viernes, 11 de diciembre de 2015

INDECISOS

10 de diciembre.-

INDECISOS

A una semana de la cita con las urnas, y en una situación con cuatro fuerzas políticas con expectativas más o menos similares de voto, sube como la espuma el valor del voto de los llamados indecisos. Leía un trabajo de Maria Navarro Sorolla en el que señalaba que los que aún no tienen decidido su voto el 20D, son de ideología centrista y residen la mayoría en las ciudades. Obviedades ambas, ya que quien tiene ideología no es indeciso, como mucho duda entre los partidos que pueden representarla mejor, y que la mayoría residan en la ciudad no lo es menos, porque en los pequeños núcleos rurales la población no se permite vivir en la indecisión (por diferentes motivos), aunque en poblaciones mayores de veinte mil habitantes, que pueden calificarse más como ciudades que como pueblos grandes, seguro que también son numerosos.

Si se miran las diferentes oleadas sobre intención de voto del CIS, se observa que el porcentaje de indecisos ha ido disminuyendo paulatinamente desde finales de 2013, y que en las encuestas del CIS, los indecisos casi nunca recuerdan que votaron en anteriores elecciones generales. Pero en estos últimos días de campaña, esos “desmemoriados” se convierten en el objetivo de todos los partidos. Saben que en este escenario a cuatro, son los indecisos quienes sostiene la sartén por el mango, y quienes con mucha probabilidad, van a decidir qué candidato será el próximo presidente del Gobierno.

Pero dentro de los indecisos, objeto de deseo, también hay un bloque de olvidados. Mi admirado Eduardo Galeano los describe maravillosamente en su poema “Los nadies”, cuando afirma que "son los que sueñan con salir de pobres, con que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, pero nunca cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen. Ellos son los hijos de nadie, los dueños de nada, los que mueren la vida, jodidos y rejodidos, que no son seres humanos sino recursos humanos. Esos que tristemente en muchos lugares del planeta, cuestan menos que la bala que los mata". De esos también hay en este país, aunque parecen invisibles, y tras la crisis económica, malviven desaparecidos.

Son los pobres, esos de los que nos acordamos en navidad, esas gentes que no tienen quien les escriba su historia, porque la historia siempre se escribió por quienes vencieron su particular guerra del día a día, y ellos se despiertan cada mañana ya derrotados. Son miles, pero no los veremos en la televisión en ningún telediario, que solo nos recordará que existen cuando algún prohombre con cargo público, afirma que su presencia ensucia las calles de nuestras ciudades. Son los eternamente despreciados, a los que los candidatos nunca se encontraran en sus constantes viajes de ida y vuelta al centro político porque residen en los extramuros de la política, pero tampoco los buscan porque ellos nunca se sienten representados en ningún proceso electoral, y no suelen acudir nunca a votar.


La letra de una canción del grupo Elzurdo les describe muy bien “Ella se llamaba Olvido, a él le llaman chico Nadie, no sabían que eran vecinos, vivían en la misma calle, la calle sin apellidos, vivían en la puta calle”. Son muchos, son indecisos, pero son los olvidados, los nadies, que no saben que de ejercer su derecho otro gallo les cantaría.

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