lunes, 30 de marzo de 2020

Diario del coronavirus 29

27 Marzo 2020, Día trece
No soy supersticioso, pero hoy es el día 13 de permanencia en nuestros domicilios. Muchas cosas que comentar. Empiezo por los datos.
Según los datos del Ministerio de Sanidad, hoy hemos contabilizado los 64.059 casos (7.871 nuevos, un incremento del 14%); 4858 fallecidos (779); 9357 altas por recuperación, 2.342 más que ayer (también esta cifra muestra su mayor incremento en un día); tenemos 36.293 hospitalizados. Los datos empiezan a invitar a un cierre de industria, construcción y fábricas.
Mientras seguimos a la espera de que el crecimiento del brote se frene. Pero es fácil desesperar en esa espera, si los fallecidos se siguen duplicando cada pocos días. Vamos a necesitar más días para ver un cambio claro en la tendencia, y el primer sitio donde ese cambio dará señales será en las UCIs (hoy tenemos 4.165 en ellas) y luego se verá ese descenso en el número de fallecidos.
Terrible el dato de sanitarios que han dado positivo., casi 9.500 y con muchos pendientes del test de diagnostico. Han pasado en cinco días de un 12 % a un 14 % del total del país. No vale culpar a los contagios domésticos de este colectivo, ni se han tomado medidas drásticas en la protección, es insuficiente el material del que se dispone, y el que tenemos no es precisamente de mucha calidad. En muchos casos aguantamos por la solidaridad ciudadana y el ingenio.
Las pruebas rápidas no acaban de llegar, y esa sería la manera de que tras su realización, permitirían que los profesionales de la sanidad aislados en sus domicilios pudiesen reincorporarse porque nos harán falta. Alguien preguntó hace unos días cuantos estaban en esta situación en Albacete, hoy me han comentado, aunque no hay cifras oficiales, que son alrededor de 600 en esa situación.
Muchos miran hacia Alemania, convencidos de que allí se mueren menos. Lo he dicho en días pasados, allí mueren menos porque el virus llegó más tarde y detectaron rápido esos primeros casos y los aislaron pronto, pero que su curva se parezca a la nuestra es una cuestión de tiempo. Ojala me equivoque.
Atención Primaria.
Muchos los que estamos en primera línea, haciendo frente a los casos de infección. Ponemos todo lo que está en nuestra mano, pero con medios insuficientes. No solo falta protección para pacientes y sanitarios, sino también recursos farmacológicos, organizativos y de personal. Una encuesta de hace diez días, en centros urbanos y rurales de toda España señala una preocupación entre los sanitarios de 8 sobre 10; una valoración del nivel de protección que sentimos de 4 sobre 10; para protección a los pacientes, el 37% no disponía de material para ello; medios de protección de profesionales, un 41,5% afirmaba no disponer.
Otros aspectos. Sólo el 50,8% de profesionales disponía de solución hidroalcohólica; sólo el 42,4% tenía contenedores de residuos; sólo el 14,9% disponía de mascarillas FFP2 y FFP3; solo un 70% de los consultados tenía guantes de protección; sólo un 16% tenía batas impermeables y otro 16% protectores oculares. Y el peor dato en mi opinión: solo un 70 % había recibido la formación suficiente para ponerse y quitarse con seguridad los equipos de protección y al 42% no le habían comunicado el procedimiento de actuación ante el paciente en aislamiento domiciliario. Es una encuesta, pero pone los pelos como escarpias. No es solo disponer de material, sino de saber ponértelo y quitártelo, y saber cuándo y cómo usarlo. En toda España.
No se puede negar que estamos ante una situación imprevisible y con un impacto brutal, pero cuando esto termine (que lo hará), la situación en la que trabajamos los profesionales de atención primaria tiene que cambiar.
Hospitalaria
La situación de los Hospitales españoles ya ha sido dantesca en algunos lugares. Puede que acabe siendo la misma en casi todos a medida que la pandemia avance. El primer problema era la falta de protección y de material para atender situaciones límite, pero creo que pronto empezaremos a añadir a eso el problema de ver a nuestros sanitarios exhausto, no solo por la presión asistencial que soportan, sino por la impotencia emocional que algunas situaciones provocan.
Albacete no es diferente a otros lugares, y su hospital está sufriendo esa situación. Todo se ha agravado en esta semana, con picos de ingresos que han desbordado su capacidad asistencial. Lo hemos visto en medios nacionales, con imágenes de pasillos en condiciones asistenciales impropias de lo que merecen nuestros pacientes, y de lo que sería lógico contemplar, dada la capacidad profesional de nuestro personal sanitario. Siempre hemos presumido de tener la mejor sanidad del mundo, pero el bicho ha venido a demostrarnos, que no era así. Lo que tenemos son los mejores sanitarios del mundo, que no es lo mismo.
