lunes, 17 de noviembre de 2014

UNA SOCIEDAD ENFERMA, Y NO SOLO SUS POLÍTICOS


Quienes seguimos a diario los medios de comunicación en España, sentimos un hedor nauseabundo por lo que está ocurriéndole a nuestra sociedad. La percepción es que mucha gente parece haber perdido todos los escrúpulos relacionados con la ética y la decencia. Ya sé que pasaron los tiempos del apretón de manos de nuestros abuelos, que significaba el respeto entre personas de honor, pero al menos, debería seguir en vigor la decencia.

La corrupción de nuestro país, tiene su raíz en la falta de ética y de moral de algunos individuos pero también de la sociedad en su conjunto, y no solo de sus políticos o empresarios. Eso convierte, a quienes no participamos directamente de la corrupción, en cómplices de estos delincuentes de cuello y guante blanco, queramos o no. Como cualquier tiempo de crisis, es el momento de los codiciosos y los avaros, el momento del auge de un deseo incontrolado de bienes y riquezas.

Pero esto es un ciclo cerrado, donde para que unos tengan más, otros han de poseer menos, y lo triste es que eso, parece no importar ni a los que carecen de lo básico para la subsistencia. Es cierto que políticos y banqueros se llevan la palma de esa rapaz actitud, pero si ellos actúan con impunidad es por el silencio de quienes vemos sus desmanes y no reaccionamos. Aunque nos duela admitirlo, somos tan delincuentes como ellos, ellos por acción y nosotros por omisión al no actuar denunciando.

En esos medios de comunicación nacionales y locales, cada día aparece una relación interminable de nombres de imputados o condenados por corrupción. Cada día una trama nueva o un imputado nuevo, mucho más sonoras las de corruptos entre los servidores públicos, pero también de corruptos en la empresa y en los negocios privados. Es gente que no tiene límite moral, pero que tampoco encuentra un límite legal que les impida lograr sus objetivos. Son maestros en traicionar a sus colaboradores o perjudicar a cualquiera sin ningún tipo de remordimiento, si con ello alcanzan su propósito.

Lo más grave de esta situación afecta al ámbito público, porque los partidos, que en teoría deben ser los defensores de la sociedad frente a esta lacra, se convierten en el amparo de estos individuos por el mero hecho de pertenecer a sus filas o simpatizar con ellos. Para estos expoliadores, no existe la miseria material, pero atesoran enormes cantidades de miseria humana.

Puede que esa tolerancia para con los corruptos, se deba a una estructura anticuada de los partidos de nuestro país, pero también a que vivimos en un modelo económico europeo, que fue diseñado para una sociedad centro europea en la que el individuo corrupto es una rara avis, y que parece no ser el más adecuado para la mayoría de países mediterráneos que también somos Europa, donde la picaresca es parte de nuestra identidad.

Por eso, si el modelo económico europeo pensado para una sociedad de individuos decentes, sirve de amparo a estos individuos, urge su reforma, de un lado para impedir su actividad corrupta, y de otro para conseguir que se equilibren los sacrificios de todos, y no sólo caigan sobre la parte más débil de la sociedad  europea. En España, al ver las cifras que alcanza el expolio cometido por algunos, hasta podemos  preguntarnos si esto acabará, o si es que aún no les parece suficiente lo robado para frenar en sus desmanes, porque muchos no podrán gastar lo que ya  poseen aun viviendo varias vidas.


Pero sobre todo, como sociedad española, deberíamos  preguntarnos porque gentes que han obtenido incluso apoyo y reconocimiento social, y considerada por sus conciudadanos como aparentemente normal, puedan transformarse en delincuentes de un día para otro. Lo que es seguro es que en algo estamos fallando, y esta sociedad que estamos fraguando en base a la competitividad entre los individuos, en lugar de hacerlo sobre la cooperación entre todos, debería tener los días contados  por su propio bien.

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