domingo, 16 de agosto de 2020

Diario del coronavirus 188

Ayer decía que somos un país curioso. Se han publicado los resultados de una encuesta a pie de calle, en la que el 93% de la población considera razonable que, ante la cantidad de rebrotes que se están produciendo, lo lógico y correcto, es que los sanitarios tuviésemos que aplazar nuestras vacaciones. Personalmente ya tuve que hacerlo en marzo, y puede que si las circunstancias obligan, deba de hacerlo de nuevo en septiembre. Son gajes del oficio.
Pero dicho eso, me parece que si quienes así opinan, mientras tanto se dedican a estar en fiestas, aglomeraciones o en las terrazas sin guardar las distancias, y la inmensa mayoría sin ponerse la mascarilla aunque no estén ingiriendo nada, creo que esto no es justo.
Empiezo a estar hasta el gorro, de jugármela a diario, y de sudar como un pollo dentro del epi con guantes y mascarilla, mientras ellos se consideran con derecho a estar de fiesta. No sólo es una irresponsabilidad que pasen de todo, sino un egoísmo enfermizo y peligroso para todos los demás ciudadanos.

Puede que el colectivo sanitario debamos exigir, que a quienes así actúan, no se les sancione, sino que deban renunciar por escrito a ser atendidos en caso de que enfermen por el Covid 19. Si no lo hacen, los sanitarios deberíamos poder tomar las vacaciones cuando nos corresponda, y el que enferme y se encuentre con los hospitales saturados, como es auto suficiente para saber como protegerse, sencillamente puede auto medicarse si tiene prisa en recibir un tratamiento. 

Diario del coronavirus 187

Esta mañana he encontrado publicado por el diario El País, este texto literal, en linea con lo que comenté ayer: "Aunque los científicos volvieron a destacar ayer que la carta no busca culpables, su iniciativa sí sirvió en el ámbito político, ante el silencio del Gobierno, para que la oposición señalara al Ejecutivo y a su presidente, Pedro Sánchez, como responsable".
Y eso que aún no se ha decidido su realización. Seguimos sin remedio, y a la oposición le ha faltado tiempo para aprovechar la iniciativa. Hoy sigo sin dudas, pero ya con pruebas.
A propósito del llamado estudio independiente propuesto, van estos comentarios.
.
Todos los servicios públicos esenciales (sanidad, educación y servicios sociales) en general, han sido maltratados desde un punto de vista económico. Es de suponer que la auditoria propuesta se hará también en las CCAA sino será irreal su resultado final. No olvidemos que la sanidad hace tiempo que es y sigue siendo competencia de las Comunidades Autónomas.
Son las CCAA las que han preferido destinar recursos en otros menesteres considerados más importantes. En caso de la pandemia, con eso no es suficiente.
Si las distintas CCAA hubiesen destinado muchos más recursos a la salud, a la educación y al bienestar de los ciudadanos, la situación habría sido otra.
Se pueden concretar algunas cosas: Falta de inversión en personal y medios sanitarios; Falta de equipamientos y preparativos para una situación de extrema gravedad; Falta de medios suplida por la buena voluntad y buen hacer de una gran parte de los profesionales.
Los recortes han dejado hasta a los inválidos abonando por anticipado la silla de ruedas, y en una lista de espera para el reintegro del gasto.
Y para muestra un botón. La gran gestión de la Comunidad de Madrid, acompañada por el resto de CC.AA. Faltan rastreadores salvo excepciones; raro es el día que se envían todos los datos de la pandemia o que son correctos; las residencias preocupan pero ¿qué se hace de especial ante una posible segunda oleada?
Las preguntas claves son ¿donde y por qué estaban callados esos mismos ciudadanos que hoy reclaman auditorias independientes, mientras se realizaban los recortes? ¿entonces no era necesaria una auditoria independiente, para analizar que esos recortes eran un error de gestión?.

