lunes, 13 de abril de 2020

Diario del coronavirus 52

Demasiados miedos
Entre estrictas medidas de seguridad, esta mañana, muchos de los españoles han salido a trabajar, y lo hacen con miedo. Porque la incertidumbre causa inseguridad, y está provoca miedo.
Hay la sensación de que no hubiese pasado nada por permanecer unos días más sólo con las actividades esenciales aunque algunos expertos aseguran que la prolongación de los confinamientos más estrictos no ayudan tampoco en la lucha sanitaria. La duda sobre si la decisión es correcta o errónea, provoca miedo a un repunte inesperado que prolongue los días de confinamiento. La prudencia es enemiga del miedo, y un exceso de prudencia causa menos miedo que la imprudencia.
Del otro lado el miedo en lo económico. El dinero es cobarde y a quien ño tiene, le contagia su miedo a perderlo. Tal vez por eso, hay quien sólo piensa en la economía, y solo ve una solución: seguir produciendo, y así mientras trabajamos, nos olvidamos del miedo a la pandemia. Es la teoría esgrimida ayer por el alcalde de Madrid, que se mostró como el rostro de la derecha moderada, pero sin parar de lanzar puyas al gobierno del Estado, y halagos a la gestión de la presidenta de su Comunidad por una magnífica gestión que solo ve él y los medios afines a su partido. La falta de autocrítica da miedo, aunque sea un mal de todos los dirigentes, aunque en algunos más por ser mayor la responsabilidad que tienen.
Lo cierto es que un enfermo daría todo lo que tiene por recuperar a salud. Mientras que el enfermo que no tiene nada que dar, se resigna a tener miedo, y esperar que lo publico se lo quite. La desigualdad social da miedo.
Muchos empiezan a sentir miedo, al consumo en exceso que hemos mantenido este pasado siglo, y a que tras la pandemia no cambiemos nuestra voracidad. Si la economía está cayendo, es porque confinados compramos menos,sólo lo que necesitamos. Atrás quedaron las luchas por el papel higiénico, que eran por miedo. Esta situación nos está enseñando la cantidad de cosas superfluas que somos capaces de comprar y consumir. Con el confinamiento muchas de nuestras necesidades imperiosas han desaparecido. Cambiar de actitud y preservar los recursos naturales, es una manera de reducir el miedo a un mañana aún incierto.
Y existe miedo al odio. En esta situación de miedo colectivo, lo único que no decrece, sino todo lo contrario, es el odio. Al otro, al distinto, al diferente, al que no piensa como yo, al que no cumple las normas como yo entiendo que hay que cumplirlas. El odio crece con el miedo, y el miedo crece con el odio, porque se retro alimentan. Quienes son expertos en alimentar el odio, lo primero que siembran es el miedo. Es su plantación de miedo colectivo, la que alimenta el odio hasta entre amigos de siempre, y esa es la situación en la que ellos mejor se manejan. Desechar ese odio, es desterrar el miedo colectivo y sembrar la esperanza, un sentimiento que a quienes se apoyan en el odio les estorba y les impide manipular.
Miedo a no vencer la pandemia. Saber que son más de veinticinco mil los sanitarios que han enfermado, da miedo. No solo porque nos demuestra que ese colectivo corre más riesgo, sino porque nos hace ver que se puede morir aún sabiendo de cuidados para la salud. Miedo al riesgo que corren los ciudadanos si sus sanitarios enferman. Quitaría mucho miedo colectivo, saber que si tu médico o tu enfermera ha sido contagiado, saber si aún nos puede contagiar o si ya ha pasado la infección y la inmunidad que ha adquirido le permite volver a atenderlos, a tocarnos, como siempre hizo en su consulta. Da miedo pensar, que si los test de diagnostico de su estado, ya han sido enviados a las CCAA, solo una mala gestión puede justifica el retraso en su realización. Saber que quien nos debe cuidar, está en condiciones de hacerlo, también quita mucho ese miedo de todos.
Sobran miedos en esta pandemia. No solo hay miedo a la enfermedad, a la muerte, a no poder cubrir nuestras necesidades de mañana, a que se prolongue la situación, o al batacazo aún mayor de la economía, o a la división social. Todos esos miedos están hoy presentes . Pero el mayor miedo, ese que si puede atenazar-nos para largo tiempo, es sobre todo, el miedo a ser incapaces de aprender la lección de esta pandemia: que es necesario gobernarnos globalmente de manera muy distinta a como lo hemos hecho hasta ahora.
La plaga temible no es la del virus, aunque sea terrible. La gran pandemia es el hombre contra el hombre, y no con el hombre
Buen lunes y mucho cuidado quienes estéis obligados a salir.

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