lunes, 30 de marzo de 2020

Diario del coronavirus 21

21 de Marzo 2020
Buenos días.

Hoy es el primer día de la primavera del 2020, estupendo para no moverse de casa y poner nuestro granito de arena por los demás, que es ponerlo por ti. Aquí seguimos.
No es fácil levantarse cada mañana, recoger la información de muchos medios, ponerse ante el ordenador, e intentar construir un mensaje realista, pero que a su vez resulte esperanzador, que combine lo científico con lo social, y además hacerlo en un lenguaje inteligible para todos, y no correr el riesgo de que sean malinterpretadas tus palabras, o que digas algo que sin buscarlo, se convierta en negativo o transformado en un nuevo bulo de los miles que circulan por las redes, o de persona a persona. Si eso un día sucede, que alguien me avise, para intentar evitarlo.
Y es que conforme avanzan los días, intentar explicaros la situación que tenemos encima, resulta progresivamente más complicado. Frustran muchas informaciones que no son ciertas, frustran informaciones que por ciertas resultan tremendas, y te cansas de predicar en el desierto para que la gente se quede en casa, y ves que unos pocos que no lo hacen, convierten en casi inútil el sacrificio de la inmensa mayoría.
Las únicas armas eficaces que tenemos en nuestras manos todos, en esta fase de está larga pelea son aislarnos en nuestra casa, y acompañar esa reclusión voluntaria con las medidas que nuestras autoridades recomiendan a diario y que todos los medios difunden por tierra, mar y aire. Pese a ello, hay quien las incumple. Triste es, que algunos solo aprendamos con golpes en el bolsillo.
Hoy me he propuesto informaros de lo peligroso que es el COVID-19, para que quienes os molestáis en leer mis parrafadas cada mañana, lo contéis a vuestros contactos y amistades, y así intentar que cada día, alguien más se sume al bando de los buenos. Somos muchos, pero necesitamos llegar a ser todos. A ver si lo conseguimos.
Lo primero es que estamos ante un virus muy contagioso. Por lo visto en China, Corea e Italia, mucho más contagioso que el virus de la gripe. Se contagia incluso sin que el portador presente síntomas lo que le otorga la capacidad de la sorpresa en esta guerra contra los humanos. No es un invento de nadie para vender fármacos o vacunas. Estamos ante un asesino.
Ayer viernes, llegábamos a los 20.000 contagiados en España, y hoy nos espera superar los 24.000. La tendencia en el crecimiento de los contagios apunta a que en nuestro país aumenta más rápido que en China o Italia, y puede que para el lunes próximo estemos por encima de los 34.000 casos, y que, a ese ritmo, el lunes 30 de marzo la cifra rondaría por encima de los 140.000. Espero equivocarme, porque las cifras asustan.
Pero aún acertando, no deberían alarmar, porque significaría que hemos mejorado el diagnostico de casos, y que podríamos estar acercándonos al punto alto de la curva de contagios. Que eso sea así, depende casi exclusivamente de cuantos nos aislemos en casa, y cuanto seamos capaces de pararle los pies a aquellos que se toman esta alarma sanitaria no como una parte fundamental en la lucha contra el virus, y no en una oportunidad de disfrutar unas vacaciones en segunda residencia.
Si no lo logramos eso, nos tocará habilitar hoteles o grandes pabellones como zonas de hospitalización, o montar hospitales de campaña. Lo hemos visto suceder en Wuhan, también en Italia, y ahora lo hacen ya en Madrid. O lo hacemos de manera drástica, o será inevitable un tsunami de pacientes contagiados en los hospitales, porque no tienen inmunidad ante un virus nuevo, sin una fecha de finalización de esa ola gigante. No es nada nuevo ni fruto de la imaginación. Eso ha sucedido en los hospitales italianos donde el problema surgió diez días antes que aquí, y por tanto, ha empezado a suceder aquí diez días después que a ellos.
Solo un 10% de la población puede mostrar síntomas, y de ese porcentaje, un 80 % ni lo pensará, convencido de que lo suyo no ha sido el coronavirus, sino una gripe más. Ese grupo de pacientes son los que deben ser atendidos y vigilados desde Atención Primaria. Quienes trabajamos en esta parte del sistema sanitario, tenemos que ser capaces de identificarlos, a cuantos más mejor, sabiendo que serán casos leves pero potenciales focos de contagio, manejar su proceso con los recursos que disponemos en A Primaria, sin necesitar enviarles a urgencias, ni pautar un tratamiento antibiótico que no les servirá para nada. Todo pasa por realizar una vigilancia de esos pacientes, y en caso de sospechar una complicación, pasar a una segunda fase en la que usaríamos otras exploraciones como pueda ser una Rx que nos diga si estamos ante una complicación o no. Todo eso si se cumplen los criterios que nos marcan los protocolos de actuación y todos los profesionales con unos criterios comunes.
El paciente sin complicación, se debe quedar en su casa, vigilar la fiebre, y el profesional sanitario conocer la evolución con llamadas telefónicas diarias para su seguimiento. No es una situación para acudir al servicio de urgencias al menor síntoma, sino de hacerlo solo cuando sea necesario. Ir a urgencias por síntomas banales, es la manera de propagar la enfermedad e incluso agravar nuestro estado.
