sábado, 11 de mayo de 2013

¿De qué se ríen Mas y Rajoy?


Ayer visitó Catalunya el señor Rajoy, y en los medios de comunicación todos hemos podido ver una fotografía en la que los responsables de los gobiernos catalán y español sonríen a mandíbula batiente. La pregunta que me surge es ¿de qué se reirán? Porque no creo que ni en Cataluña ni en España haya motivos para esa euforia que explicitan. Las explicaciones posibles son: que la situación de sus gobernados, catalanes y españoles, se la trae al pairo a ambos dos; que tal vez se deba a que ambos son unos desmemoriados; o , y sería muy grave, a su cinismo puro y duro.
 
Son muchos los españoles que encontraron su futuro emigrando a Cataluña, tengo familia allí, y vive en una zona donde la mayoría pertenecen a esa emigración andaluza, extremeña, aragonesa. Curiosamente hoy se manifiestan más catalanistas que los que varias de sus generaciones son nacidas allí. Cuando para visitarles o por otros motivos he viajado allí, siempre me encontré como en casa, y nunca me sentí marginado como algunos conocidos afirman que a ellos les ocurrió.
 
No niego que esa sensación haya podido ser real, pero igual ha podido ocurrirles en cualquier país extranjero. Sería bueno preguntarnos el porque de ese rechazo o si no será que cuando salimos del territorio en el que moramos, no llevamos ya una cierta predisposición a sentirnos de fuera en el lugar al que llegamos y eso nos condiciona las percepciones.
 
Como dice El Quijote, “No ha mucho tiempo…” que el Rajoy que gobierna era el acolito del bigotes del “Pujol enano habla castellano” con el que estimulo ese patriotismo rancio y trasnochado propio del PP y que arrastro con el a muchos españoles al rechazo a lo catalán que hasta motivo la ausencia del cava en las celebraciones navideñas. Seguro que está convencido de su “deber” de sonreír puesto que ahora va a pedir, al también risueño Mas, que pare su “deriva soberanista”, en lugar de admitir que esa deriva en gran parte la ha provocado el anti catalanismo que ha propiciado su partido.
 
Cuántas veces hemos visto por un lado loas a Catalunya por impulsar el progreso del conjunto de España, y a la misma hora en una canal televisivo distinto, llenar de desprecio y humillaciones a los catalanes. Yo que por suerte viajo, he podido comprobar que basta sacar el tema catalán en muchos rincones de España para percibir un odio visceral que da miedo. El calificativo más leve puede ser “separatista”.
 
Ahora, Rajoy sonríe en una Cataluña que, como mínimo, debe sentirse no querida ni respetada. Pero lo más chocante es que vaya allí presumiendo de representar “lo español”, cuando debería caérsele la cara de vergüenza de presidir una España que con sus políticas neoliberales está convirtiendo en un país rencoroso con el diferente, y miserable con sus ciudadanos más necesitados. Si yo fuera catalán y me quisieran unir a esta España que Rajoy representa, hasta me haría separatista.
 
Creo que no nos damos cuenta, de que es el idiosincrásico pragmatismo catalán el mayor enemigo del proceso soberanista que impulsa Mas, y que la mayoría de catalanes, por inteligentes, llegado el momento aplicarían siempre aquello de mejor un mal acuerdo que un buen pleito. Para hacer que alguien no piense en marcharse, hay que hacerle atractivo el lugar que le ofertamos para quedarse, y la España rajoydiana es cada vez menos atractiva.
 
Y por último, me cuestiono, algo que me preocupa más que Mas ¿dónde está la voz del socialismo en todo esto? Nosotros que defendemos la igualdad, la solidaridad, la libertad, o que las fronteras están de sobra, ante las risa de Rajoy y Mas, estamos desaparecidos en combate. Penoso.
 
Me parece que los partidos de este país, de izquierdas o derechas, nacionalistas o de cualquier opción, si quieren llegar a un lugar de encuentro, deberían apostar por la cooperación en lugar de por la competencia, pero sobre todo habrá que dejarse de preocuparnos del attrezzo y poner en el centro del escenario a los actores principales: los ciudadanos. Deben darse cuenta que sin actores no hay obra ¿O es que les resulta tan difícil pensar en la gente y no en sus intereses?

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