lunes, 6 de abril de 2026

Sanidad pública: el milagro español del sálvese quien pueda

Hay países que presumen de sus inventos: los italianos de la pasta, los franceses del vino y los británicos del mal tiempo. Nosotros, en cambio, podemos presumir de algo mucho más sofisticado: haber convertido uno de los mejores sistemas públicos de salud del mundo en un experimento de supervivencia burocrática y financiera. Una especie de juego sanitario, pero con batas blancas y un desfibrilador de fondo.

Porque, claro, todo el mundo sabe que la sanidad es pública solo en los carteles. En la práctica, el juego consiste en ver cuánto puedes resistir antes de rendirte y dejarte tentar por ese hospital privado recién inaugurado justo enfrente del público, con sus luces led y su olor a desinfectante de diseño. Qué casualidad, uno podría pensar que lo hacen aposta.

Mientras tanto, los políticos (aquí el espectro ideológico solo sirve para elegir en qué tono de gris te quitan presupuesto) se enzarzan en discusiones eternas sobre quién tiene la culpa: si el gobierno central, las comunidades autónomas o la energía cósmica. Entre tanto, ni PP ni PSOE parecen dispuestos a tocar la “patata caliente” de la financiación sanitaria. Y menos aún subir los impuestos para su financiación, no vaya a ser que se nos enfade el electorado.

Y hablando de financiación: España es líder, pero en la parte baja de la tabla europea. Lo cual tiene su mérito, conseguir que un sistema con tan poco dinero siga funcionando es casi alquimia pura. Es el arte de hacer milagros con lo justo: médicos con tres turnos seguidos, enfermeras que hacen más kilómetros que el AVE y pacientes que se curan por aburrimiento de esperar.

Eso sí, algunos todavía defienden que no pasa nada, que la colaboración público-privada es el futuro. Claro, porque lo privado siempre se ha caracterizado por su amor desinteresado al bien común. Y si pueden ganar un poco más desviando pacientes, mejor todavía. Es emocionante sentir cómo el TAC que te iban a hacer en el hospital público termina misteriosamente asignado al de enfrente. Milagros de la eficiencia.

Mientras, los medios nacionales siguen con su monólogo madrileño, porque parece que el resto del país es solo un decorado de cartón piedra. Que la sanidad se desmorone en Valencia, Albacete o Girona no da tantos clics. Quizá es que en esos lugares necesitamos un influencer sanitario.

Pero tranquilos, todo bajo control. Al final, si enfermas, serás un “cliente” satisfecho, no un paciente. Que suena mucho más moderno. Lo importante no es curarse, sino consumir salud con estilo. Y si no puedes pagarla, bueno… siempre te quedará la esperanza, y una bonita factura como souvenir.

Así que brindemos por este sistema heroico, que cada año logra sobrevivir a pesar de los recortes, las privatizaciones y los políticos con memoria selectiva. 



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