sábado, 9 de mayo de 2020

Diario del coronavirus 108

Si algo debe enseñarnos la pandemia, es que un país necesita disponer de un presupuesto para ciencia y tecnología, que evite tener que buscar en los mercados mundiales, test, mascarillas o respiradores, etc. En esos mercados, el más tonto hace relojes, y quienes sonreían por el engaño al rival político, ahora enmudecen porque ellos también fueron engañados en ese mismo mercado.

Podemos culpar o decir, que fue una consecuencia de la crisis del 2008, pero lo cierto y verdad es, que no solo ahora, sino a lo largo de la historia reciente,  nuestros mejores cerebros se han visto obligados a buscar en otros países, el apoyo que aquí no encontraron. Nunca supimos valorar la importancia que tienen la ciencia y la tecnología propias, para un país. Nuestros jóvenes científicos e investigadores no están aquí. Médicos y enfermeros españoles engrandecen los sistemas sanitarios de otros países. Informáticos y expertos en nuevas tecnologías rinden para otros. A nosotros, nos tocó vivir del turismo de sol y playa, cultural, rural, de naturaleza, nos bastaba. Posiblemente nos gusta el dinero rápido.

Para el turismo, esa fuente fundamental de nuestro PIB, nos bastaba con conservar aquí a los buenos camareros, buenas limpiadoras, buenos botones, buenos recepcionistas o grandes guías turísticos. No es menospreciar esas profesiones que son tan dignas como cualquier otra, pero depender, prácticamente, toda nuestra economía de un sector terciario, nunca pareció un buen negocio, y se ha demostrado que no lo es. Si mala es la economía mundial por la pandemia, más dura nos resultará a nosotros por haber apostado todo a la carta del turismo, aunque en nuestro país tenga también un relativo peso el ladrillo.

La calidad de nuestras fuentes de riqueza en PIB, no es la mejor. Y tampoco lo es nuestra calidad democrática. Ni lo es el nivel nuestros políticos. Siempre hay excepciones, pero pocos se salvan. Un político debe estar cerca de a quienes representa. Si la gente lo pasa mal, ha enfermado, o ha perdido a un ser querido por la pandemia, debiera notar esa cercanía de sus representantes públicos. Pocos de ellos, durante la pandemia han estado ahí.  Puede que incluso todo lo contrario, han brillado por su ausencia, hasta en las redes sociales, que ya es decir. No sé, si cuando en el Congreso se les ve darse patadas en las espinillas, algunos de ellos lo hacen sabiendo lo que la gente está pasando, o lo hacen para alimentar su ego. Si lo saben, lo disimulan muy bien. Parecen hablar poco de lo nuestro, tan centrados en lo suyo.

Pero es tan fácil decir que no nos representan, como fácil es reprocharnos a nosotros, que no tenemos derecho a la queja. Porque los ponemos nosotros, y es imposible tener representantes cualificados, si representan a una sociedad que no lo esta. Si queremos que nuestros políticos sean mejores, irremediablemente, debemos empezar por mejorar cada uno y ser mejores nosotros. Estos días vivimos un ejemplo de nuestra falta de cualificación como sociedad responsable. Si se nos pide que cumplamos las medidas de distancia e higiene, y no lo hacemos, y acabamos de nuevo confinados, protestaremos. Pero será la consecuencia de las aglomeraciones, de las juergas, o de conversaciones en la calle que no tienen porque producirse en esta situación. Y eso no será por culpa de nuestros políticos, sino el fruto de nuestra irresponsabilidad como ciudadanos.

No es momento de anteponer el desgaste del gobierno, a la lucha contra la pandemia. Pero eso parece carecer de importancia, porque muchos lo repetimos con insistencia, y lo fácil es siempre buscar culpables en lugar de mirarnos al espejo. Estoy seguro que hoy veremos a algún insigne miembro de la oposición, intentar convencernos de que Murcia o Galicia pasaran el lunes a la fase 1 de desescalada, por merito de sus gobiernos regionales, no de sus ciudadanos. Y esos mismos nos dirán, que si Madrid no lo ha hecho, ha sido por culpa del gobierno del estado, y no por su mala gestión regional y por sus ciudadanos.

Lo enfermizo no es que se diga. La enfermedad, es que sin siquiera pensarlo, algunos lo creerán, sin llegar a cuestionarse si de verdad es así o no. Eso indica, que no podemos exigir nivel a quienes nos representan, si luego los representados tenemos un nivel tan bajo, que se nos convence con burdas mentiras.

Buen sábado.

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