viernes, 22 de mayo de 2020

Diario del coronavirus 133

Derogar la reforma laboral
La derogación de la reforma laboral, aparte de un compromiso electoral, es una necesidad social. Pero puede que hacerlo ayer como se ha hecho, lo convierta en una innecesaria insensatez. Posiblemente no era el mejor momento, ni han sido las mejores formas, y desconociéndose por miembros del gobierno. Y eso no supone, que no haya que derogar una reforma laboral que es lesiva para los trabajadores, pero la decisión en este momento, puede crear una inseguridad jurídica que el poder económico acabará utilizando en su propio beneficio y mostrándolo como una afrenta a los trabajadores por parte del gobierno, cuando derogar esta reforma lesiva, a quién beneficia no es al gobierno sino a esos trabajadores.
Si la abstención de Bildu ha sido a cambio de nada, pocos lo creerán. No es fácil entender, que pueda alcanzarse un acuerdo, para volverse atrás del mismo a las pocas horas, y poner en riesgo la coalición y la cohesión del gobierno. El acuerdo no lo conocían algunos miembros del propio Gobierno, ni los sindicatos, ni la patronal. Los sindicatos, que eran los que más exigían esa derogación, anoche se mostraban asombrados al enterarse por la prensa. Necesitamos que alguien nos lo explique. Lo más grave, es que lo ocurrido cuestiona la credibilidad del gobierno. No se negocia una cosa y la contraria.
Iglesias no ayuda a que la tormenta amaine. Calviño tampoco. Bildu ha dicho sentirse satisfecho con las aclaraciones dadas por el gobierno sobre lo acordado con ellos. UP en su acuerdo con el PSOE firmaba derogar los aspectos más lesivos, y así lo declaraba recientemente la misma ministra de trabajo, y esas dudas, de si se deroga todo o parte de la reforma, no ayuda. Dos vicepresidentes no pueden desacreditar al Presidente. Lavar en casa las prendas interiores suele ser más discreto que hacerlo en la calle.
El plan del Ejecutivo hasta el momento, consistía en derogar algunos elementos de manera urgente y abordar una reforma más amplia y profunda del Estatuto de los Trabajadores más a largo plazo. Todo ello, mediante el diálogo con la patronal y los sindicatos. Que lo rechace el PP o Vox, no puede extrañar, cuando el plan de ambos es rechazar todo lo que venga del gobierno, sea lo que sea. Que la patronal lo rechace, es lo menos que se puede esperar de quien más se ha favorecido de esa reforma. Pero que la derecha se oponga, no convierte en bueno ni el cómo, ni él cuando de ese acuerdo de ayer.
La reforma laboral del PP debe ser derogada incuestionablemente, porque así se plasma en los acuerdos para la formación del actual gobierno. Pero querer abordar un asunto tan importante, que precisa del consenso de los agentes sociales, y hacerlo en este momento, no parece un acierto. Que la voluntad de derogar la reforma sea clara, es muy positivo. La pregunta es si en mitad de la pandemia es esa la gran prioridad de hoy o es mejor ahora solo fijar la fecha de hacerlo. Puede que el electorado de la izquierda moderada, sea fácilmente manipulable por una derecha con todos los medios de comunicación a su servicio.
Pero si hacer esa proclamación ahora no parece oportuno, tampoco es admisible el argumento del PP, de que la reforma laboral actual creo miles de puestos de trabajo. Esa afirmación se debe desmentir matizar. Si se consideran puestos de trabajo, los surgidos de esa reforma, con condiciones laborales miserables, y en algunos casos esclavizantes, entonces creó puestos de trabajo. Si lo que se nos dice es que ha creado puestos de trabajo decentes, se nos está engañando. La derogación tenía que acabar llegando, porque no se puede seguir poniendo excusas para no abordarla, pero no parece haberse elegido el mejor momento para hacerlo. Puede que sean las circunstancias las que han podido propiciar el cuando, y que nadie haya elegido la fecha.
Pero el efecto más demoledor de lo sucedido ayer, va a recaer sobre el propio gobierno, que acaba de convertirse, porque ya le han bautizado así, en no fiable para muchos medios, que se muestran ansiosos por disponer de cualquier asunto con el que puedan desacreditarlo. En un momento de debilidad por la pandemia, se ha salvado una votación, pero a cambio de ha dado munición a la oposición, en un tema que, si o si, hay que abordar en un futuro inmediato, pero una vez superada la emergencia sanitaria. Incomodar a sindicatos y organizaciones empresariales, que serán los interlocutores de esas negociaciones, no parece que sea un acierto. Tampoco parece que haya sentado bien al PNV, al que el gobierno ha necesitado y seguirá necesitando. Y algún barón no se callará.
No creo que hubiese resultado tan negativo, que en lugar de salir a debatir los dos vicepresidentes, hubiese explicado el acuerdo y su alcance el propio presidente. Informar que la reforma laboral se va a derogar, que se va a hacer buscando el máximo consenso con los agentes sociales, que dada su importancia no se puede realizar de la noche a la mañana, y que el gobierno cumple los compromisos adquiridos. Puede que así, pronto hubiese sido asunto cerrado.
Pero al no hacerlo el propio Sánchez, el PP y Vox ayer no han necesitado hablar y se han limitado a reír. Si comprobamos que Aznar sigue vivo y ayer salió él. Casado y su gemelo univitelino Abascal (ambos hermanos del parto de Jose Mari), esos que siempre que hablan se equivocan, ayer, estar callados y a verlas venir, les ha resultado políticamente más rentable que seguir con sus proclamas de dudosa veracidad a las que nos empiezan a acostumbrar.
La primera consecuencia de lo ocurrido ayer, es que ya no se habla del chanchullo del apartamento de Ayuso; ya nadie está pendiente de la manipulación de los datos de la pandemia en Madrid para justificar un paso a la siguiente fase sin argumentos; ni ya se habla de que los recortes del PP, son los que están detrás de que el sistema sanitario no estuviese preparado para afrontar una pandemia como esta, como afirmaba ayer en voz alta la Comisión Europea. Eso es pasado. Se habla de la insensatez del Gobierno y de su inestabilidad, de sus contradicciones, de sus problemas internos. Una derogación comprometida y necesaria, se ha convertido en un problema innecesario.
Veremos cómo se afronta todo hoy viernes y siguientes, porque el asunto coleará días. Como dicen por aquí, no me gusta como caza la perrera. La reforma laboral debe ser derogada y dar cumplimiento a ese compromiso electoral, pero la pandemia exige actuar con prudencia hasta en eso
Empezamos que llega el fin de semana.

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