En una democracia, es el pueblo soberano el que puede exigir lo que considere justo y mejorable. Sin necesidad de tanto estudio independiente, se puede afirmar que la gestión de la epidemia ha sido de calamidad por parte de todos: autoridades, instituciones y ciudadanos. Así que ya tengo mi propia conclusión del estudio: si hay una deuda que saldar, es la de cada uno consigo mismo. 

Diario del coronavirus 186

 La marcha de Juan Carlos I es la demostración del nivel de nuestro sistema judicial. Lo malo no es que se haya ido, si no cómo ha podido irse. ¿Todos iguales ante la lay? ¡Anda ya

Somos un país curioso. Aplaudimos a los turistas que llegaban a los hoteles para que les sirviéramos porque traen dinero. Alambradas e insultos a los migrantes que vienen a servirnos, aunque les explotemos por dinero.

Comparto la propuesta de realizar un estudio de como se ha gestionado la pandemia para aprender de los errores cometidos. De la afirmación de que no se buscan responsabilidades ni pasar facturas políticas, perdonen que no lo crea posible en un país de dos Españas. Si los impulsores del estudio no lo pretenden, es que por muy científicos que sean, no saben en que país viven. Al tiempo. De ese estudio solo saldrán culpables, y pocas cosas se rectificaran. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.

La Comunidad de Madrid en su último informe epidemiológico sobre detección de casos asintomáticos desmienten a su consejero de Sanidad, que había asegurado este viernes que localizan un 60% de asintomáticos mientras el documento explicita que desde el 10 de mayo, ha sido del 37%, y que en las últimas dos semanas cayó al 19 y el 7%.
Pero como la mejor defensa es el ataque, Ruiz Escudero ha acusado de "deslealtad" al Gobierno por decir lo que reflejaba el informe de la Comunidad. Han tratado de tapar su mentira, y horas más tarde ha hecho desaparecer los datos en una nueva versión del documento.
Pero el documento ya lo habían publicado y le han sacado las vergüenzas.




domingo, 2 de agosto de 2020

Diario del coronavirus 185

Esto es una opinión que seguro que muchos no compartirán, pero que no por ello debe dejar de plantearse, para debatir.
No pueden volver los tiempos de la austeridad como tras la crisis de 2008. Toca aumentar el gasto con la intervención de los Estados, que no llevarnos a un capitalismo de los Estados, que es algo muy diferente. El Covid 19 ha dejado antiguos los métodos de Reagan y de Margaret Thatcher de un capitalismo y un liberalismo feroces, como soluciones para todas las crisis. Esta es diferente.
Es el momento de revisar el modelo fiscal, y eso en España es una asignatura pendiente a la que nadie le ha metido el diente suficientemente en serio en estos años de democracia. El objetivo no puede ser crecer sin control, sino consolidar lo que son los bienes públicos para garantizar una paz social sin la que el concepto progreso se queda vacío de contenido.
En nuestro país no estaría mal comenzar por la lucha contra la economía sumergida y el fraude fiscal del que siempre se habla pero al que los sucesivos gobiernos de la democracia le han permitido permanecer como parte de nuestro escenario económico. Toca una recaudación eficaz e implacable con los defraudadores.
Luego será el momento de aumentar los impuestos a las grandes empresas en el impuesto de sociedades. A las medianas y pequeñas creo que no se las debe tocar en esta situación, sino al contrario, mantener las ayudas estatales que les permitan sobrevivir (un ejemplo de esto, manteniendo los ERTEs). Las exenciones fiscales deben revisarse y donde sea necesario retirarlas.
Y para lo que nos falte habrá que echar mano de la deuda pública, pero una vez afrontado lo anterior, y como complemento para llegar a un volumen presupuestario que garantice esos bienes comunes imprescindibles para el conjunto de los ciudadanos.
La pandemia es algo diferente que ha convertido los problemas en diferentes, y las soluciones deben serlo también. El Covid 19 nos va a obligar a que de una vez se aplique la justicia fiscal.
Hay que hacerlo no por ideología, sino que debemos hacerlo por las siguientes generaciones de españoles a las que no les podemos dejar una herencia a la que quieran renunciar.
Buen domingo.

