lunes, 12 de mayo de 2014

Encontrar trabajo siendo joven en Castilla La Mancha, es una loteria

Mientras los dos principales candidatos a presidir la Comisión Europea,  Schulz y Juncker, muestran su acuerdo en el diagnóstico al señalar la lucha contra desempleo juvenil como la gran "tarea europea" y al considerarlo  "una tragedia para toda Europa", aquí en España, tanto el Gobierno del Estado como los autonómicos, aun manifestando con reiteración que consideran igualmente muy grave el problema, no parecen buscan soluciones con el interés que sería aconsejable ante su dimensión, salvo alguna excepción.
 
También socialdemócratas y liberales parecen estar de acuerdo en que la receta para combatir nuestro alto desempleo, no puede ser la creación de empleo público exclusivamente, sino que debe pasar por hacer que fluya el crédito a las pequeñas y medianas empresas que son las principales creadoras de empleo, sobre todo en países como España, segundo país de la UE con mayor tasa de desempleo, Pero no parece presentable que nuestras administraciones se crucen de brazos a la espera de que el problema se resuelva solo, o nos lo resuelvan desde Europa. Las administraciones públicas, en esta situación, tienen la  obligación de coordinar sus recursos económicos e impulsar iniciativas de empleo que permitan a multitud de familias sobrevivir y poder pasar este tiempo de la mejor manera posible.
 
La gota que colma el vaso del problema, es la escasa financiación para afrontarlo, agravada por los efectos de la crisis económica y la política de recortes y de austeridad a ultranza, que dificulta la lucha contra el desempleo, fundamentalmente el juvenil, y el hecho de que con ese argumento los diferentes gobiernos tengan secuestradas las políticas activas de empleo. Hay recursos para rescatar a los bancos, pero no para rescatar a las familias.
 
En este escenario, la situación de desempleo aboca a quien la sufre, a la sensación de vivir en un callejón sin salida, que puede llevarle a aceptar que todo vale para salir de él. No importará el salario, el horario, o el resto de condiciones laborales de seguridad y estabilidad del puesto, si aceptándolas se sale de la situación, que es precisamente lo que el modelo neoliberal quiere perpetuar justificándolo con estar en crisis. Pero las iniciativas que aparecen lo hacen buscando más un redito electoral que una solución a la situación que padecen casi seis millones de conciudadanos.
 
En Castilla La Mancha se han puesto en marcha los denominados Talleres de Empleo y ahora el Plan de Empleo Agrario en Zonas Rurales de 2014, y el partidismo sectario ha aflorado con un marcado tinte electoralista en estas dos iniciativas, sin entrar aquí en otras que parten de las Diputaciones, ni en la inactividad de los ayuntamientos, de un lado limitados por la reciente reforma de  llamada Ley de Reforma Local, y de otro por su tradicional inercia a priorizar recursos a festejos locales, corridas de toros, y otras cuestiones relacionadas con el ocio, sobre el ser creadores de empleo en sus entornos.
 
 En el caso de los Talleres de Empleo, que en teoría están más enfocados a los jóvenes, su distribución ha obedecido a criterios de afinidades políticas entre el gobierno regional y los gobiernos municipales a los que se les han aprobado estas iniciativas, en muchos casos con talleres en años sucesivos mientras otros municipios limítrofes y con las solicitudes cursadas en plazo y forma, han recibido el no por respuesta sencillamente por tener un gobierno de signo contrario al regional, con independencia de que el número de solicitantes de empleo fuese mayor en ese municipio que en el que han final ha resultado beneficiario del taller.
 
El Plan de Empleo Agrario en Zonas Rurales de 2014 que hace unos días presentó la señora Cospedal calificándolo de "éxito conseguido entre todos”, también es un ejemplo de la instrumentalización que se hace con la precaria situación de muchos de nuestros conciudadanos. Al electoralismo de su presentación, hay que sumarle que estos planes llevan aplicándose desde los años ochenta, que la Junta no aporta un solo euro a los mismos, y que  tampoco han reclamado al Estado una mayor dotación cuando con la actual no alcanza a dar empleo por tres meses ni al uno por ciento de los desempleados de la región, que superan los 300.000.
 
