocurrido en Francia no es una guerra sino un acto terrorista, como el que sufrimos en Madrid o en Nueva York o en Londres. ¿Una guerra contra quién? El gobierno francés tiene que transmitir a sus ciudadanos que va a responder al ataque sufrido, pero eso no convierte los atentados en una guerra. Antes de aceptar como justificado un bombardeo indiscriminado, deberíamos saber que en la ciudad de Raqqa no solo hay islamistas fanáticos. También allí mal vive un cuarto de millón de personas que sufren en carne propia el terror de los fanáticos del EI. Bombardear es lo fácil, lo difícil es separar el grano de la paja.

Atacar a una ciudad entera no puede ser justificable, si estamos siendo atacados por fanáticos capaces de inmolarse, que pertenecen a organizaciones creadas por estados occidentales para sus juegos de poder, y ahora financiadas por millonarios fanáticos que viven tranquilamente en Arabia Saudí o Qatar. Los mismos que apoyan esos bombardeos son incapaces de criticar la actitud tolerante de esos países, ni a quienes compran petróleo a EI facilitando con ello su financiación. Que dirían esos mismos que callan ante esto, si los países implicados fuesen Venezuela, Bolivia o Cuba. Su silencio es la prueba de que el cinismo ha alcanzado el poder económico y el político.

Tampoco en Francia, aunque puede ser más justificable, han dado muestras de prudencia al hablar de armas químicas o biológicas. Solo la ceguera del poder puede justificar esas declaraciones sin medir el daño que pueden causar entre los propios ciudadanos por el miedo que crean. Sin rubor se muestran dispuestos a gastar recursos en una guerra, mientras  dejan en el olvido que en esta Europa no solo hay millones de parados, sino guetos que por su situación marginal seguirán siendo semillero de fanáticos. Los terroristas responsables de estos atentados se han criado en esos suburbios, y uno se pregunta necesariamente si no tras esas declaraciones no hay cálculos electoralistas.

Parece que occidente no quiere asumir que la exportación de nuestro modelo de democracia a los países árabes ha resultado un absoluto  fracaso. Pero lo que si podemos comprobar es que desde que se anunciaron estrategias de guerra sobre el territorio controlado por ISIS, las acciones de las grandes empresas armamentísticas se han disparado. La guerra es una solución, pero solo para los accionistas de esas empresas, a quienes no les importa involucrar al resto del mundo si con ello siguen sus beneficios.

Un Rajoy que de pronto ha descubierto las ruedas de prensa tras cuatro años escondido, junto a un Rivera haciéndose el duro, han encontrado ambiente electoral favorable en la situación de desconcierto que viven los ciudadanos, pueden llevarnos a un parlamento con mucha presencia de la derecha española, la antigua y la moderna, nos pueden colocar después del 21 D ante decisiones que no deseamos muchos, pero que a esas corporaciones armamentistas les harán el caldo gordo. El electoralismo de ambos, con el apoyo del poder económico, puede hacer que no sea necesario un nuevo trío de las Azores, y puede bastarnos un dúo en la Carrera de San Jerónimo, para acabar metiendo la nariz donde ya sabemos que huele muy mal.

.

¿Huelga general? ¿y si el maximalismo reactiva a la derecha?

La política de izquierdas vive atrapada en una paradoja recurrente: confundir la pureza del instrumento con la eficacia del resultado. Ante ...