domingo, 31 de enero de 2016

31 de enero.- El día después al Comité Federal. CADA VEZ QUEDAN MENOS EXCUSAS


Ayer en el Comité federal, la disyuntiva para el PSOE era clara: o dejarse atenazar por el miedo, o arriesgarse en un camino que no parece exento de peligros. Se optó por lo segundo, aun costándole a algunos asumir, que si existe Podemos es porque el PSOE aparcó sus principios y eso pone en cuestión su credibilidad como partido de izquierdas para muchos de sus votantes. La primera forma de demostrar a los ciudadanos la voluntad de rectificar es anteponiendo las necesidades de los ciudadanos a las del partido, y la segunda, desechando la posibilidad de pacto con el PP, lo que sería un indulto de los socialistas a su corrupción y hacer al PSOE cómplice de sus desmanes.

La falta de credibilidad del PSOE como partido de izquierdas, se debe a las sucesivas direcciones del partido, y no a sus bases. El socialismo de su fundador, fue secuestrado por élites dirigentes preocupadas por perpetuarse en los cargos, utilizando para ello su capacidad para repartir los cargos inferiores en una estructura piramidal. Los cauces de participación en ese esquema se aparcaron, y las listas abiertas, la limitación de mandatos, las incompatibilidades para ejercer varios cargos, fueron medidas aplazadas congreso tras congreso. En el ámbito interno del PSOE, en ocasiones ha parecido que la democracia interna era mala para la organización, y eso llevó a sustituir las elecciones internas por la dedocracia tanto para la elección de candidatos y representantes, como para la adecuación del baremo de méritos en el partido.

En algún momento en el socialismo, a la transparencia administrativa la sustituyo la tolerancia, y en algún caso hasta la connivencia, todo con objeto de que nadie cuestionara quien ocupaba el sillón. Y en ese sendero de huida de los principios del socialismo, acabaron aparecieron el tráfico de influencias y el clientelismo, y aún sin alcanzar la dimensión que en el PP, acabó transformando a un partido con cien años de honradez, en el partido al que nadie cree de izquierdas, porque todo eso es incompatible con la ideología socialista. Por eso resulta difícil entender que señores tan principales, no acaben de asumir porque nos ha salido competencia por la izquierda. La decisión de ayer de consultar a las bases dando protagonismo a los militantes es una forma de revertir esa situación y rescatar al partido de personajes que lo consideran de su propiedad.

Pero lo malo no era solo esa deriva del PSOE, sino que mientras el partido se vaciaba de socialismo, España en paralelo se vaciaba de democracia. La relajación de esos principios supuso para los trabajadores perder al PSOE como uno de los bastiones de la defensa de sus derechos, mientras que la preocupación de sus dirigentes era buscar votos a izquierda y derecha, perdiendo con ello su identidad, y dejando a sus votantes “socialistas y obreros” a los pies de los caballos. Se perdiendo derechos laborales, y los trabajadores se han visto obligados a aceptar condiciones de trabajo precarias sin ningún tipo de derecho. Son años en los que se había asumido la frase de la derecha de “mejor un mal empleo que nada”.

Pero ahora, que muchos de lo que condujeron a esa deriva al barco socialista se habían retirado, esta situación de no mayorías parlamentarias nos recuerda que siguen en la sombra. Han reaparecido apostando por permitir que gobierne el PP, y eso ha hecho que nadie crea que 3n eso no se oculten intereses espurios. La decisión de Sanchez de dar voz a las bases, les sitúa fuera de juego, porque permitir que gobierne el PP es permitir que se les sigan exigiendo más sacrificios a los trabajadores. En las bases empieza a cundir la duda sobre su ideología socialista, y sobre si a algunos les importa como lo está pasando la gente.Solo provocan división interna y mejor harían retirándose definitivamente. Por menos del daño que le han hecho al PSOE los legunas, corcueras y afines, a muchos se les expediento y expulsó.

Sí el PSOE quiere recuperar a su electorado, tendrá que competir en el mismo plano que sus rivales políticos. La jugada de Sánchez de pedirle opinión a los militantes es poner en valor la democrática, y aunque la consulta no sea vinculante, si condicionará la posterior decisión del Comité Federal. Con el PP no es necesario hablar porque a Rajoy ya no lo quieren ni en su casa. Que el diario El País hoy en su editorial, tache de mediocre al político que consulta a sus bases, solo apunta a que la decisión de Sanchez es acertada

Ahora toca esperar al martes próximo para ver a quien encarga el jefe del Estado formar gobierno. El tablero cambia por días pero solo en los matices. Todo apunta a que si Cs no se abstiene habrá nuevas elecciones, pero Rivera se arriesga a perder diputados en favor del PP. Puede decir el Comité Federal lo que quiera porque el problema de que los independentistas catalanes voten no o se abstengan a un posible gobierno de PSOE-Podemos sigue ahí. El PSOE ha iniciado ese camino, pero Iglesias tiene que cambiar su actitud de perdonavidas, de meterle el dedo en el ojo a Sanchez, y darse cuenta que con sus actuaciones en Asturias, apoyando al PP y al partido de Cascos, no va a generar confianza. Algunos esperan una alianza Podemos-IU, de repetirse las elecciones, y ven una suma de más diputados, pero eso hará que IU desaparezca y los de Garzón se lo pensaran.

Por eso siguen las dudas de que pueden repetirse las elecciones, porque la impresión es que tanto PP como Podemos lo desean. Solo un pacto de izquierdas lo evitaría, pero formar gobierno no está fácil y se necesita mucho diálogo y más diplomacia de todos o no habrá posibilidad de pacto. Ambos partidos tienen políticas sociales muy parecidas, y son muchas las leyes de las que comparten su derogación. Con su propuesta, Sanchez ha ilusionado a todos los que quieren un cambio en el PSOE que permita formar gobierno, pero para que un acuerdo sea posible deben quererlo los dos, y si no hay acuerdo será culpa de los dos, y no les valdrá a ninguno culpar al otro.

Los que nos confesamos de izquierdas, criticamos a nuestros dirigentes cuando no compartimos sus planteamientos, frente a la derecha que nunca lo hace. Los dirigentes de la izquierda deben saber ya, que no hay más ciego que quien no quiere ver, y que las poltronas no pueden ser más importantes que los problemas reales de los ciudadanos. Si eso no lo tienen meridiana mente claro, pueden encontrarse que la abstención adquirirá mucha dimensión en una posible repetición electoral.

Y un matiz más, si no hay acuerdo, de muchos de izquierdas, ni unos ni otros esperéis el voto, si nos obligáis a volver a las urnas por vuestra incapacidad.

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