viernes, 11 de septiembre de 2015

DONDE DIJE “DIGO”, DIGO “DIEGO”




Durante la feria de Albacete se ven las cosas de manera muy diferente por los albaceteños y albaceteñas. Aunque sea gallego, ese espíritu ha debido alcanzar también al presidente del gobierno, que esta semana ha cambiado de manera drástica su percepción sobre el asunto de los refugiados. De entenderlo como un problema inasumible para nuestra economía, ha pasado a contemplarlo como una oportunidad para conseguir algunos votos.

A estas alturas, afirmar que este Gobierno está obsesionado con que existe un  riesgo real de que pueda perder las próximas elecciones generales, resulta algo obvio. Para intentar que eso no les ocurra, Rajoy y sus muchachos son capaces hasta de vestirse de hermanitas de la caridad, y eso es lo que en este caso  han hecho, presentándose para ello como personas semejantes al común de los mortales, con piel y hasta con sensibilidad. De la noche a la mañana han cambiado su inicial discurso xenófobo,  pero sin dejar los principios del PP de toda la vida, porque rectificando cumplen con aquella afirmación de Fraga, que señalaba que su partido "solo acierta cuando rectifica".

A la declaración de la reina madre, Angela Merkel, dispuesta a acoger hasta medio millón de refugiados, junto a la buena acogida que les han dispensado los alemanes,  y a la disposición a colaborar de otros países europeos, se ha sumado la puesta en marcha de una red de ciudades de acogida en nuestro país, y todas estas situaciones han sido claves para producir un cambio en la postura de nuestro gobierno, desde un posicionamiento inicial no solo impopular sino hasta ridículo.

Con ese cambio sin explicaciones, una vez más el gobierno nos demuestra que en la política española, hoy se puede decir una cosa y mañana la contraria, sin que aparentemente ello le suponga ningún desgaste en las urnas. Ni la postura inicial del gobierno respondía a un análisis preciso y serio de la realidad, ni tampoco ahora ha necesitado realizar un análisis correcto. Su cambio de posicionamiento se debe al miedo a una reacción social que le ha quitado la iniciativa.

Esa respuesta ciudadana les ha obligado a cambiar, buscando agradar a un electorado que desconfía de ellos tanto por su derecha como por su izquierda. Han debido llegar a la conclusión de que si la sociedad se activa frente a ellos, electoralmente no tienen nada que hacer, y más conociendo que tras una gestión antisocial de la crisis no las tienen todas consigo y que su situación es bastante más vulnerable de lo que los medios afines nos quieren hacer creer.

En su intento por reconciliarse con un sector de la población, Moncloa ha viajado sin un argumento creíble, del “imposible que venga ningún refugiado porque tenemos mucho paro”, a ver a todos nuestros ministros llorando por las esquinas de esos medios de comunicación por el impacto que dicen les ha causado la foto del pequeño sirio ahogado en una playa europea. Parece que los otros cientos de miles de muertos de esa guerra (niños, mujeres, jóvenes, adultos y ancianos) hasta ahora no han existido o eran desconocidos para estos genios de la política derrochadores de bondad cristiana que componen el gabinete mariano.

El impacto ha debido ser tal, que ahora afirman que aceptaremos todos los refugiados que nos diga la UE. Hasta ahora para nuestros hoy tan humanitarios gobernantes, la crisis de los refugiados solo era un problema económico. Sin embargo, tras la intervención de Juncker (otro que  también de la noche a la mañana se ha humanizado por arte de magia), unido a que Rajoy cada vez se muestra más servil con la Comisión Europea por carecer de un discurso propio, han bastado para corregirle el rumbo. Eso sí, con alguna disensión interna, puesto que no hace ni dos días, Margallo afirmaba que “no acoger refugiados para nuestro país era debido a una cuestión presupuestaria”.  Hoy ya somos de nuevo un país rico.

Lo cierto es que ha bastado la movilización social ante las imágenes en las fronteras de Europa, para que el gobierno quiera ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Las elecciones han vuelto solidarios a Rajoy, Sorayita, Margallo, Montoro, y toda la corte celestial que rodea al desde hoy conocido como Mariano Primero el sensible. Ya sabemos que en España la proximidad de las elecciones obra milagros, y este es uno más, por eso se han colocado al frente de la manifestación.

Si alguien solo ha seguido este asunto en la última semana, acabará convencido de que nuestro gobierno estaba esperando a los refugiados con los brazos abiertos desde que llegó a la Moncloa. Claro que como en otros muchos asuntos la hemeroteca les traiciona, y no pueden borrar las frases como las de su candidato en Cataluña y otras lindezas de miembros del PP rallantes con lo xenófobo, no hace tanto tiempo, aunque hoy traten por todos los medios a su alcance que nadie las recuerde. Más que la gavota, su símbolo debería ser el camaleón, porque en el PP son camaleónicos y les ha bastado un cambio en el estado emocional de los ciudadanos para cambiar su percepción sobre esta situación y a prometer lo que antes rechazaban.

Pero no hay problema con ese cambio, para el capitalismo lo importante sigue siendo el dinero. Por eso les ha faltado tiempo para anunciarnos que solucionaran el problema de los refugiados bombardeando sus países de origen. Y por si los beneficios en el negocio de la exportación de armamento no les resultan pingües, hay están Rosell y la CEOE para recordarnos que los refugiados pueden representar una nueva oportunidad para abaratar nuestra mano de obra, y mejorar nuestra competitividad empresarial.


En cualquier caso, si las desorbitadas cifras de paro garantizaban la movilidad exterior de nuestros jóvenes, o las inundaciones suponían agua para  nuestros embalses, ahora nuestro gobierno ha decidido que con refugiados o sin ellos en época electoral a ellos les salen las cuentas. El PP en campaña, cada vez se muestra más como dúctil y maleable, pero pese a que ahora se presenten como los abanderados de la solidaridad, ese cambio solo genera una pregunta y es sobre economía ¿Cuánto vale un refugiado para el PP?

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