sábado, 1 de agosto de 2020

EMPUJANDO EN LA MISMA DIRECCIÓN

La pandemia del Covid 19, ha puesto a prueba a nuestro sistema sanitario. Hoy ya pocos discuten, que ha existido una falta de recursos para el diagnóstico de los casos sospechosos, y una falta de previsión general. Hemos constatado que son muchas las carencias que existen, tanto de estructura sanitaria, como organizativas. La cuestión que hoy debería preocuparnos no es lo ya acontecido, sino cuánto hemos aprendido de esa experiencia. Si en una segunda oleada se repiten los mismos errores, incluso ahora ya con los brotes que están surgiendo, entonces nadie podrá negar que estaremos ante una negligencia por parte de las administraciones. Si alguno de nuestros gobernantes no es consciente de la urgente necesidad de reforzar el sistema sanitario, en las actuales circunstancias, lo mejor que puede hacer es marcharse a su casa.

 

Los profesionales de la salud debemos poner especial énfasis en aquello que hoy si tiene evidencia científica: las medidas de higiene (lavado de manos, evitar tocar superficies en espacios públicos, uso de alcohol gel como alternativa al lavado de manos, evitar tocarse la cara) deben ser seguidas por todos especialmente por los pacientes crónicos y sus familiares con los que convivan. Las mascarillas son un elemento con el que debemos acostumbrarnos a convivir como con las gafas, o un reloj, y más cuando su uso en espacios en donde no se puede mantener la distancia es una recomendación de la Organización Mundial de la Salud. Pero pensar que esto se va a arreglar con solo mascarillas o sanciones a quienes incumplan las normas dictadas, es convertirse en cómplice de un desastre anunciado.

 

No son iguales las situaciones en todas las Comunidades, pero lo son menos aún, en cómo se están abordando los rebrotes. Los rebrotes no son el problema, son el aviso de lo que la llegada del invierno puede traer sobre los sanitarios. Han funcionado mejor los profesionales sanitarios que las consejerías y al Ministerio que actuaron con retraso., y, o somos capaces de actuar al unísono, o el futuro será gris tirando a oscuro.

 

Si no queremos saturar la capacidad de nuestros hospitales debe reforzarse la atención primaria todo lo que sea posible. Ayer en la Conferencia de Presidentes, el señor Page ha planteado que España “asuma el objetivo como país” de destinar, al menos, el veinticinco por ciento de su gasto sanitario global a la Atención Primaria. Ya está tardando en empezar por aplicarlo en la región donde él tiene capacidad de decisión para hacerlo posible, y según el reciente informe de Amnistía Internacional en Castilla La Mancha representa un 16,96% del total. Pero no será suficiente solo con la contratación de más rastreadores, (que parece ser la panacea de soluciones al problema). También es muy importante, que los profesionales hagamos especial hincapié en la realización de todas las pruebas PCR que consideremos necesarias, que pequemos por exceso y nunca por defecto. El objetivo es muy claro: la detección precoz de los casos. Si ello implica reforzar los laboratorios para posibilitar su realización y agilizar los resultados, debe hacerse sin dilación.

Y también deben articularse fórmulas, que faciliten el intercambio de información entre las zonas de salud, porque es imperdonable que en la era de las comunicaciones, la colaboración y comunicación entre profesionales no se dé en la medida que la dimensión del problema que afrontamos requiere.  Equipamientos para protección a los profesionales, formación en el abordaje clínico de la enfermedad, tampoco pueden olvidarse. No puede volvernos a sorprender la segunda ola, como lo hizo la primera. No se pueden afrontar ya los rebrotes con defectos en los rastreos, porque eso hace que una segunda oleada, con patologías respiratorias estacionales añadidas, a los profesionales de primaria ya nos de miedo solo imaginarla.