Pero no termina aquí la politización de estos instrumentos para el empleo, porque en una segunda fase se asiste al reparto de los puestos de trabajo en cada municipio. No es fácil ese reparto en la situación de desempleo desbordado existente, y baste el ejemplo de Talavera con más de 2200 solicitudes para 20 plazas en un taller de empleo, pero  a eso se suma que tampoco los criterios utilizados son tan asépticos como para facilitar esa selección.
 
Cuando en los pueblos pequeños (en los que nos conocemos todos) se realiza la selección de los trabajadores, es más fácil poder evaluar si la selección realizada es acorde con la finalidad de los planes de trabajo, que no debe ser otra que la contratación de trabajadores desempleados para la ejecución de proyectos de interés general y social para la ciudad Y debe hacerse atendiendo fundamentalmente a que los seleccionados realmente necesiten trabajar por llevar mucho tiempo inscritos en las listas de desempleados y a que la situación social de sus unidades familiares así lo aconseje.
 
Sin embargo, es habitual en esos pueblos escuchar críticas justificadas a esa selección. No resulta raro ver como algunas personas repiten contrato en años consecutivos, mientras otras nunca son seleccionadas; en otros casos se conoce que en la unidad familiar hay otros miembros de la misma trabajado, mientras en hogares donde no trabaja ninguno de sus miembros no son seleccionados; gente con menos antigüedad en esas listas es contratada antes de quien lleva más años; o como a algunos inscritos se les ofrece el puesto y no lo aceptan porque en ese momento no les interesa, sin que ello implique perdida de ningún derecho de prioridad para posteriores convocatorias.
 
Precisamente porque nadie niega que el mayor problema de este país, y de sus diecisiete CCAA, hoy es el desempleo (aun sabiendo que nunca lloverá a gusto de todos), no parecen las mejores circunstancias para que cuando en esas listas aparecen familiares de los gobernantes locales, simpatizantes de los partidos gobernantes, o personas que no tienen una necesidad acuciante, todo el mundo piense en la existencia de manipulación en esas selecciones. No se les puede negar el derecho a acceder a esas ofertas de empleo como a cualquier otro ciudadano, pero en algunos casos resulta cuanto menos esperpéntico, cuando no inmoral. La presencia de los sindicatos, hoy tan denostados, no garantiza que la selección sea la adecuada como respuesta válida ante la situación social real de esas localidades.
 
Lo anteriormente expuesto no pone en cuestión la profesionalidad de los técnicos de empleo en su conjunto, pero la precariedad en la que también muchos de ellos se encuentran les hace no poder enfrentarse a actuaciones que les viene impuestas, y saben que pueden cuestionar la limpieza de los procesos de selección. En otros casos es el diseño de la oferta de empleo el que propicia disparidad de criterios para que accedan a esos programas jóvenes y mujeres.
 
En ese escenario, para que un joven castellano manchego en paro pueda encontrar un empleo de los ofertados por las administraciones públicas, tienen que conjurarse muchas circunstancias en paralelo: vivir en un ayuntamiento beneficiarios de los planes o talleres (es mal visto contratar en un taller a vecinos de otra localidad habiendo solicitantes locales), y no significarse políticamente en el ámbito local para no ser víctima de la utilización de su situación de desempleo por parte de los dirigentes municipales, como un arma electoral de primer orden y más en estas fechas de elecciones.
 
No es extraño el comentario de que a muchos jóvenes les resulta más fácil por beneficioso mostrar un cambio de ideología política y partido, que hacerlo de su afición por un equipo de futbol. La dignidad en estas situaciones acaba siendo directamente proporcional al estado de saciedad de nuestros estómagos.

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