lunes, 6 de abril de 2026

Las procesiones de Semana Santa

Las procesiones de Semana Santa representan hoy más que una tradición religiosa: son una apropiación institucional del espacio público que se disfraza de devoción popular. Durante varios días, las calles quedan bloqueadas, el ruido inunda las noches, y los medios estatales retransmiten cada paso como si fuera un acontecimiento nacional. Lo que podría ser una manifestación libre de fe se convierte, en la práctica, en una exhibición de poder político, militar y mediático. La presencia de autoridades, uniformes del ejército y cámaras oficiales no es casual: muestra cómo el Estado todavía mantiene vínculos privilegiados con una confesión concreta, mientras las demás creencias son tratadas como algo “ajeno”.

Esa contradicción se evidencia en como muchos aceptan sin cuestionar la ocupación católica del espacio común, pero se escandalizan si un político felicita el Ramadán, como si reconocer la diversidad fuera una amenaza. Esa indignación selectiva revela un fondo de hipocresía y miedo cultural: se defiende “lo nuestro” a gritos, sin admitir que nuestra historia y nuestras calles son el resultado de siglos de convivencia e influencias cruzadas.

En el fondo, las procesiones no solo conmemoran la pasión de Cristo: también exhiben la pasión por conservar poder, privilegio y visibilidad. Y eso dice mucho sobre quién realmente domina el espacio público y el relato de lo “nacional”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sueño

Despertó como quien sale del agua sin saber si aún está sumergida en ella. La habitación la miraba con ojos de desorden: la ropa desparramad...