En estos meses hemos comprobado que la excesiva politización de todo en nuestro país, ha hecho que la actuación de las administraciones no haya sido tan eficaz como necesitábamos que hubiese sido. Se desbordaron los hospitales y se infrautilizó la atención primaria, posiblemente por un hospitalo-centrismo que es necesario desterrar, sobre todo de la mentalidad de los usuarios, que parecen educados en que la solución a sus problemas de salud se encuentra exclusivamente en los servicios de urgencias hospitalarios. Se necesita que muchas cosas se revisen, y se camine hacia profesionalizar la gestión de la sanidad,  a reorganizar la asistencia, a dotar de más recursos. Y algo que en los últimos años solemos dejar en un segundo plano: a permitir que el centro del sistema sanitario lo ocupe el paciente y no los profesionales.

En algunas Comunidades las cosas no funcionan como debieran, y quienes tenemos contacto con profesionales de varias de ellas, conocemos situaciones que no son propias de un país que ya debería haber escarmentado tras más de cuarenta mil fallecidos. Los sanitarios tendremos más trabajo, aunque no aumenten los casos, porque habrá que hacer mucho más diagnóstico diferencial y eso requiere de un tiempo del que con los actuales recursos no vamos a disponer. Está claro, que el calor no ha atenuado el virus, y por lo tanto tampoco puede afirmarse que el invierno lo agravará, pero la obligación del sistema sanitario es estar preparado para cualquier situación.

Los centros deben volver progresivamente a recuperar su actividad, priorizando la atención de los pacientes crónicos a los que su asistencia se aplazó por la Covid 19, y para eso basta con aplicar los protocolos y las guías de las que disponemos los profesionales. Solo es necesario darles cumplimiento para que funcione el sistema. La telemedicina se ha revelado como un instrumento de gran utilidad que debe ser potenciado, pero la asistencia presencial no puede cuestionarse. Telemedicina y asistencia presencial deben complementarse con una reestructuración de lo que es la asistencia a domicilio de los pacientes mayores y de riesgo, que debería ser programada y sólo a demanda en caso de urgencia.

 

Y de nuevo debe plantearse la situación de los centros socio-sanitarios y sus residentes mayores. Ya fueron donde más se cebó la pandemia. Creo que no es descabellado plantear, que  si se han restringido las salidas de los residentes y las visitas de los familiares a esos centros, el retorno de los cuidadores tras sus vacaciones debería estar acompañado de la realización de pruebas PCR que garanticen que no han sido contagiados y regresan a sus centros de trabajo asintomáticos. Y una vigilancia especial por parte de los Centros de salud de AP a los que están adscritos los residentes, para facilitar la realización de exploraciones y seguimiento de los residentes en colaboración con los sanitarios de esos centros.

Si no se quieren repetir los errores cometidos, cuanto antes deben ponerse en valor las políticas de salud pública, despolitizar la sanitaria, contar con profesionales y pacientes en la toma de decisiones, disponer de planes de contingencia regionales en marcha y no solo en el papel, mejorar la coordinación entre los diferentes sistemas regionales y el Ministerio. Pero lo más prioritario es el refuerzo de la atención primaria, para posibilitar el diagnóstico precoz de los contagiados y su aislamiento, el seguimiento de los contactos. Y no cesar en repetir machaconamente la importancia de las medidas de protección.  No son nuevas propuestas de reforma, porque todo lo expuesto son asignaturas pendientes planteadas hace tiempo.