El 20% restante de pacientes ya es otra historia. Ese es el grupo de población, que al enfermar puede desbordar nuestra capacidad asistencial. Nuestro sistema sanitario (pese a los recortes sufridos), es capaz de asumir, no solo los procesos habituales en situaciones normales, sino también a un gran número de pacientes de forma brusca. Pero no a todos. Nuestras UCIs también están preparadas para atender en un momento determinado a muchos más pacientes de lo habitual. Pero no a todos. Hay que entender, que a los pacientes con otras patologías que precisan tratamiento hospitalario sin que exista una epidemia, de pronto se les suman todos los pacientes con coronavirus, que cumplan criterios de ingreso hospitalario. Imposible para nuestro sistema siendo el mejor del mundo, y para cualquier sistema sanitario de los existentes en el planeta.
Es fundamental conseguir, que los casos a hospitalizar aparezcan de manera escalonada, se espacien, para que nuestra capacidad de asistirles correctamente no se vea desbordada. No pueden acabar en el hospital, como en Madrid está ocurriendo, la mitad de las personas diagnosticadas. Eso indica que hay muchos más casos de los diagnosticados, y que no se frenaron los contagios hace más de diez o doce días, aunque hoy el aislamiento se esté haciendo. Si está ocurriendo ya en Madrid, puede que pronto suceda en más sitios.
Tiene especial importancia a partir de ahora, ver la evolución de la pandemia estudiando no el número de contagiados, sino el número de ingresados, los que precisan tratamiento en UCI, y los fallecimientos. Asusta el número de contagios, pero lo que de verdad asusta, es el número de fallecidos que nos golpea cada mañana. Es lo más dolorosos sin duda, y no solo para los familiares, creo que lo es para todos. Pero hay que saber, que ese número no es consecuencia de que ahora no lo estemos haciendo bien, sino de que lo hicimos mal hace dos o tres semanas. Por eso, no le hagamos tanto caso al número concreto, aunque suene a desalmada la afirmación, si no a la evolución de ese número cada día porque las muertes en este proceso nos vienen con retraso. Creo que se entiende lo que afirmo.
Los primeros días de abril serán clave en nuestra capacidad de resistencia. Es el momento de saber que nos espera a partir de ahí, que hay que seguir haciendo, que hay que dejar de hacer, o que cosas nuevas tendremos que contemplar en la estrategia de lucha. Ese análisis será clave.
Creo que por hoy ya os he dado suficientes datos para pensar. Pero de todo lo expuesto anteriormente, lo más importante es que sepáis, dos puntos clave: uno, que lo único que puede frenar esa ola, es que de una puñetera vez, todos sin excepciones, salgamos de casa solo lo estrictamente necesario (mejor dicho, solo lo imprescindible); y dos, y relacionado con lo primero, que lo más importante para que todo se quede en un cuadro gripal, sin tener que pisar el hospital, es que el número de bichitos que entren en nuestro cuerpo sea el mínimo posible, para que nuestro organismo pueda combatirlos y acabar con ellos.
Intento una explicación sencilla para entenderlo. Si nos entran muchos virus al cuerpo, o nuestras defensas son escasas (de ahí que haya unos grupos de personas que calificamos como población de riesgo), acabaremos teniendo problemas. Hay que conseguir, que si nos contagiamos, que sea con el menor número de virus posible, lo que solo conseguiremos aislándonos. Espero haberlo expuesto bien para que se entienda.
No tiene porque desbordase nuestra red asistencial si seguimos consejos generales, pero son mucho más importantes los cambios individuales en nuestra conducta. Que los cambios seamos capaces de hacerlos en nuestro modo de vida. Hay que reducir las oportunidades de transmisión: al tocar, al toser, al estornudar. Hay que quedarse en casa si se está enfermo, hay que lavarte las manos cuando llegas a casa o al trabajo; también después de tocar una superficie donde toca mucha gente; antes de comer. Y sobre todo, antes de ir a ver a una persona vulnerable de esas que antes he llamado de riesgo. Todo nos lo están repitiendo en las televisiones, radios y diarios de manera machacona. Y de verdad, es lo que más ayuda.
Y termino con dos datos para tranquilizar. El primero es que los criterios para acceder a una cama en la UCI, son muchos más amplios que solo la edad del paciente, que los médicos trabajamos con protocolos, somos seres humanos con sentimientos como los demás, y no emperadores romanos que decidimos quien vive o quien muere según nuestro dedo apunte hacia arriba o hacia abajo. Y el otro dato es, algo que ayer me pareció la información más alentadora: que según resultados recientes y aún en comprobación, el COVID 19 deja inmunidad, lo que significa que no nos volvemos a contagiar una vez que lo hayamos pasamos. La humanidad ha resistido desastres naturales y guerras terribles, y aquí seguimos, aunque el mayor enemigo del hombre sea el propio hombre.
Disculpas si me extendí hoy demasiado. Se nota que es sábado.

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