lunes, 6 de abril de 2026

Sueño

Despertó como quien sale del agua sin saber si aún está sumergida en ella. La habitación la miraba con ojos de desorden: la ropa desparramada, la piel desnuda, y su memoria en ruinas. Otra vez había soñado con aquel hombre con el que lo hacía cada noche, y el sueño había sido tan real que todavía su piel le olía a él. En su sueño, los cuerpos se rozaban sin pedir permiso y, cómo suele suceder, las dudas de si era sueño o realidad aparecieron, porque las dudas despiertan antes que las personas.

Ella sé miró en el espejo, buscando ese límite inseparable entre el insomnio y la fiebre. El sujetador del sueño descansaba en el suelo, como prueba de un crimen que nadie podía explicar. Algún dios cruel la había dejado sin respuestas y con demasiadas preguntas. ¿Y si el deseo tiene la suficiente fuerza para inventar la realidad? ¿Y si el hombre de su sueño estuvo ahí alguna vez, quizá en otro tiempo, en otra versión del mundo donde los sueños nunca terminan? 

Ella pensó en locura y vergüenza, dos hermanas que siempre van de la mano cuando el amor se sueña demasiadas veces.

Salió de la cama. El sol se filtraba por la ventana, como una disculpa. En el aire aún flotaba el perfume del sueño, mezclado con la certeza de que la realidad, a veces, también se inventa mientras dormimos.

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