 

Pero el instrumento clave en esta lucha sigue siendo la responsabilidad ciudadana. Cada vez es mayor la conciencia social respecto a las medidas de prevención (mascarilla, distancia social o higiene). Pero estos días estamos conociendo nuevos comportamientos incívicos e incomprensibles: ciudadanos que habiendo estado en contacto con casos positivos se niegan a realizarse la PCR y a aislarse; personal que atiende al público en establecimientos a los que se les indica que, por presentar síntomas y hasta que se disponga del resultado de la PCR, deben permanecer aislados y cerrar el establecimiento, pero  se niegan a ello. Se necesita la colaboración de las fuerzas de seguridad como elemento imprescindible en estas situaciones.

 

Si sumamos todas esas carencias y déficit, puede que nos encontremos sentados sobre una bomba de relojería, desconociendo el momento en que estallará. Ni pueden relajarse las autoridades, ni los profesionales sanitarios, ni los ciudadanos, pero tampoco las fuerzas de seguridad. O actuamos todos a la vez y remamos en la misma dirección, o estaremos abocados al desastre colectivo y a una desolación aún mayor que la ya vivida en el inicio de la pandemia.

domingo, 26 de julio de 2020

LOS CENTROS Y CONSULTORIOS NO ESTÁN CERRADOS


Como médico de familia me siento obligado a responder. En estas semanas, no es extraño  encontrar en las redes, múltiples comentarios, por lo general viscerales y despectivos, hacia los sanitarios (fundamentalmente los de Atención Primaria). El argumento de estas críticas es que los Centros de Salud y consultorios están cerrados, y que no atendemos a los pacientes.

