miércoles, 15 de abril de 2020

Diario del coronavirus 55

El ambiente apesta a gasolina
Desde el inicio de la pandemia, a los sanitarios nos ha tocado estar en primera línea. Cuando todo pase, que lo hará, volveremos a lo que es habitual en nuestras consultas, una actividad más atenuada, aunque siga siendo intensa porque siempre lo es. Nadie se podía imaginar que una pandemia podía asolar Europa, nos ha pillado con el pie cambiado, y nos ha tocado dar el callo.
Pero esa aparición súbita del problema, no exime de responsabilidad a quien o quienes, no hayan actuado correctamente cumpliendo con sus obligaciones. En un estado de derecho, todo es reclamable, defendible, juzgable y sentenciable. Hoy la viuda de un sanitario culpaba al gobierno de ser el responsable del fallecimiento de su marido. Lo hacia en el ejercicio de su derecho a exigir responsabilidades. Las debe y puede exigir no solo al gobierno, sino a cualquier entidad, institución o persona, cuyo comportamiento en esta pandemia no se haya adaptado a lo legalmente establecido, y si considera que ese incumplimiento, sea el desencadenante de la muerte de su esposo.
Pero no es este un caso aislado. Por lo escuchado, leído, y lo que se mueve en las redes sociales, puede que a la sobrecarga de trabajo de los sanitarios, le continúe no muy tarde, una parecida de los despachos de abogados y de los juristas.

Son muchas las situaciones que pueden ser objeto de denuncia en esta vorágine de situaciones: residencias de mayores, negligencias de actuación, errores diagnósticos, errores en el tratamiento, incumplimiento de protocolos, desprotección del trabajador sanitario, etc. Todo lo acontecido, puede y será objeto de un minucioso estudio, y una vez realizado este, en muchas ocasiones se destinará procedente la judicialización del caso.

No solo se limitarán las denuncias y reclamaciones a lo asistencial, sino que también serán a aspectos laborales como si haber enfermado es accidente laboral en algunas profesiones, o se trata de una enfermedad común en otras; por no haber dado una baja laboral a quienes por sus patologías corren un riesgo si se incorporan al trabajo; por si el trabajador no ha tenido suficiente información, o fue escasa o inadecuada, y eso le ha llevado a una situación de riesgo, etc.
Tampoco se irán de rositas las funerarias de esa ola de reclamaciones. Pero sobre todo, la mayoría de ellas se dirigirán contra la administración por responsabilidad patrimonial. Cada caso se estudiará de manera individual, pero seguro que muchas reclamaciones se probara que fueron justificadas.
Si el nuestro es un estado de derecho, se debe confiar en nuestra justicia, al menos bastante más, que a comentaristas y leguleyos televisivos, que se permiten ya, condenar sin juicio previo. Asistimos a linchamientos mediáticos programados. Lo cierto es que entre las noticias falsas de unos, el arrojar la piedra y esconder la mano de otros, la exageración de aquel, la interpretación interesada que del de mas allá, unos medios de comunicación que no podemos olvidar que son la voz de su amo, y muchos españoles con sus seres queridos muertos aún calientes, se configura un escenario con un cóctel de interese, muy peligroso para una democracia. Si a eso no somos capaces de ponerle freno entre la gran mayoría de demócratas, algunos se estarán frotando las manos viendo como el concepto de "estado democrático de derecho", empieza a hacer aguas.
Puede que el motivo de que eso suceda, sea el no haber sido exigentes en nuestra forma de entender la gobernanza, de este país, pero ese río revuelto de hoy, permite que algunos pescadores obtengan pingües beneficios. Siempre entendí como un grave error de nuestro ordenamiento jurídico, que la participación ciudadana fuese solo una más de las muchas promesas electorales que nunca se materializarse en mecanismos que las posibiliten.
Que en la gestión de las administraciones, se hubiese implicado a la sociedad civil en la toma de decisiones, no solo sería positivo en una situación de pandemia como esta. De haber existido el convencimiento de que la participación ciudadana es un elemento indispensable, por su importancia como vertebrador de la sociedad y el Estado, otro gallo nos cantaría.
La participación del movimiento de consumidores y del movimiento vecinal en las decisiones, hoy hubiese servido para que una situación de alarma sanitaria se estuviese entendiendo y viviendo de una manera muy diferente a como lo estamos haciendo, con crispación, sin ninguna autocrítica, y responsabilizando de los errores al rival, atribuyendo los aciertos como propios, sin admitir que todos podemos hablar a la vez que todos tenemos porque callar.
Pero nuestro país se empeñó en otorgar a la participación de la sociedad civil organizada, un carácter meramente consultivo, en lugar de apostar por hacer de la nuestra una sociedad moderna, vertebrada y participativa. Pueden ser los atavismos que nos quedan de cuatro décadas de franquismo, pero no haberlo hecho en su momento, hoy tiene un coste social incuestionable.
Cuando acontecen circunstancias que requieren que se anteponga la unidad de social frente a un problema común, el dejar todas las soluciones en manos de los representantes de los partidos, acaba provocando la indefensión ciudadana ante el problema. Sin quererlo, con este todos contra todos se le está tendiendo un puente de plata a los discursos populistas, que aprovechan el dolor ciudadano, para alcanzar sus fines, a veces espureos, pero siempre oportunistas.
Nos estamos equivocando, al dar nunca por seguro que por parte de la administración todo se ha hecho mal, aun pudiendo ser así hasta que se demuestre, y sabiendo que no lo será, al menos, mientras no se demuestre lo contrario. Nos estamos olvidando del principio de la presunción de inocencia de cualquier individuo, que es un derecho fundamental recogido por la Constitución, y no podemos dar por hecho exactamente lo contrario, como algunos parecen entender y extender.
La ley siempre terminará imperando, aunque lo haga con su cansina lentitud. Mientras tanto, mejor mantener el respeto y las formas, por mucho que pueda costar en algunas circunstancias de la vida.

Si nos dejamos jalear, calentar el ánimo, o engañar por voces sin escrúpulos, le estaremos haciendo su juego a quienes buscan desestabilizar las instituciones, que comienzan por sobredimensionar lo negativo de una situación, para luego presentarnos para que le estrechemos la mano a un gran salvador nacional, un caudillo que con grandes ideas como "quieto todo el mundo, al suelo". Solo buscan tirar por tierra lo que tanto nos ha costado construir, con la complicidad de algunos ciegos por un dolor personal e íntimo, fácilmente confundible con el deseo de venganza.

Pregunta ¿alguien se imagina el caos que provocaría, que en estás circunstancias de pandemia, se hiciera caso a la nueva versión del clásico "váyase señor González" que algunos exigen, y dimitir de el gobierno? 

Yo sí lo imagino, y llegado ese caso, sería terrible no solo afrontar la pandemia, sino mantener la convivencia pacifica entre todos. Hasta quienes ven en eso la única solución aceptable para ellos, deberían pensarlo dos veces antes de seguir por ese camino.

Mejor, respetar siempre la ley y siempre creer en ella aunque en ocasiones no acierte. Salvo que se quiera caminar hacia un frentismo irreconciliable, y se desee el retorno las dos Españas que decía Machado. Esa división, al parecer tan deseada por quienes siguen arrojando gasolina al fuego, afirmando que quieren apagarlo en nombre de la unidad del país, lleva a un siniestro pasado.
Igual es el olor a gasolina lo que apesta en el ambiente. Toca abrir las ventanas para ventilar.
Buenos días. Vamos por el miércoles que tenemos muchos tajos abiertos.

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