La situación de inseguridad desata el nerviosismo. Para una plantilla desbordada por la falta de recursos, mermada por bajas, y en ocasiones obligada hasta a priorizar pacientes, las declaraciones del responsable del centro resultaron como nombrar la cuerda en casa del ahorcado. Nadie que esté al frente de una entidad hospitalaria inmersa en esta situación, lo tiene fácil. Pero si lo que se pretendía era transmitir tranquilidad a los trabajadores y a los ciudadanos, el efecto fue totalmente el contrario. Unos habían presenciado esas situaciones con sus ojos, y otros vivido en sus carnes esa espera para obtener una cama. Afirmar que todo estaba bajo control resultó un error de bulto.
Lejos de admitir la realidad, de informar de las medidas previstas a adoptar, de respaldar a los trabajadores, y de exigir públicamente a sus superiores (regionales y estatales), soluciones urgentes al problema que se está viviendo, se opta por asumir un marrón en solitario. Una imagen no puede negarse con palabras, aunque tenga explicación. En lugar de tranquilizar, el efecto fue provocar el desánimo y la rabia entre el personal del centro.
Pero alguien que tiene esa responsabilidad en este momento crítico, merece reproches duros y críticas, a ser posible constructivas, pero no los improperios y las descalificaciones que ha recibido, muchas de ellas procedentes de quienes cuando se produjeron los recortes a nuestro hospital se callaron, y a muchos de ellos nunca se les vio participar o apoyar las mareas en defensa de una sanidad pública. Posiblemente porque protestar entonces no les parecía políticamente correcto. Hacerlo en esta situación, tampoco lo es. Toca arrimar el hombro y dejar las facturas para su momento (que llegará). Y además, atrévanse a agitar el árbol, no se ceben con las ramas. Claro que a lo mejor, tan poco ven eso como lo políticamente correcto.
La enseñanza a sacar es, que como en AP, también en la hospitalaria tiene abrirse un debate que profundize en qué modelo hospitalario necesitamos. Pero nada volverá a ser como antes, porque nada de lo que está aconteciendo puede volver a repetirse. Y un complemento, más urgente: Las residencias de mayores, por el tramo de población donde la letalidad del virus se ve incrementada. Así como la población rural envejecida, precisan un especial cuidado en estas circunstancias, ellos no puede esperar a que todo pase, porque lo terrible en ellas ya está pasando, y precisamente nuestros ciudadanos mayores son quienes menos merecen desatención.
Pinceladas
Demasiada insolidaridad de una Europa, que como siempre, solo tiene un interés: el económico, donde sus pesos pesados son contrarios a que primen las personas sobre los beneficios. Seguro que nos vuelven a proponer políticas austericidas para salir de las consecuencias del bicho. Alemania y Holanda no pueden ser siempre las niñas bonitas. Toca legislar y controlar para no repetir errores.
España no debería ser hoy el cuarto país en hacer recortes en su Sanidad (solo detrás de Grecia, Islandia y Portugal). Esto ha hecho, que el gasto sanitario español sea de 3.323€/ habitante, mientras que es de 5.896€/habitante en Alemania. Igual ese dato tiene mucho que ver en las estadísticas de muertes nuestras y las de ellos, y no todo es culpa de los “tontos del Ministro y F. Simón”. Ocurrió en tiempos de un tal Mariano.
Y qué decir de nuestros dirigentes, entre quienes hay demasiada gente buscando rédito político de todo. Algunos incluso se dedican a especular y sembrar odio. Cada cual puede afirmar lo que considere que le concede ventaja, pero todos saben que en ningún país se declarará una situación de confinamiento de meses, sin correr el riesgo de provocar un pánico colectivo (recordemos los mercadonas), que quienes lo exigen en el gobierno no lo harían. Pero a diario lo exigen.
Además somos españoles, especialistas junto a los italianos en pasarnos las normas por la entrepierna cuando se nos tercia. Yo me quedo en casa, pero los curritos que trabajan para mí, a currar, para que no falte de nada, y si enferman, pues mala suerte. El error que están cometiendo es que el bicho cabrón no entiende de cuentas corrientes.
En las redes ya no solo hay expertos. Ahora encontramos hasta magistrados jueces, dispuestos a condenar a cualquiera, a ser implacables con todos los políticos, pero nunca con ellos mismos. Y también encontramos a muchos ciudadanos y ciudadanas, que empiezan a desesperarse, y lo expresan en sus muros, hartos de solo escuchar cosas que no merecen ser escuchadas, y que además proceden de bocas que tienen poco que decir, aunque hablen mucho.
Todo lo anterior, en la situación de confinamiento que se alargará, está haciendo que cualquier mensaje populista cale, nos provoque miedo, y nos nuble la capacidad de ver el bosque, porque nos lo impiden los arboles.
Mientras, alguien está haciendo su agosto en marzo.
Buenas noches.

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