lunes, 26 de octubre de 2020

NO HAY LUGAR PARALOS TIBIOS

Parece poco exitoso el mensaje de la presidenta Ayuso pidiendo que nadie salga: Últimas noticias del coronavirus, en directo | Fuertes atascos en las salidas de Madrid al imponer el Gobierno controles policiales antes de la entrada en vigor del estado de alarma.

 Mi comentario de esta tarde de sábado, lo hago en tres entregas, para aquellos que solo les apetezca leer un poco, y a los que les guste el texto completo, que puedan disponer de el también.

NO HAY LUGAR PARA LOS TIBIOS
Algunos parecen haberlo olvidado ya, por eso lo remarco: para que se declare el estado de pandemia, han de cumplirse dos criterios: que el brote epidémico afecte a más de un continente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provocados por trasmisión comunitaria.
Tanto ha sido el empeño en responsabilizar al Gobierno del apocalipsis, que se han olvidado de que hay un mundo más allá de Madrid, que los niveles de contagio en Europa crecen de manera alarmante en las últimas semanas y que aunque la mayoría de las CCAA siguen en umbrales máximos preocupantes, hemos sido adelantados por la República Checa en las últimas dos semanas, y hemos perdido el dudoso honor de ser los de mayor incidencia Hoy otras regiones y grandes ciudades europeas ya superan las incidencias de algunas españolas, según el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), que informa que en prácticamente todos los países europeos los casos están creciendo, y Europa ya es el segundo continente tras Asia en casos.
Eso ha obligado a todos los gobiernos, a aplicar o endurecer restricciones (cierre de bares, restaurantes, gimnasios, reducción de horarios comerciales, etc.). No solo se cierran establecimientos y se limita la actividad económica en Madrid o España. Que el mal de muchos, solo sirva de consuelo a los necios, es un sabio refrán, pero eso no justifica que este país siga líder en cainismo e incongruencias, no solo a la cabeza europea, sino incluso líderes mundiales.
Si uno mira las redes sociales, las curiosidades abundan. Quien hoy culpa a Sánchez de intervenir, es el mismo que hace unos días le culpaba de esperarse al 14 de marzo para declarar el estado de alarma, y el mismo que ayer le llamaba dictador por no acceder a levantar el confinamiento y permitir el paso acelerado de una fase a otra en esa Comunidad, y hoy le reprocha tibieza por no haber actuado antes. Pero si algo se le debe reprochar al Gobierno del Estado, es de tibieza antes, cuando no se mantuvo inflexible en el cumplimiento del plan de desescalada y de dejarse arrastrar por las voces que hablaban de ruina económica entonces.
Puede que hoy algunos empresarios madrileños, que exigían ese paso rápido de fases de desescalada, hoy hagan números y piensen aunque se lo callen, que hubiese sido mejor una sola parada de la actividad por más tiempo, que las paradas sucesivas que la actual situación de segunda oleada está provocando y que todo apunta que seguirá haciéndolo. Claro que de Madrid al cielo, y su presidenta parece empeñada en cumplir el eslogan a rajatabla.
Los expertos dicen, que la Comunidad de Madrid ha debido aplicar todas las medidas sanitarias necesarias para frenar la propagación de la pandemia, las mismas que aprobaron otras CCAA. Pero no lo ha hecho, sencillamente porque no ha hecho caso a las voces de sus epidemiólogos y sanitarios. Eso sí, esa misma Comunidad ha reprochado al gobierno que este no escuchara a los expertos, mientras Madrid hacia oídos sordos a los suyos.
Ha podido aplicar las mismas leyes que otras CCAA para implantar esas medias y decidir la propia Comunidad, pero no lo ha hecho. Ha podido solicitar como Comunidad, el estado de alarma, y el Gobierno se lo habría concedido, pero no lo ha hecho. Buscaba lo que ha sucedido, que el estado de alarma fuese decretado de forma unilateral en un Consejo de Ministros, que por cierto retrasó su hora de celebración a petición de la presidenta madrileña, para reunirse y encontrar una solución.

Lo que ha sido común en todo este proceso, es la actitud de la presidenta madrileña. Reunión tras reunión entre gobiernos, ella ha seguido afirmando, que el Gobierno central está contra ella y no contra Madrid, que todo es una persecución ideológica, donde ella es la única víctima, y no los enfermos del Covid. El objetivo de la estrategia seguida ha sido muy claro, que fuese el Gobierno del Estado el que decretase el estado de alarma en la Comunidad. Lo que tenía que hacer ella, era sencillo. La presidenta madrileña decidió no hacer nada y dejar que las cosas siguiesen su curso, sin importarle si con esa actitud ponía en riesgo la salud de los madrileños, puesto que ella es sabedora de que existe transmisión comunitaria, como ha afirmado públicamente.
Si se mira el resto de situaciones del país, la conclusión es que no habría sido necesario llegar hasta aquí. Ahí están Orense, León, Palencia y antes algunas ciudades catalanas, que adoptaron las medidas que ahora se aplican en Madrid, sin precisar el estado de alarma. Porque las medidas adoptadas para Madrid, son las mismas que se están aplicando ya en otras comunidades, incluso son menos rígidas, y lo más llamativo, idénticas a las que el propio gobierno de Ayuso ya había tomado, para los barrios pobres de Madrid.
Lo fácil para muchos tertulianos televisivos, es acusar al Gobierno de ir contra la Comunidad, y pocos quieren aceptar y ver lo fácil que le ha sido a la Comunidad ir contra el Gobierno del Estado. Lo que le ha preocupado a la presidenta madrileña desde el principio de la pandemia, es exclusivamente como iba a quedar su figura política. Nada le ha preocupado la gestión de la pandemia en su Comunidad. La importancia de los pacientes, los sanitarios, los hospitales, los centros socio-sanitarios, los colegios o las universidades, ha sido nula, frente a cómo iba a quedar ella al final de esta disputa.
Para afirmar lo anterior, basta hacer una revisión de lo acontecido. Ella empieza negándose a cerrar Madrid, para luego afirmar que era ella quien había propuesto el cierre para toda España; no quería la intervención del Estado en Madrid, para luego colgarse el montaje de un hospital en IFEMA, realizado por las Fuerzas Armadas, como gestión propia; luego quería desconfinar Madrid a toda costa sin cumplir los criterios fijados en la desescalada, aunque por ello le dimitiera la Directora General de Salud Pública; ahora, y cuando esa apertura rápida ha traído los números de esta segunda ola, ha empezado por negarlo, luego no queriendo adoptar medidas, y siempre enfrentándose al Ministerio. El resultado final de todo ese ir y venir, es la pérdida de un tiempo importantísimo en la lucha contra la pandemia y la inmensa confusión ciudadana. Y por si eso era insuficiente, ayer remata la faena con su recomendación a los madrileños de “no salir de Madrid”,. Como no da puntadas sin hilo, seguramente busca apuntarse en unas semanas el resultado, si bajan los contagios, o poder culpar a quienes no le hicieron caso, si estos aumentan. Al tiempo.

