miércoles, 28 de enero de 2015

GRECIA NO ES ESPAÑA, PERO SE LE PARECE

Las elecciones griegas nos anuncian el maratón electoral que mantendremos los españoles este 2015. No somos Grecia, pero como mediterráneos tampoco somos tan diferentes de ellos, y seguro que alguna repercusión tendrá su resultado sobre nosotros. Por eso no está de más, un análisis de esos resultados, por si pueden enseñarnos algo. El titular es, un gran triunfo de la izquierda encabezada por Syriza, pero permite más lecturas según las diferentes formaciones de esa izquierda.

Derrota real de la derecha de Nueva Democracia (el partido que provocó la intervención del país por manipular durante años el déficit griego), pero mantiene el porcentaje de voto, y ha podido salvar los muebles. Y no era fácil, porque sus políticas de austeridad, similares a las del PP aquí, solo han llevado a la devastación del país. Pero son la derecha, y allí como aquí, el voto de la derecha siempre acaba en su lado, y más si llaman a arrebato con la sempiterna excusa de que viene el lobo.

En la izquierda, los votos suman lo mismo que hace tres años, pero repartidos de manera diferente. El hundimiento del Pasok (un partido calificado de izquierda, pero que nunca fue tal) le ha llevado al séptimo lugar de voto, pero la suma de los votos de Syriza, KKE y Pasok es prácticamente la misma que entonces. Alarmante resulta, que mantiene casi un siete por ciento de apoyos la extrema derecha en el formato  Amanecer Dorado, pese a la dimisión de su líder y a que sus propuestas son más propias del nazismo de finales de los años cuarenta, que de una democracia del siglo XXI. A esto hemos de añadir la aparición de un nuevo partido, To Potami, y la pérdida de apoyo de las formaciones independientes respecto a hace tres años.


De las repercusiones de esos resultados en nuestro panorama electoral, pueden hacerse diferentes interpretaciones, y esta es solo una más. De una parte, la victoria de Syriza puede ser muy positiva para Podemos o puede convertirse en un boomerang mortal. Una u otra consecuencia está condicionada a que Syriza pueda de inicio cumplir su programa en Grecia, eso supondrá un respaldo a las tesis del partido de Iglesias, pero si fracasa, en unos meses se llevará por delante mucha expectativa de voto de la formación española.

Por mucho que figuren en su programa, y en sus manifestaciones públicas, Syriza podrá acometer ya, solo las reformas que dependan del gobierno griego, pero para las que dependan de Europa no se lo van a poner fácil. Basta mirar como la segunda economía europea, Francia, se opuso a la austeridad desde la llegada de Hollande y  no ha podido acabar con ella. Exigir a Syriza que logre cambios en unos meses, puede ser hasta injusto, pero sabemos que en la UE prima la economía sobre la justicia.

Muchos apuntan que en el PSOE hay pánico por la posibilidad de acabar como el PasoK, quienes lo afirman saben que eso es algo improbable hoy, porque el verdadero pánico está en el PP ante la posibilidad de que eso ocurra, y sea Podemos el que ocupe su lugar. Ese pánico lo dejo ver Rajoy en la entrevista televisiva post elecciones griegas, porque él está convencido, de que el PP perderá mucha representación, pero aguantará como ha hecho Nueva Democracia, pero, eso sí, solo si el electorado del PSOE sigue firme y fiel. Sin embargo parece que olvida que hay un nuevo elemento emergente entre el electorado de derechas, representado por Ciudadanos, cuyo auge restará apoyos al PP, hoy muy desgastado por sus políticas, y puede dar al traste con esos cálculos.

El resultado de Nueva Democracia es todo un aviso para los navegantes españoles, porque pese a los recortes del PP, al incumplimiento del programa electoral, y a que el partido se percibe como un odre rebosante de corrupción, el votante de la derecha acudirá fiel a dar su apoyo a cualquier candidato aunque este imputado, bajo el lema “es un chorizo, pero es mi chorizo”. La extrema derecha española, es lógico que apoye como siempre al PP, pese a que la ambigüedad de Podemos (ni de izquierda ni de derecha), que aún le permite disimular quien tendrá su apoyo hasta el último momento, y acabaran apoyando lo que antes pueda acabar con la democracia.

Entre la izquierda existirá un trasiego de votos similar al de Grecia, pero seguro que no de una forma tan estrepitosa. Son muchas las variables a tener en cuenta: la falta de concreción del programa de Podemos, unida a que su líder puede aparecer como un magnifico contertulio televisivo, pero cada vez se muestra más prepotente, y aún no transmite sensación de ser un estadista como si lo ha hecho Tsipras; que las disputas en el PSOE le restan credibilidad a Sanchez; y que Izquierda Unida, pese a la buena imagen de Garzón, está desaparecida en combate engullida por Podemos. Todo junto nos hace intuir, que aunque el trasiego de voto en la izquierda se dé, es pronto para decir hacia dónde, y en que volumen.

Con este panorama, si su objetivo es desalojar al PP de la Moncloa, (lo que su forma de actuar en ocasiones puede ponerse en duda) la izquierda española debería dejar de atacarse, y buscar puntos de encuentro para un programa de mínimos en común, en lugar de ahondar en sus diferencias. Cuanta más leña se den entre las formaciones izquierdistas, mejor para el PP. Dicen que mientras entre los partidos de la derecha, existen diferencias pero les une un objetivo común, entre las formaciones de izquierdas tienen un objetivo común, y les separan las diferencias.

Por eso, puede que el manido eslogan de que PP y PSOE son iguales, si Syriza no consigue realizar pronto lo que ha prometido, acabe pasando factura a sus impulsores de Podemos. Entonces empezaremos a escuchar, que Grecia no es España, y que entre Podemos y Syriza hay muchas diferencias, pero será por boca de Podemos, curiosamente, lo mismo que ahora están diciendo desde el PSOE respecto a Grecia y el Pasok.

Mientras la izquierda siga así, lo único seguro, es que en Génova 13 seguirán frotándose las manos. Puede que los dirigentes de la izquierda deban aprender a llevar el zapato derecho en el pie izquierdo sin que les salgan callos, lo que según Guy Mollet, es todo un arte, y al parecer difícil para los hoy cabezas de cartel.


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