lunes, 29 de febrero de 2016

COMIENZA LA SEMANA DE LAS CERTIDUMBRES

Semana decisiva que se inició hoy con la celebración del Comité Federal tras la consulta a la militancia socialista. Todo el mar ha estado en calma, salvo para IS y para el PSC que con el contenido del acuerdo no podía ser cómoda. Miquel Iceta, ha afirmado que quienes en Cataluña han apoyado con un “sí” la consulta, lo han hecho para respaldar al Secretario General, pero no como aprobación al acuerdo, porque ellos no pueden olvidarse el papel de Rivera y los suyos en Cataluña. Quienes en el resto de España no han respaldado el acuerdo, lo han hecho por no parecerles bien acordar con la derecha, y no como no un voto de castigo al Secretario General.
Tras esa negativa, están quienes no se limitan a cumplir lo que la dirección dice y se lo cuestionan, y son precisamente los que desde el 20 D, aun no siendo el candidato al que apoyaron en primarias, no han cuestionado al Secretario General elegido por la mayoría. Ellos han entendido que era una pregunta sobre el acuerdo, no un plebiscito para el Secretario General. La interpretación que hacen los de Rivera, de algunos contenidos de ese acuerdo, no se corresponde con la de los negociadores socialistas de esos mismos apartados. Para quienes votaron sí, esto debe ser un conflicto, para los que no apoyaron el acuerdo, una manera de sentir que tenían razón en su “no”. Siempre acaba ocurriendo, que algo que trata de contentar a todos, acaba por no contentar a nadie.
Por si las dudas del contenido fuesen pocas, hoy Rivera ponía la guinda al pastel, afirmando que le da igual que gobierne el PP que el PSOE. Si eso no es cuestionar uno de los firmantes los contenidos del pacto, que alguien nos lo explique. Pero no ha sido solo él, también dentro del PSOE se ha cuestionado, porque el asunto de las Diputaciones también ha sido para nota. Menos mal que en una Conferencia política se discutió el asunto y se acordó que no podían suprimirse sin estudiar cuál era su función y su necesidad o no. Ese acuerdo quedó atrás y ahora se plantea suprimirlas, pero eso ha de hacerse dentro de la reforma federal del Estado, en la que el texto acordado no profundiza para eludir el asunto de Cataluña.
La pregunta a la militancia hablaba de “acuerdos”, en plural, y a día de hoy solo hay uno, aunque esta mañana se han enviado cinco ofertas diferentes de pacto a otras tantas formaciones. Difícil que acepten apartados que ellos no han elaborado, y más si la interpretación de los mismos es cuestionada por Cs, que si ya hace una interpretación a su antojo, no ayuda a pensar que vaya a aceptar ceder en nada. Pactar significa pactar, que no tiene nada que ver con imponer, en realidad es todo lo contrario, pero a alguno se le olvida.
No acaba de perderse la esperanza de que al final se alcance un acuerdo entre la izquierda y así evitar nuevas elecciones. Pero ese acuerdo matemáticamente también sería insuficiente con 161 escaños, y precisaría de otros partidos de derecha, quizás PNV, pero sobre todo Cs. Pero para eso hacen falta dos elementos que hoy por hoy no están presentes, uno se denomina “confianza” y el otro es que pactar le suponga un “beneficio” para quien pacta. La confianza brilla por su ausencia entre todos los posibles aliados, y faltando eso nadie estará convencido de que pactar le beneficie.
Además, si nos centramos en quien podría aportar un mayor número de escaños al acuerdo, Podemos, me atrevería a decir que no es que no quiera pactar, es que no puede hacerlo. Podemos surge en mitad de la crisis y consigue recoger el voto de muchos indignados y perjudicados por la situación que se vivía. No es descabellado pensar que el principal deseo de esos electores es castigar a aquellos que creen los culpables de lo que a ellos les pasa, no arreglar el disparate, y para lograrlo no les importa destruir también el sistema que ha generado la crisis.
Entre sus votantes, se encuentran muchos tradicionales votantes de izquierda desengañados de sus partidos, fundamentalmente PSOE e IU, que habían aparcado su participación en la política, pero a quienes el mensaje contra la “casta” les despertó. Otro grupo de sus votantes son antisistema, más próximos al anarquismo que a la izquierda e incluso al nacionalismo, al que no perciben como derecha. Ese electorado impide a Podemos sumarse a un pacto que no contenga acciones radicales, pretendidamente de izquierdas, o que no pueda satisfacer las pulsiones nacionalistas de sus socios periféricos. Si Podemos se sumara al pacto PSOE-Cs, ¿Cuántos votos perdería? Posiblemente puede que desapareciera.
Podemos ha asumido un compromiso con cinco millones de votantes, y mucha gente está convencida de que con Podemos gobernando se acabará la corrupción, la gente encontrará trabajo, los salarios aumentarán y el que siga en paro podrá vivir dignamente. Si quiere permanecer como partido político no puede dejarles tirados. Como deseo de regeneración política es admirable, como realidad difícil, sabiendo que para acabar con la corrupción se necesitan procedimientos más estrictos y responsabilidad penal y seguramente no se podrán aplicar sin una mayoría absoluta.
Si el PSOE sigue dando la imagen de que oscila entre derecha e izquierda, los ciudadanos verán que su estrategia no conduce a nada. Si además sumar solo con Ciudadanos no da ni para la investidura, y es imposible sumar con Podemos porque mientras este Cs no lo hará, y sin Cs la suma de la izquierda puede permitir la investidura pero no gobernar de verdad, podemos decir que la calle no es un callejón, pero tampoco tiene salida.
Esta situación crea escepticismo entre los votantes de izquierda, y el riesgo de abstención entre ellos crece. Mientras el PP espera convencido de que su mejor opción está en el 26 de junio. Se alejan las especulaciones. Comienzan las certidumbres.

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