Me voy a permitir comenzar, aplaudiendo el trabajo de todos los sanitarios, ahora que ya parecen parte del pasado, las escenas de los balcones de no hace tanto. Y también quiero agradecer públicamente, la colaboración y responsabilidad de la mayor  parte de nuestros pacientes, que está siendo ejemplar, en beneficio de todos, incluso de quienes parecen no saber vivir sin buscar y señalar culpables, mientras ignoran lo que significa “autocritica”.
El comentario de que “los centros sanitarios están cerrados” no debe extrañarnos. La situación particular de cada centro es casi tan diversa como centros y consultorios existen. Tan diferente como lo es la situación de la pandemia en cada lugar. Cierto es que hay quien no puede acceder a una tele consulta, porque su centro comunica o no le cogen el teléfono. Tan cierto como que quienes insisten lo consiguen casi siempre. Puede que haya alguien con falta de profesionalidad como en otras profesiones.  Pero pocos de quienes se sienten desatendidos piensan, que igual hay motivos técnicos. En nuestros centros y consultorios, disponemos de una sola línea telefónica, de dos como máximo, y que son muchas las personas que llaman a diario, generalmente en horarios similares.
Las líneas de comunicación de esos establecimientos sanitarios no fueron diseñadas para atender tele consultas, pero tampoco han sido ampliadas ni en la pandemia, ni tras ella. Sin embargo la tele consulta se ha impuesto como el mejor método de triaje para realizar la atención con seguridad para los pacientes y los profesionales. Las Consejerías deberían solventar ese problema, al que se añade que los facultativos y enfermería de los consultorios nos vemos obligados a actuar de celadores, administrativos y telefonistas, además de atender a los pacientes. Pero lo fácil es decir que los sanitarios son unos vagos, y problema solucionado.
Pero detrás de esa idea de que todos necesitan ser atendidos presencialmente,  hay un error de base. Muchas personas piensan, que  hemos superado la pandemia, que ya se puede volver a la “antigua” normalidad, que podemos salir, viajar, reunirnos con familiares y amigos. Se equivocan. Es cierto que la inmensa mayoría de ciudadanos sigue las medidas de prevención, pero también es cierto, que no siempre. Cuando le insisto a algún paciente por el uso de la mascarilla o por la distancia o la higiene, sé que muchos me miran con cara de decir “que exagerado”.
Pero de ahí a pensar la situación permite abrir centros y consultorios para que acudan cuando a cada uno le parezca el momento adecuado, hay un abismo. Algunos se creen inmunes y están absolutamente equivocados, y los rebrotes les están demostrando que no es así, que se enferma con cualquier edad. Perdonen quienes piensen esto, que les diga que son un peligro para ellos, para sus familias, para sus profesionales sanitarios, y para otras personas a las que ni siquiera conocen, pero que pueden tener la desgracia de coincidir con ellos en una sala de espera o en un local. 
Quienes se creen a salvo, que lean un poco. La pandemia no ha acabado, no sabemos cuánto durará, nos obliga a permanecer en alerta continua, y su control depende de todos nosotros, incluidos ellos, que debemos ser capaces de prevenir su extensión. Si no asumimos que los profesionales de atención primaria debemos convertirnos en el freno a la expansión de la pandemia, y que eso requiere una reorganización de la atención sanitaria, es que no hemos entendido nada a pesar de contar ya con más de cuarenta y cinco mil fallecidos.
Eso que despectivamente se comenta de “quiere curarme por teléfono para no trabajar” es una falacia. Que se sienten junto a un teléfono, que reciban más de cincuenta llamadas al día, que las atiendan, que intenten dar una respuesta adecuada a cada demanda que se nos hace, y además que sigan atendiendo al paciente que tienen en visita presencial. ¿Opinarían entonces que no trabajamos? Estoy seguro que no.
Una tele consulta no es solo una llamada telefónica., Durante esta crisis, se ha demostrado como una forma de asistencia sanitaria que mantiene el distanciamiento social y minimiza el riesgo de transmisión del virus. Permite la clasificación de las patologías, entre aquellas que deben ser atendidas presencialmente y las que no requieren ese contacto. Tiene los errores propios de cualquier actividad, y es seguro que quienes la atendemos los cometemos. Pero que se atienda por teléfono algunas patologías, nunca puede ser motivo para que los sanitarios pasemos de héroes aplaudidos, a villanos y vagos que no queremos trabajar, aparte de injusto, es ingrato.
Seguimos atendiendo pacientes. Unos de manera telemática, otros de manera presencial en consulta, y en otros casos acudimos a los domicilios a atender a quienes así lo requieren. Y si los centros y consultorios no están abiertos como en la antigua normalidad, no es por capricho o vaguería, sino porque tratamos de disminuir el riesgo de contagio por Covid 19, y al hacerlo, estamos siguiendo las recomendaciones de los expertos. Hay que entender que un consultorio o un centro de salud es un espacio de riesgo de contagio, generalmente alto, pero que aumenta a muy alto riesgo, si no se mantienen unas medias y se establecen unos circuitos.
Los sanitarios tenemos la sensación de que no se nos cuida. De que pese a lo ya pasado, a cada ciudadano solo le importa lo suyo. Que no es responsabilidad suya si nuestras condiciones laborales son precarias, si algunos contratos son por días y se renuevan varias veces al mes,  o si nuestro salario es la tercera parte del de algunas profesiones cuya responsabilidad es mucho menor a la de un sanitario. Poco preocupa al ciudadano como se ha ido deteriorando el sistema sanitario, fundamentalmente en la Atención Primaria.
Para quienes quieran saberlo, hoy persiste un hospitalocentrismo que ha relegado a un segundo plano a la prevención y a la salud pública. Para quienes quieran saberlo, estamos teniendo que rescatar a los pacientes crónicos que quedaron desatendidos en sus controles durante  la pandemia. Tenemos más pacientes desplazados que nunca a los que debemos atender, y a la vez que seguir los posibles casos y sus contactos. Los MIR y el personal sanitario joven pueden reivindicar, pero los de mediana o alta edad, además de cansados, tenemos pocas esperanzas de que las cosas cambien. Cada vez tenemos más asumido, que si las cosas salen adelante es por un esfuerzo personal, nunca pagado, y ahora, por muchos, tampoco agradecido. Nuestro estado de ánimo como profesionales,  no es el mejor para  afrontar una nueva oleada. Cansados, enfadados con la administración, con la necesidad de una formación continuada para  esta nueva enfermedad que nos permite responder mejor que en la primera oleada.
En la primera barrera contra la pandemia, compuesta por  la atención primaria, los compañeros del 112 y las urgencias hospitalarias, estamos viendo que si ya había sobrecarga, ahora hay desbordamiento. A diferencia de antes de la pandemia, el verano se ha convertido en un periodo de aumento de frecuentación, tanto en primaria como en urgencias, y estamos asistiendo a una mayor actividad por todos los motivos ya citados. Solo nos faltaba sentirnos vilipendiados por los pacientes, como algunos hacen ahora.
Antes de culpar a nuestros sanitarios deberíamos intentar averiguar dónde está el problema. Falta información veraz a los usuarios de cuál es la realidad de nuestro sistema sanitario, que ni de lejos es el mejor del mundo, aunque si tenga a muchos de los mejores profesionales del mundo. Señalar a los sanitarios como únicos responsables, es jugar a destruir cuando en este momento lo que toca es construir juntos, por nuestra propia seguridad y por la de todos. Tengamos absoluta confianza, en que si nuestro facultativo considera que debemos ser explorados, nos dará una cita presencial y nos verá. Pero si  no es necesaria esa visita, le atenderá, le evitará el desplazamiento y no le expondrá a un riesgo de contagio en su centro de salud innecesario.

