viernes, 15 de enero de 2016

15 de enero.- NOTICIA FIN DE SEMANA


Hoy teníamos un común y grandioso titular en muchos medios. La noticia que los provocaba era que la Fiscalía Anticorrupción había finalizado su investigación sobre las tarjetas black de Bankia, y que le pedían penas de prisión para Blesa y Rato, los amigos del presidente de honor del PP.

Lo primero que he pensado al leerlos era que, como en otras ocasiones, cuanto más grandes son los titulares, en menos acabará la sanción judicial que se imponga al final por el asunto que los produce. Y eso es lo que pensamos muchos ciudadanos, que de lo que ahora se les pide, a lo que finalmente el juez les impondrán, habrá un largo trecho.

Nadie debe extrañarse que la opinión, casi unánime de la calle, sea esa. El motivo es que a eso nos han acostumbrado las sentencias cuando el acusado es alguien procedente del poder económico o del poder político. Y eso ocurre con esta pareja, dos señores que llevan años sentados en la cima de la política y del poder económico. No se les puede calificar como políticos profesionales, porque  nunca transmitieron tanto entusiasmo por las ideas que decían defender, como por su bolsillo. Pero en lo que sí han demostrado ser verdaderos profesionales, es en serpentear entre los sillones  para perpetuarse en un cargo tras otro.

Hace poco a un ladrón de gallinas en Andalucía le caían nueve meses de cárcel. Era un robo que justificaba por tener hambre. Si hacemos las cuentas de lo que le solicitan a Blesa, a este le caen nueve meses por cada 1.2 millones de euros presuntamente afanados, y a Rato 0,4 millones de euros por el mismo periodo. La diferencia la ve cualquiera, el ladrón andaluz robaba gallinas de carne y hueso, y los presidentes de Bankia robaban gallinas de oro, que para eso siempre hubo clases.

España siempre acaba pareciendo ser un país de charanga y pandereta, y aquí lo repetimos. Empezamos haciendo la charanga al rescatar desde la política a los bancos que los profesionales procedentes de la política habían hundido por su avaricia personal y en algún caso, colectiva. Hacemos que la justicia parezca una enfermedad que solo padecen los pobres, porque en España parece más grave tener hambre, que aprovecharse de ocupar un lugar en las instituciones.

Pero esta noche de viernes, olvidémonos de esto y durmamos tranquilos, que  mientras un delincuente lleve traje y corbata, y luzca bien repeinado, lo suyo nunca será un verdadero robo, sino un desajuste contable. Lo que realmente debe preocuparnos de los ladrones, es si el aspecto que llevan no es del gusto de la señora Villalobos.


Buenas noches.

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