Cada vez se escucha con más frecuencia la frase: “la filosofía no sirve para nada”. Curiosamente, la pronuncian personas que viven en un mundo construido precisamente gracias al pensamiento crítico, a la ética y a la lógica, todas ellas hijas legítimas de la filosofía. Qué ironía: rechazar el pensamiento reflexivo mientras se disfruta de sus frutos.
Pero claro, ¿para qué filosofar si ya tenemos tutoriales en internet para enseñarte “cómo ser feliz en tres pasos” o “cómo tener éxito sin pensar demasiado”? La nueva religión de nuestro tiempo es la inmediatez, y su profeta, la pantalla del móvil. Pensar cuesta, porque requiere pararse a pensar, y eso hoy resulta al parecer un crimen. Vivimos en una época que idolatra lo util y desprecia lo profundo, donde saber qué es justo importa menos que saber cómo destacar, aunque solo sean diez segundos en un vídeo.
Los que desprecian la filosofía suelen decir que “eso no da de comer”. Tienen razón: no alimenta el estómago, pero sí el espíritu, la conciencia y, sobre todo, la libertad. Y no hay nada más peligroso para el poder, para las modas o para las masas conformes, que un ser humano que piense por sí mismo.
Sin filosofía no existiría la ciencia, porque la ciencia empezó con preguntas filosóficas; no existiría la ética, porque la moral requiere reflexión sobre lo justo y lo correcto; y tampoco existiría la democracia, porque fue el pensamiento filosófico el que nos enseñó que la razón vale más que la autoridad.
Pero claro, sigamos pensando que la filosofía no sirve para nada. Así podremos vivir más tranquilos, sin dudas ni preguntas incómodas. Bastará con obedecer tendencias, consumir los bulos que nos cuentan, las mentiras o medias verdades que nos dicen, y con opinar lo que opina la mayoría. Seremos muy eficientes, aunque unos perfectos inútiles.
Al final, lo que molesta no es que la filosofía no sirva, sino que resulta incómoda. Porque filosofar implica mirar el mundo de frente y, de paso, mirarse a uno mismo. Y eso, en tiempos de filtros y apariencias, es demasiado esfuerzo para una sociedad que confunde pensar con creer todo lo que aparece en la pantalla del móvil o la Tablet.
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