viernes, 24 de julio de 2020

Diario del coronavirus 184

Esto me suena.
El Defensor del Pueblo ha exigido a todas las administraciones, a los empresarios agrícolas y las organizaciones agrarias una solución coordinada y urgente para garantizar "los derechos laborales y unas condiciones de habitabilidad dignas" a los temporeros para acabar con la "degradación en la que viven" en distintos puntos de España. Tras los últimos brotes de COVID-19 surgidos entre jornaleros, Francisco Fernández Marugán ha asegurado que la pandemia ha puesto de manifiesto “con toda su crudeza problemas que permanecían más o menos ignorados desde hace tiempo haciendo saltar las costuras del sistema”.

Cuando no es lo mismo predicar, que dar trigo, ni llamar que salir a abrir. La mascarilla como materia de pugna política.
Mientras todas las comunidades autónomas han hecho obligatorio su uso en casi cualquier momento desde que un brote de COVID-19 acabara en el confinamiento de la comarca del Segrià en Lleida a principio de julio, Madrid y Canarias se han resistido a esta medida. Contrasta la actuación del Gobierno madrileño de Isabel Díaz Ayuso con la postura que mantenía en mayo, cuando urgían al Ejecutivo central a que impusiera esta medida y así avanzar en una desescalada para la que, según los análisis del Ministerio de Sanidad, no estaban preparados.

