domingo, 30 de junio de 2013

Cinismo gubernamental


Es tal el dominio sobre los medios de comunicación ejercido por el partido del gobierno, que cada vez está más claro que existen dos Españas. Pero no me refiero a la clásica división entre derechas e izquierdas, sino a una España real y una España mediática.
 
Aunque superemos los seis millones de desempleados, mas de dos millones de hogares no tengan ningún ingreso, miles de familias se quedan sin vivienda, las empresas pequeñas no acceden al crédito, la sanidad empieza a mostrar falta de recursos, y un largo etcétera, escuchamos de los miembros del PP, y leemos en sus medios adictos, que lo peor de la crisis ha pasado y que la economía ha mejorado con este gobierno.
 
Y es que vivimos un moderno capitulo de una nueva versión del calderoniano  gran teatro del mundo, en el que los decorados de cartón piedra disfrazan la realidad de las desnudas paredes del escenario. No importa lo real, sino las apariencias, y si todos nos repiten lo aparente a lo goebeliano, acabará percibiéndose como real.
 
Puede ser legítima la propaganda gubernamental, pero esto no es solo propaganda sino, sobre todo, una acción antidemocrática, puesto que merma la calidad de la democracia, al engañar al pueblo, que en teoría es quien debe gobernar en un sistema democrático.

La democracia debe defender los intereses de la mayoría social, y aquí
este gobierno defiende solo los de una elite que nos gobierna, sin principios éticos, y que hace de la política un ejercicio hipócrita al mostrarse como actuante por el interés colectivo, cuando en realidad solo lo hace en su propio interés.
Hoy, en el segundo aniversario del gobierno del PP en Castilla La Mancha, oír esta mañana al ministro de educación y a Cospedal defendiendo sus políticas, era ver un ejercicio de como se culpabiliza a los más desfavorecidos de merecer la desigualdad a la que sus políticas nos llevan. Esto es la violencia institucional de una minoría organizada para mantener sus privilegios, y que aprovecha la crisis económica para hacer reformas estructurales que pisotean las libertades y los derechos cívicos, laborales. Sin olvidar, que revelarse en la calle contra esas políticas, se califica de violencia callejera.
Curiosamente, en este escenario se han encontrado con un enemigo inesperado, el poder judicial, que ante la alarma social creada por la corrupción en la que nada la clase gobernante, se ha visto obligado a actuar para evitar que se le identifique como parte de ese mismo poder corrupto. Bárcenas encarcelado es una muestra de ese posicionamiento. Confiemos en que mantenga su independencia.
Pero cualquiera apreciará, que todo en conjunto no impide un inmenso desencanto ciudadano. El pueblo llano se siente gobernado no para su bienestar, sino para el de la minoría que gobierna, o dicho de otro modo, sometido a un gobierno en pro de los dueños del dinero y en contra del conjunto del estado que somos todos, a favor de una elite y en contra del resto.
Solo el cinismo en su práctica más cruel, puede hacerles decir que estamos saliendo de la crisis y ocultarnos que en España existen los dramas del desempleo, de la desnutrición infantil, de la desatención sanitaria, y del resto de miserias cotidianas del día a día de quienes no formamos parte de la elite gobernante.
Esto no es democracia para todos y todas. Es la perversión del modelo que entre todos nos dimos después del franquismo. Protestemos.

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