lunes, 8 de junio de 2020

Diario del coronavirus 175

Buenos días de lunes, en un día que tengo de libre disposición.
Eutanasia y dignidad
Cuantas contradicciones hay que ver y oír. Eutanasia: Acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar que sufra. Muerte sin dolores, molestias ni sufrimientos físicos.
Lo ocurrido con los mayores, con dependientes, o residentes con determinadas patologías, evitando que fuesen trasladados a los centros hospitalarios (como por escrito se indicaba a quienes debían valorar su situación clínica) durante la pandemia, choca frontalmente con la ideología conservadora que se esgrime como dogma inquebrantable por la derecha española. Se oponen a la eutanasia, pero ¿apoyan su práctica?
Se oponían en el revuelo que montaron contra el doctor Montes en el hospital de Leganés, porque “nadie es dueño de su vida”. Al parecer creen, que ni en las peores circunstancias, ante un proceso que evidencia ser irreversible, con presencia de intensos dolores, y en una situación anímica de angustia y desesperación, ni aún en esas circunstancias, nadie puede ser ayudado a alcanzar el fin a su vida. Puede que quienes así piensan, o nunca hayan tenido delante a un paciente en esas circunstancias, o piensen que nunca ellos se encontrarán en las mismas.
Pero ahora, de la noche a la mañana, deciden que sí pueden decidir, sobre si alguien ha de ser llevado o no a un hospital. Nadie de ellos dudaba, que de quedarse en la residencia sin ser trasladado, que el final era la muerte no ofrecía dudas. Esto no es eutanasia para alguno, de acuerdo, pero es una forma indigna de morir.
Puede que la pandemia nos haya enseñado cosas que deben ser corregidas, pero sin duda una de ellas es que necesitamos una buena ley de eutanasia. Pero será difícil que se asuma como una necesidad pro todos, si antes no se alcanza un nivel cultural y un clima social distendido, que permitan hablar sin recelos de algo que está ahí, que muchos conocemos de su necesidad, y de un hecho ante el que no vale imitar al avestruz y enterrar la cabeza. Posiblemente no se disponía de camas hospitalarias, pero se podría haber elegido una muerte digna, con generosidad y con respeto. Eso son principios que me enseñaban en el colegio religioso donde me educaron.
Ahí están los hechos, son documentados, son el resultado de decisiones políticas. Por eso demuestra que existen dos varas de medir, cuando se exige la responsabilidad al gobierno del Estado, y no se aplican esos mismos criterios para con los responsables autonómicos, sencillamente por proximidad ideológica. Lo de esta mañana, ver una defensa a muerte de Díaz Ayuso, responsabilizando en exclusiva a Iglesias de todo lo ocurrido en las residencias de la Comunidad de Madrid, solo se le ocurre a Inda, Ana Rosa y a Lacalle. Las actuaciones políticas tienen que tener consecuencias políticas, independientemente de lo ético o lo moral que impliquen. Hay programas informativos que solo obedecen a intereses espurios.
Si es indignante que esto pueda considerarse información, no lo es menos que con cuarenta años de democracia, aún existan personajes con comportamiento que hacen pensar que aún seguimos en la dictadura, que solo hay una España grande y libre. Que muchas de esas actuaciones, se apoyen en el silencio de funcionarios que favorecen descaradamente a la derecha y olvidan conceptos inherentes a esos puestos como son la dignidad y la integridad profesional. Incluso se olvidan de que sus retribuciones salariales las pagamos entre todos, y por eso su neutralidad es obligada, porque no solo comen de los impuestos de sus correligionarios, sino de todos nosotros.

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