domingo, 12 de abril de 2020

Diario del coronavirus 51

Domingo 12 de abril 2020
Algunos días consigo no ver ningún informativo, y lo hago de forma consciente. Demasiado olor a muerte. Demasiada utilización de la muerte para condicionar nuestra vida. Y últimamente la imagen de féretros, o enseñarnos escenas de dolor, ha comenzado a superarme.
La utilización del dolor de la gente, de los cadáveres, como instrumento eficaz en el intento por derribar al gobierno, aunque la mayoría social afirme que habrá tiempo para exigir cuentas, es algo que en esta España nuestra, es ya un síntoma “typical spanish”. Los datos
ESPAÑA 
Casos confirmados 166.019. Son 5.167 más que ayer sábado.
Fallecidos 619. En total ya 16.972. Suponen una bajada con respecto a los datos de hace una semana,(674). 
Más de 62.000 pacientes han recibido el alta.

OTROS PAÍSES 
EEUU Contagiados 532.879 Falle. 20.557 Altas 30453
Italia Contagiados 152.271 Fallecidos 19.468 Altas 32.534
Alemania 125452 contagios 2651 fallecidos 57.400 altas
Francia 129.656 contagiados, 13.826 fallecidos, 26.321 altas
Reino Unido 78.991 contagiados, 9.825 fallecidos, sin datos de alta
Mundo 1.779.743 contagios, 108.779 muertes, 402.659 altas

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El Covid-19 ha demostrado lo frágiles que somos los humanos, incapaces de cooperar, de actuar juntos, de coordinarnos. Somos incapaces de controlar cosas que creíamos tener bajo control. Los médicos y los científicos no hemos sido capaces de aprender los unos de los otros. Los expertos dieron como hechas algunas realidades, que no eran ciertas La clase política mundial, menos aún.
Las políticas de austeridad acabaron con el compromiso de los gobiernos de proteger a sus ciudadanos. Todos afirmaban las bondades del mercado, del menos Estado, del nada de intervencionismo. Da igual ahora cuales fueron los motivos para aplicar esas decisiones, pero la consecuencia de adoptarlas es que no estábamos preparados para esto que se nos vino encima.
Todas las grandes epidemias que han afectado al hombre las causaron virus que nacen en los animales y luego saltan a nosotros. El Covid-19 es uno más o una variante de alguno de los anteriores. Todos tenemos nuestra parte de culpa por haber ignorado la información de la que ya disponíamos. Somos unos desmemoriados.
Ya ocurrió con el SIDA, que desde su aparición como VIH en los 80, las cifras asustan. 75 millones de personas se contagiaron y 32 millones de personas han muerto por ese virus. ¿Para que alarmarnos? Hoy creemos haberlo vencido, porque ya lo consideramos como una enfermedad crónica.
Del libro de Laurie Garret La próxima plaga. "Mientras el género humano se pelea entre sí, la partida cae del lado de los microbios, que ganan terreno. Son nuestros depredadores y vencerán si nosotros, homo sapiens, no aprendemos a vivir en una aldea global que deje pocas oportunidades para los microbios". Era un aviso, se publicó en 1994. El entrecomillado era su conclusión.
"La veloz contención del SARS es un éxito de la salud pública pero también una advertencia. Si el SARS sucede de nuevo, los sistemas sanitarios de todo el planeta recibirán una presión extrema… Una vigilancia continua es de vital importancia". Es la conclusión del análisis realizado por el Instituto de Medicina de Estados Unidos en 2004 en el que evaluaba las lecciones que nos había dado el brote del coronavirus SARS de 2003.
El mundo no ha hecho ni puñetero caso a esas advertencias. Nunca se ponen en marcha las lecciones aprendidas. Ya se están volviendo a anteponer en todo el mundo (en nuestro país también se intenta que así sea), los criterios de la economía por delante de los sociales y de los de la sostenibilidad, y eso que el goteo de cadáveres en todo el mundo es incesante.
El LUNES ALGUNOS TRABAJAN
Muchos exigen el retorno a la actividad laboral cuanto antes, pero ellos permanecen en su confinamiento. Lo justifican exigiendo medidas sanitarias para evitar la hecatombe económica: pruebas diagnósticas, serologías masivas, encuestas telefónicas, mascarillas, gel, seguimiento de cadenas de contagios, una estrategia de salida del confinamiento, tratamientos eficaces.
Yo también, claro que sí. Pero mientras eso llega, quienes acuden a los tajos son sus empleados no ellos, quienes pueden contagiarse son los de abajo. Si se contagian los de arriba, siempre podrán encontrar una plaza en una de las camas de UCI, esos que nos dicen que están sin ocupar en la sanidad privada. Tenemos derecho a defender nuestra salud y la de nuestras familias por encima de los intereses de una patronal insensible y cortoplacista. El mensaje de esos sectores es genial: hay que pensar y trabajar, en lugar de augurar que estaremos fastidiados durante meses. Eso sí, yo pensando y tú en mi empresa.
CONCLUSIÓN PERSONAL
Debe haber un antes y un después en toda la humanidad. Si no lo consigue el Covid 19, que ha hecho temblar los cimientos de todos los países, aunque algunos disfracen sus cifras de afectación, y continuamos en la complacencia, lo único que podemos hacer es esperar a que llegue la próxima plaga.

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