martes, 19 de mayo de 2020

Diario del coronavirus 127

Hoy os voy a comentar cuatro noticias que ayer me llamaron mucho la atención. Fueron más las relevantes, pero creo que estas tres dibujan el panorama de país que tenemos.
Primera. Los datos de la Comunidad de Madrid sobre la pandemia aparecen manipulados. Si los casos que se declaran como positivos, son los confirmados con la PCR, la Comunidad lleva unos días declarando menos de 100 casos, cuando, sin embargo, su número de casos acumulados aumenta a un ritmo de más de cien casos diarios. Esto se puede comprobar en la página oficial de la Comunidad, donde cada vez la cifra de acumulados crece por encima de los doscientos cincuenta casos diarios.
Un ejemplo de eso es que ayer aparecían en Madrid 424 casos más que antes de ayer (65.693 desde 65.269). El truco no es tal, puesto que la propia estadística dice en una nota, que la Comunidad de Madrid consolida cada día los casos que confirma con la PCR, pero les pone la fecha en la que tomó la muestra, o la fecha en la que se obtiene el resultado. Otro ejemplo, el sábado 16, comunica oficialmente 38 casos, pero tras la actualización que pasó ayer la comunidad, ese día fueron 291. Los números que declara a diario son menores, pero van creciendo conforme se van actualizando, y por eso aparecen en el total acumulado y no en su declaración diaria de casos. Esto puede pasar desapercibido a cualquiera, pero no al Ministerio. Si el objetivo de esto es conseguir pasar a la siguiente fase, queda muy claro que la salud de los madrileños les importa un bledo a sus gobernantes. Quieren pasar de fase a toda costa, caiga quien caiga.
Segunda. El diputado de Ciudadanos Marcos de Quinto, que ejerce como portavoz económico de esa formación, hoy se ha manifestado contrario al Ingreso Mínimo Vital para familias vulnerables, del que se beneficiarán un millón de familias según las previsiones del Ejecutivo. Ha dicho literalmente "Lo que proponen es un sueldo Nescafé para toda la vida". Marcos de Quinto, ex vicepresidente de Coca-Cola, cuyo patrimonio es de 47,7 millones de euros entre depósitos, acciones, participaciones y planes de pensiones según su declaración de bienes. Parece claro que debe oponerse porque la suya no es una familia vulnerable, ni necesita ese ingreso mínimo. Lo triste es que un representante de los españoles, con independencia a si le hemos votado o no, se preocupe tan poco de la situación insostenible de un millón de familias del país del que cobra como cada mes diputado.
Tercera. Odio e intolerancia en las calles de Madrid. No hay tregua ni durante el confinamiento. Un joven en Madrid que, en pleno día contra la LGTBIfobia, decidió salir con la bandera arcoíris. Fue rodeado, señalado e intimidado simplemente por lucir la bandera que él había decidido lucir. La policía se vio obligada a intervenir. Dos personas que se encontraban en la calle acudieron a protegerle de los insultos y la intimidación de los intolerantes. Los hechos pueden ser constitutivos de un delito de odio.
El hecho se produjo, cuando varios manifestantes en una cacerolada contra el gobierno, le vieron por la calle con la bandera Lgtbi. No entienden que leyes como el aborto o el matrimonio gay, no les obligan a abortar ni a casarse con alguien del mismo sexo. Son solo leyes que reconocen derechos a otros, que no recortan los de nadie, ni siquiera los de quienes ayer se mostraron intolerantes. Lo curioso es que una vez establecidos esos derechos, muchos de esos intolerantes se aprovechan de ellos en su vida privada.
Cuarta. La palabra rectificar tiene dos accesiones. La primera, corregir una cosa para que sea más exacta o perfecta, especialmente lo que uno ha hecho o dicho anteriormente; Contradecir a alguien en lo que ha dicho o escrito, por considerarlo erróneo o inexacto. El poeta británico Alexander Pope escribió: “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”. Si aplicamos esto a nuestro país, tenemos un gobierno humano (capaz de errar), una oposición que de divina tiene poco (que nada le perdona); y un gobierno rectifica (demuestra inteligencia al hacerlo).
Somos todos, víctimas protagonistas del filme “Cuanto peor mejor”, de los mismos autores de aquellas obras maestras “Váyase señor González” y “Unos hilillos de plastilina”. Si te mantienes firme en tu decisión malo, si rectificas peor. Se ha reprochado adoptar el estado de alarma tarde, pero cuando se decide que continúe y no se levante, se le reprocha que quiere mantenerlo para recortar las libertades; se reprocha que seamos el país donde más gente muere por la pandemia, pero ahora que mueren menos se le reprocha que se siguen muriendo; se nos compara con otros países y se dice que lo hacemos peor que ellos, sin saber cómo lo hacen ellos y que allí también son criticados sus gobernantes; se acusa de ocultar datos, pero todo el mundo critica los datos de los otros países por manipulados, curiosamente los mismos países con los que se nos compara. Y así un largo etcétera de incongruencias.
Ni la OMS sabía a qué se enfrentaba, ni los países del mundo entero conocían la dimensión del problema; ni los sanitarios sabíamos del virus lo que hoy sabemos. La OMS ha cambiado sus decisiones iniciales, los países las suyas, y los sanitarios hemos modificado nuestros primeros tratamientos y hoy abordamos mejor la enfermedad. Nada de esto importa, si podemos aprovechar los muertos de la pandemia para convertirlos en votos, y no solo en España, sino en todos los países del mundo haciendo de la pandemia un asunto más político que sanitario.
Esas son las cuatro noticias. La primera demuestra cómo se utiliza la mentira para justificar lo injustificable con el pase a la fase 1 de Madrid. La segunda nos enseña la insolidaridad de la clase pudiente con los más vulnerables. La tercera es prueba del odio y la intolerancia que sigue existiendo en nuestra sociedad. La cuarta es señal de un cainismo genético contra nuestro propio país que es como decir contra nosotros mismos. Si este es el país que queremos, donde reina la mentira, la insolidaridad, la intolerancia, y el cainismo, no sé que hemos aprendido con una guerra civil, cuarenta años de dictadura y cuarenta de democracia.
Esta no es la España que han construido con su sudor y sus lágrimas nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros mismos. Esa es una parte de nuestra España, que lo que me provoca no es patriotismo, sino vergüenza. Incluso ajena.
Mejor vamos por el marte.

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