domingo, 3 de febrero de 2013

Cambiemos la triste realidad: nuestro problema no es el PP


Hoy, un diario publicaba una encuesta sobre intenciónde voto. En ella daba como resultado una situación de empate técnico entre los dos grandes partidos, junto a un importante ascenso de la tercera y cuarta fuerzas políticas del país. No puedo sino alegrarme tras los resultados del 20 N, pero no por cómo se alcanza ese resultado, fruto del desgaste del partido de gobierno, y no del ascenso del Partido Socialista. 

La encuesta significa el adiós al bipartidismo, que a mi entender debería ser otro motivo de alegría, puesto que en España hay más de dos maneras de concebir el Estado, y un resultado electoral, como demócrata, deseo que sea fiel reflejo de la realidad de la circunscripción a la que representa, estatal en este caso.

Pese a esta recuperación de distancia respecto al PP, creo que desde la transición, los socialistas no hemos vivido una situación de menos credibilidad, posiblemente arrastrados por el descredito del conjunto de la política, aunque ahora la causa fundamental del mismo esté en las filas del adversario político. 

Imagen sacada del blog politologoenred.blogspot.com
Desde hace un tiempo, en el PSOE estamos elaborando un nuevo proyecto, pero puede que con retraso. Los acontecimientos desencadenados por los papeles de Bárcenas, han urgido que ya se nos pregunten por la ciudadanía cuestiones como: ¿Dónde está ese proyecto? ¿Cuál es la base ideológica del mismo? ¿Cómo será nuestra identidad de partido? ¿Cuándo es el momento de ponerlo en marcha? Me parecen en estas circunstancias de descrédito del gobierno, demasiadas preguntas pendientes de respuesta. Si no hay respuestas rápidas, podemos temer un futuro incierto como el de otros partidos socialistas europeos.

Siempre he afirmado que, para recuperar la confianza del electorado, es necesario pedir perdón por los errores cometidos. Pero también sé que las disputas internas y el apoyo a  algunas posturas que garantizan a la actual dirección alcanzar el poder (aún siendo cuestionables desde la izquierda), pueden llevarnos a la pérdida de nuestra identidad. 

Podemos alegrarnos de que ahora el PP esté pagando la factura que pasó a Zapatero. Dice el refranero que "donde las dan las toman", pero eso no puede significar que no sea necesaria una oposición dura pero constructiva en pro de la gobernabilidad del país, y eso sólo es posible con un proyecto abierto a la sociedad y elaborado de abajo arriba, donde los ciudadanos digan qué hay que hacer y no en el que los dirigentes nos digan lo que debemos hacer los ciudadanos, como se ha hecho hasta ahora. 

Cuando insisto en la necesidad de pedir disculpas a los ciudadanos, aunque a algunos dirigentes les moleste, lo hago porque creo que siendo gobierno afrontamos la crisis según nos marcó Europa, en lugar de hacerlo cumpliendo nuestro programa electoral (lo que ahora hace Rajoy y le reprochamos), y porque fuimos capaces de cambiar la Constitución para complacer a los europeos pero no a los españoles, por muy europeos que nos sintamos. 

O ahora hacemos un proyecto integral para todo el país,  y nos olvidamos de alianzas para gobernar donde no somos mayoría, o no será un proyecto socialista creíble, sino sólo un proyecto para llegar al gobierno. Y esos se elaboran cuando sumando fuerzas con otros, uno puede alcanzarlo. Pero eso siempre después de la contienda electoral, y no antes.

Y si importante es disponer del proyecto electoral a plantear, no lo son menos las reformas internas que debemos acometer para que las agrupaciones socialistas de los pueblos y ciudades (no solo las provinciales, regionales y federal, que también), se conviertan de nuevo en referente ciudadano, y no en el reino de taifas de algunos dirigentes pegados al asiento,  por mucho que en ello les vaya el sueldo que entra en sus casas y los lazos de amistad personal existentes. Esto ha hecho que quienes nos hemos atrevido a pensar por nuestra cuenta, resultemos molestos y se nos califique de rompedores de la uniformidad de criterios que exige la dirección, que no se parece ni de lejos, a la unidad que exige la militancia. 
  
Compartido por todos es que España necesita revisar su modelo económico y social, su sistema fiscal que está anticuado, su modelo productivo, su sistema energético, sus cuentas públicas, sus sistemas  educativo y sanitario, y un sinfín de asuntos. Pero sobre todo necesita profundizar en la democracia con lo que eso conlleva. Y si la desconfianza en los partidos aumenta cada día, si la gente de a pie cada vez cree menos en la participación como instrumento para mejorar; si la pobreza sigue creciendo, si hoy son seis millones de parados pero van a ser más, si los jóvenes preparados se van fuera a buscar trabajo; y un largo etcétera, la falta de confianza en el futuro paralizará el país.

Dejemos pues al PP que pague su factura ante la sociedad y preocupémonos de que en nuestras filas no surjan nunca más situaciones como las de ellos ahora, y preocupémonos sobre todo de convencer a los ciudadanos y ciudadanos de que es posible una España mejor, pero desde un proyecto de izquierdas, no desde un modelo inspirado en las medias tintas.



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