La realidad es cruda. Las elecciones no se ganan por hacer políticas a favor del pueblo. Nos suben la pensión, pero lo único que dicen que importa es que la subida es insostenible, pero eso si, cada fin de mes acuden a ver si ya se la ingresaron. No les importa si las listas de espera en la sanidad bajan o crecen, porque para ellos lo importante es tener un seguro privado, ya que con este gobierno no funciona la sanidad, a pesar de que saben que la gestionan las CCAA y ellos
gobiernan en once. No importa que se aumenten los recursos para la educación pública, porque donde los niños aprender de verdad es en los colegios privados o en los concertados. Da igual que ceses a tu hermano porque le vieron un día tomando una cerveza con un corrupto, porque la presunción de inocencia no existe para la derecha, el rojo siempre es culpable.
Los dos partidos de derecha tienen muy claro que las elecciones, no se ganan haciendo buena gestión de lo público, sino que de verdad se ganan controlando los medios de comunicación, manipulando las informaciones, y ahí siguen adquiriendo todos los medios posibles, cuantos más mejor. Saben que si tienen en sus manos todos los medios de comunicación les estará permitido robar, juntarse con traficantes, todo lo que se les ocurra aunque sobrepase la raya, porque si no quieren ese hecho no estará en ninguna portada o cabecera de informativo. Esa es la clave para el éxito electoral.
Vemos cómo les da igual lo que Feijoo, el PP o cualquiera de sus dirigentes hagan o dejen de hacer. Para el votante de la derecha todo les está permitido si eso ayuda a acabar con Sánchez, el enemigo público número uno. No les importa el precio pecuniario o moral que tenga que pagar todo el país para llegar a conseguirlo. Los hechos nos muestran como con los medios a su servicio han logrado que Sánchez se convierta para sus votantes en alguien antipático, en el más odiado, en el responsable único de todos los males pasados, presentes y futuros.
Pero llegados aquí, ya no se conforman solo con denigrar a Sánchez, ahora su objetivo es extender ese mantra de maldad a toda la izquierda. Les funcionó con Zapatero, luego con Iglesias, ahora también con Díaz y con cualquiera que ose manifestarse públicamente como de izquierdas.
La inmensa mayoría de la sociedad española conservadora votaría a cualquier cosa antes que permitir un triunfo de la izquierda, aunque para la lógica resulte incomprensible, viendo como con la izquierda ha mejorado el empleo, el salario mínimo, o aumentado las medidas sociales. Para ese votante es igual que la izquierda no nade en la corrupción como sus partido, porque su voto siempre es a los suyos aunque roben, porque son sus ladrones.
En este escenario de visceralidad, no puede entenderse que un gobierno de izquierdas maree la perdiz o retrase la aplicación de políticas sociales justas, por miedo perder votos entre los conservadores como consecuencia electoral por aplicarlas. Ese votante no votará izquierda aunque le lleves en brazos a la cama. Actuando así no conseguirán ningún voto conservador, sino al contrario, alejaran a muchos de sus votantes, que les verán incumplidores, incluso hasta conservadores.
Siempre se dijo que para votar la imitación, mejor votar el original.
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