En esta maraña, todos declaran ser ellos que saben, y que siempre es otro el culpable de los males. Los sanitarios decían que los políticos mandan pero no saben; los políticos dicen que los sanitarios saben, pero no de todo, y menos de política; los jueces han dicho que ellos saben más que nadie; los medios dicen que nadie como ellos para desinformar, según opine el dueño del medio; los ciudadanos no pintamos nada, y eso que dicen que vivimos en una democracia.
Una mala gestión de la pandemia en Madrid, no es un suicidio político e Ayuso o de Illa, sino un crimen contra los ciudadanos. Pero tampoco muestran un espíritu muy solidario, aquellos que como respuesta a la pregunta ¿Qué opina de la pandemia? Responden “es una ruina”. Esto pone los pelos como escarpias, porque evidencia que solo se apuesta por la economía a costa de la salud, intentando salvar un verano insalvable, y ahora un puente que se ha derrumbado sobre el Manzanares.
Algunos, más empeñados en ver solo la disputa política, e ignorar la gravedad sanitaria de la situación, no compartirán esta afirmación: la Comunidad de Madrid se encuentra en estado de alarma aprobado por el Gobierno en un Consejo de Ministros buscando proteger la salud pública. Nadie le perdona la gobierno central que no actué en defensa de la ciudadanía. Era una exigencia ante la extensión del coronavirus y la inacción del gobierno de la Comunidad. El Gobierno del Estado ha respondido adecuadamente y con firmeza, aunque debería haberlo hecho antes.
Pero no se nos puede escapar que Madrid es solo una excusa. Todo para justificar que el asalto del PP a la Moncloa se libra en Madrid. Poco parecen importar en esta disputa las carencias del sistema sanitario, sobre todo el de Madrid, en los medios de la derecha, que describen a un Sánchez dictador frente a una jovial y trabajadora Ayuso, con ansias de libertad. En un PP con las encuestas de ABC diciendo que viene Vox, ya no se disimula con la moderación, sino que se apuesta decididamente por la radicalización, lo que en la derecha significa volver a sus raíces, esas que arraigaron durante cuarenta años en el poder. Haría reír, sino fuera porque es dramático, ver a los autoritarios de toda la vida quejándose del autoritarismo del gobierno. Libertad de expresión nunca puede significar, libertad para mentir.
Y en el gobierno de la Comunidad, ya sobran los tibios. Hoy el consejero de Sanidad de Madrid aseguraba ya que el Gobierno central debe "levantar cuanto antes" el estado de alarma impuesto en la región, que considera "un auténtico atropello a los madrileños”, mientras a la vez asegura que se deben seguir aplicando medidas de restricción en función de las zonas básicas de salud. A la vez, la consejera de Presidencia de la Comunidad ha reconocido este sábado que "nadie puede estar orgulloso de lo que está pasando", que "el dialogo era necesario desde hace meses" y que el estado de alarma se ha dictado "de una forma un tanto autoritaria" por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Si el gobierno del Estado no se pone en su sitio, si antes se le hizo responsable de la falta de recursos en los 17 sistemas sanitarios transferidos, si se le culpó de los muertos en las residencias de mayores competencia de las CCAA, y se le acusó de ocultar los muertos (aun dependiendo todos, tanto el INE, como el MoMo del Ministerio de Justicia y el Ministerio de Sanidad, del Gobierno), ahora se le hubiese acusado de haberse retrasado en aplicar el Estado de alarma en Madrid, en cuanto se incrementase el número de fallecidos. Cinismo puro es, que algunos de los que critican la declaración del estado de alarma en Madrid, lo exijan para otras CCAA. En fin, lo que decía, cainismo puro y duro.
El final de este tira y afloja es que se está produciendo una desmotivación en el cumplimiento de las medidas, por el circo mediático y político al que asistimos, y no ayuda a que volvamos a darnos cuenta de la importancia de extremar ese cumplimiento.
La situación de Madrid invita a no creer en nada, ni en nadie. Lo cierto es que hace meses que se veía venir el choque Gobierno–Comunidad y hasta que no se ha producido, algunos no han estado contentos.

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