Muchos pueden pensar diferente, pero podríamos encontrarnos en la segunda oleada del coronavirus. O controlamos los brotes o esto caminará para atrás imitando al cangrejo. Un despiste, un relajamiento, un pensarse inmune y se forma la mundial. En España estamos asistiendo a un repunte de los casos, y tenemos un número importantes de positivos, que en la última semana se han convertido en el mayor desde que nos creímos que con empezar la desescalada el problema había terminado. Nada más lejos de la realidad. 971 se han detectado en las últimas 24 horas nos lo demuestran.
2.615 nuevos contagios de coronavirus dese el jueves. Catalunya, Aragón, Madrid y Euskadi a la cabeza de nuevos positivos. Llevamos 369 brotes con más de 5.000 positivos desde el comienzo de la desescalada. Están activos 281 con más de 3.200 casos. Lo terrible, que la curva está ascendiendo. Siete personas han muerto con fecha de deceso en los últimos siete días.
En España se han duplicado los ingresos hospitalarios en una semana. Desde el15 al 22 de julio, se habían registrado 288 nuevas hospitalizaciones por COVID-19. Es el doble de las registradas a 13 de julio (146), que son cifras que teníamos a finales de mayo, que tuvimos 263.
Comentarios
Hay que conseguir que el rastreo de los casos sea eficaz y para ello debemos hacer cada vez más pruebas de diagnostico.
Madrid es la única Comunidad que ya no tiene la mascarilla como obligatoria. Y como en esa Comunidad no dan puntadas sin hilo, su presidenta ha privatizado el servicio telefónico para rastrear los casos.
En Totana (Murcia) se ha descontrolado el brote que se inició en un local de ocio nocturno y en las últimas 24 horas se han registrado 44 nuevos positivos, por lo que ya suman 55 casos en total, y subiendo.
Aragón detectó ayer 422 nuevos, de ellos 174 asintomáticos. La Consejeria de Sanidad, afirma que la situación les obliga a pasar a una fase 2 parte de su territorio y se restringe el ocio nocturno y se establece un cierre obligatorio a las 12 de la noche, se ordena el cierre de las peñas, se prohíbe el botellón y se establece un máximo de 10 personas para grupos.
Las cuatro provincias catalanas, a la cabeza Barcelona, es el territorio con más número de casos que han subido de los 929 en los primeros 14 días a los más de 2.000 en estos últimos. Lleida, origen del foco en la comunidad, también supera los 1.000 casos.
Escaladas importantes son las de Bizkaia o Gipuzkoa, en Euskadi, o La Rioja.
A todo lo anterior, le añadimos una realidad que llevamos años, tanto las autoridades como los ciudadanos, sin quererla ver aunque estaba ante nuestras narices: España tiene un problema grave arrastrado desde hace años con las condiciones de trabajo de los temporeros. Parece que acabamos de enterarnos de esto, y la solución más fácil aportada por los genios de nuestro país es muy sencilla: echarles, que ellos van a recoger las cosechas.
Aún recuerdo cuando no solo eran los temporeros los que había que expulsar. Todos los migrantes debían ser expulsados, porque habían venido a quitarnos el trabajo a los españoles y mucho españoles: ellos recogerán las basuras, realizarán las limpiezas de hogares, cuidarán de los mayores, etc. Y todo de manera desinteresada, solo para demostrar su patriotismo.

24 de julio de 2020
Se han registrado 2.255 nuevos casos de coronavirus hasta el viernes. De ellos, 922 se han diagnosticado en el último día. Desde el inicio de la pandemia se han contagiado 272.421 personas confirmadas por test.
Catalunya, con 1.105 (133 en las últimas 24 horas); Aragón 305, de los que 298 corresponden al último día; Madrid, con 227 (107 entre ayer y hoy); Euskadi, con 128, 49 en el último día; Andalucía, con 114 y 70 y Murcia, con 107 y 38.
Total de fallecidos, 28.432. De ellos, diez han muerto en los últimos siete días.
Las hospitalizaciones. 327 personas en los últimos siete días. La semana anterior 228. 14 ingresos en UCI, que se han dado en nueve comunidades autónomas. Catalunya 4, Castilla-La Mancha y Aragón, 2 cada una, y Andalucía, Cantabria, Castilla y León, Extremadura, Galicia y Euskadi, todas con 1. El resto de regiones y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no han reportado ninguno.
Ayuso anuncia que tomará nuevas medidas preventivas que consistirán, en limitar reuniones de personas y en un mayor control sobre el ocio nocturno. Estudia también evitar aglomeraciones de personas, limitar el número de usuarios de terrazas.
Castilla La Mancha obligará a los locales nocturnos a registra los teléfonos de los clientes a partir de la 1 de la mañana para localizarlo si hay brote Si se incumple se cerrará el local. La normativa se aprobará la próxima semana.

La cultura de la dimisión en España y el doble rasero

La exigencia de responsabilidades políticas debería constituir uno de los pilares fundamentales de la salud democrática. Sin embargo, en el ...