lunes, 6 de abril de 2026

TENEMOS LAMEBOTAS DE TRUMP POR INTERÉS

El apoyo de buena parte de la derecha española a Trump no es un simple gesto de simpatía, sino un ejercicio de identidad política. En Trump encuentran un espejo,  un líder que rompe las normas, que desprecia el “correcto”, que se autopromociona como patriota y que convierte la polémica en una fuente de poder. Para Vox y sectores de la derecha radical, esa figura funciona como su aval internacional, convencidos de que, si en Estados Unidos puede ganar, por qué aquí no debería ser posible llevar el mismo discurso a la mayoría parlamentaria. Es una forma de normalizar posicionamientos que, hace apenas una década, se consideraban marginales.

Para la derecha española, el triunfo de Trump tiene un valor simbólico enorme. Les sirve para decir que no son un fenómeno aislado, sino parte de una corriente global contra el “globalismo”, el feminismo radical, el “woke” y la inmigración sin control. Ese relato les permite movilizar a un electorado joven, descontento y hostil a las élites, sin tener que ocultar su agenda bajo discursos blandos. Sin embargo, el espejo también refleja los riesgos, el de un nacionalismo agresivo, una confrontación permanente y la desconfianza sistemática institucional.

El beneficio más claro del apoyo a Trump recae en la derecha radical y Vox, que se nutren de su imagen como fuerza global. Para ellos, cada giro de Trump fortalece su narrativa de “patriotas contra el sistema”. Parte del PP y la derecha conservadora también se benefician, aunque con más cautela: aprovechan el clima anti‑progresista para presionar a la izquierda, pero temen que las políticas proteccionistas de Trump afecten a la economía española. En el fondo, el apoyo a Trump es una apuesta estratégica: polarizar para ganar, aunque el país pierda estabilidad. 

El verdadero problema no es que haya derecha en España, sino que se deje guiar por un modelo de política basado en el conflicto constante. El apoyo a Trump revela una tendencia a dar más valor a la imagen que la responsabilidad, más a la movilización que la gobernabilidad. La democracia no puede ser solo una lucha de narrativas; debe ser un ejercicio de equilibrio, pero eso parece no importarles en absoluto. 

La pregunta que los ciudadanos deberíamos hacernos es si la derecha española, al identificarse con Trump, está preparada para asumir el costo de sus propias decisiones, o si solo busca el beneficio de un espejismo que terminará por distorsionar la realidad política de nuestro país.

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