martes, 21 de abril de 2020

Diario del coronavirus 67

REPENSAR LA NORMALIDAD
Parece que se empieza a notar una cierta disminución en la presión que ha soportado el sistema sanitario. Llevamos más de un mes notándola de forma sostenida, y parece que en los últimos días continúa, pero con alguna moderación.
Pero esa sensación de apreciar un cierto control, me hace cuestionarme si profesionalmente deseo volver a hacer todo como lo hacía antes, o por el contrario es momento de aplicar un cambio en nuestro modelo asistencial, aprovechando todo lo que esta pandemia nos ha enseñado.
No nos podemos seguir engañando. No éramos el mejor sistema sanitario del mundo. No porque no lo sean nuestros profesionales, que son de alta calidad, sino porque en su estructura, tenemos carencias y limitaciones que nos parecían no ser de la importancia que se ha evidenciado con la pandemia. Lo único que se ha salvado del naufragio es la profesionalidad de muchos sanitarios, que no solo la han demostrado, sino que a la vez han mostrado una gran solidaridad y un alto grado de compañerismo. Y además lo han hecho, cuando más presión estábamos recibiendo.
Y también merecen un reconocimiento especial nuestros pacientes crónicos, que aún necesitando recibir un seguimiento de sus patologías, han sabido quedarse en un segundo plano y otorgar prioridad a la asistencia de lo urgente por el virus, sin una sola protesta. Han sido capaces de callarse sus preocupaciones y de no presionarnos, mientras hemos estado desbordados por la pandemia. Esos pacientes han sido generosos demostrando también una solidaridad inmensa con sus semejantes.
Creo que es evidente que la nueva medicina ya no puede ser practicada de manera individual, sino que los cuidados de salud deben apoyarse y enfocarse desde un equipo multi disciplinar. Debe basarse en el uso de las nuevas tecnologías, que han demostrado su utilidad para agilizar muchas situaciones que antes requerían de la presencia física. Basarse en entender, que somos cada uno diferente y reaccionamos por eso de maneras diferentes, ante la presión que se siente en algunas situaciones. Y debe basarse en la capacidad de liderazgo que muchos tienen, y que han demostrado cuando era más necesario. Y en la capacidad de innovar en la práctica médica o de enfermería, y en el aprendizaje continuado. Pero ese modelo también debe contemplar la necesidad de disponer de tiempo para estar con nuestras familias, para reponer fuerzas, porque eso resulta imprescindible para actuar correctamente.
De ahí viene mi duda. Porque igual no debemos volver a la normalidad, en sentido literal.

NO ES DE RECIBO QUE AUN NO SE HAYAN REALIZADO LOS TEST A TODOS LOS PROFESIONALES
Lo que si resulta imprescindible, retornemos más o menos a esa llamada normalidad, es que todos los trabajadores del sector sanitario dispongan de las pruebas que acrediten si van a enfermar, si están enfermos pero son asintomáticos, o si ya han adquirido inmunidad.
Porque, que tras más de un mes de estado de alarma sanitaria, y con más de 31.000 compañeros y compañeras contagiados, todavía sigamos sin realizar los test a todo el personal sanitario, no es para repensar la normalidad, si no para afirmar alto y claro, que eso no es normal, que salvo desconocimiento de una causa mayor, no puede continuar siendo así. Que para que se realice un test a un sanitario, tenga previamente que presentar clínica, es como decir que debes sufrir el accidente para revisar los frenos al vehículo.
No creo que hubiese sido tan difícil, establecer una serie de criterios, para en base a ellos, ordenar en un listado a todos los profesionales para su realización. Nadie ha hecho públicos esos criterios, por lo que si no se han establecido, los test se hacen de forma no reglada, lo que crea dudas de porque a aquel si se le realiza, y a este no. Es asumir por los gestores de este asunto, un desgaste político innecesario, que el establecimiento de esos criterios les habría evitado.
Y si el problema es que no se dispone de los test suficientes, esos criterios habrían permitido realizarlos en aquellos profesionales para los que su práctica diaria los haga más prioritarios. En los desastres, siempre hay oportunidad para mejorar, y en esta pandemia hemos constatado, que nuestras oportunidades de mejora son muchas.
Buenos días y a por el martes.

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