miércoles, 21 de enero de 2015

PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE


En solitario en el Congreso, el PP ha aprobado su reforma del Código Penal. Con esa aprobación, hace caso omiso al manifiesto elaborado por más de sesenta catedráticos de derecho que se oponían a los contenidos de esta reforma, al  entender ellos, que atenta contra la dignidad humana. Pero poco importa la dignidad humana a Rajoy y los suyos en año electoral, si con esta maniobra pueden asegurarse un buen puñado de votos.

La gran novedad es la figura de la “prisión permanente revisable”, forma descafeinada de llamar a la cadena perpetua. El texto considera los supuestos en que será aplicable, denominándolos “casos de excepcional gravedad”. Tales serían los asesinatos especialmente graves, homicidio de  jefes de Estado, genocidio y crímenes de lesa humanidad. En estos casos, la pena puede ser revisable a los 25 o 35 años, pero lo verdaderamente perseguido con la reforma, es que sea posible el internamiento de por vida.

Nadie puede garantizar la imparcialidad de esa revisión, siempre a expensas del momento político y social en que se realice. Basta con ver, como con los recientes asesinatos yihadistas en París, o el 11 M y ETA en nuestra memoria, para entender que esta medida puede parecer adecuada y contar con un amplio apoyo ciudadano hoy, que seguro no tendría en otras circunstancias. Esta cadena perpetua ligth es una vieja aspiración del PP, que ya en la última reforma del Código Penal se abstuvo, precisamente porque este planteamiento no se contemplaba.

Sus promotores están pensando en que les reporte réditos electorales. Tanto acusar de demagogia o populismo a todos los planteamientos de la oposición, cualquiera que fuese el contenido de sus propuestas, cuando el PP sabe que no hay nada tan “populista” como endurecer las penas de cárcel en año electoral, con la sangre aún caliente. Cualquier país serio, antes de darse nuevas leyes, haría bien en cumplir y hacer cumplir las que ya tiene, de lo que el nuestro no es precisamente el mejor ejemplo.

Una ley de esta importancia se debe intentar que sea fruto de un consenso, y no una imposición del gobierno de turno. En tres años de legislatura del PP, casi todo lo importante lo ha hecho en solitario, lo que demuestra que con ellos el consenso solo se puede alcanzar, si se acepta hacer lo que ellos quieren hacer. Gobernar con encuestas de opinión de cada momento, es la mayor forma de desgobierno, y una muestra clara de absolutismo populista.

Si la Constitución del 78 (esa que el PP no quiere modificar) dice que el objetivo de nuestro sistema penal es reeducar para la reinserción social, podría ocurrir que el Tribunal Constitucional tenga que pronunciarse, porque seguro que alguien recurrirá la reforma, y de ser declarada inconstitucional, las sentencias en las que se condenase a esta pena ahora aprobada, podrían ser declaradas nulas y poner a esa gente en la calle. Precisamente lo contrario que con la reforma se persigue, una gran paradoja.

Cualquiera conoce, o hasta ha sido víctima indirecta de ellos, delitos que a primera vista son merecedores de castigos ejemplares. Incluso son conocidos los casos de gente que condenados y cumplida la pena, han salido para volver a delinquir, y vemos que en esos casos existe una verdadera incapacidad de reinserción. Pero esos casos son minoría, y no se puede legislar para una minoría ni sobre casos concretos, porque un Estado de derecho debe legislar para todos fijando sus normas, pero no haciéndolo sobre lo excepcional. Una democracia siempre tiene alternativas, sino no es democracia, y la prisión permanente revisable no es imprescindible.

Si ejercer la oposición es el arte de prometer aquello que el gobierno no puede asegurar, el PP se está haciendo oposición a sí mismo porque no puede garantizar que esa reforma se aplique. El PP está tan pendiente de lanzar sus mensajes electoralistas en los medios, que se olvida de que puede tener los días contados en el ejecutivo, y  reformas no consensuadas pueden ser papel mojado en noviembre. Esperemos el dictamen del Senado pero me temo que no cambiará nada, y que tras las elecciones estaremos en un “vuelta a empezar” para los cansados y sufridos españoles.

En todo caso, este gobierno en sus tres años, resulta casi tragicómico. Si a la “emigración de jóvenes” la denominó “movilidad exterior”, y ahora a lo que es “la cadena perpetua” ha decidido bautizarla como "prisión permanente revisable", cualquier día puede llamar a la “pena de muerte” algo así como “viaje intergaláctico sin retorno”. Produce risa, pero es para llorar.


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