viernes, 20 de junio de 2014

¿NEUTRALIDAD? ES MAS FACIL ENCONTRAR ROSAS EN EL MAR


Se acerca el final del plazo para la recogida de avales por parte de los candidatos a la secretaria general del PSOE. Contrariamente a lo que debería serles exigible, los cargos públicos socialistas   empiezan a posicionarse públicamente en apoyo a uno u otro candidato. No les niego todo el derecho que les corresponde porque antes de cargos son militantes, y el  proceso en el que estamos tiene su importancia precisamente porque dicen que es la hora de la militancia. Pero eso nunca puede ser una justificación para que no mantengan la neutralidad que el ejercicio de su cargo orgánico les obliga a mantener en un proceso que debe ser transparente y cristalino.
 
No son una muestra de neutralidad las llamadas telefónicas, habituales en estos días, para que los alcaldes o los secretarios generales de las agrupaciones locales, recojan avales a favor de un candidato (parece que para ellos solo existen dos) entre los militantes de su localidad. Y no solo por teléfono, también en las redes sociales se nos intenta manipular a los militantes incorporando a los llamados “grupos de apoyo a un candidato”, a nombres de personas con una cierta relevancia y capacidad de influencia entre la militancia socialista, cuando esas personas no han mostrado de motu proprio ese apoyo.
 
Si sería actuar con neutralidad, que esos cargos hubieran exigido un debate público entre los candidatos y que eso permitiese a la totalidad de la militancia conocer en profundidad lo que están apoyando cuando firman su aval. Hay militantes informados de los programas de cada candidato, pero también son muchos los que avalaran en función solo de la imagen o de quien les solicita el aval. No he escuchado a ningún responsable exigir ese debate de ideas, aunque se llenen la boca defendiendo la necesidad de ese debate ideológico.
 
Mostraré públicamente mi apoyo, cuando los candidatos ya cuenten con los avales necesarios, porque creo que la exigencia de un número mínimo de avales restringe las posibilidades de opción a los militantes, y si se piensa que un exceso de candidatos desvirtuaría este proceso, desde la federal podría haberse planteado una segunda vuelta. También un número máximo de avales por candidato hubiera dado igualdad de oportunidades a todos.
 
Si ya en esta primera fase no se actúa con neutralidad para con todos los candidatos, no quiero imaginar lo que será la  votación del 13 de julio, ni que nuevas  maniobras orquestales en la oscuridad  se podrán realizar por parte de las direcciones regionales y provinciales, para que el resultado que salga sea el de su agrado. Posiblemente los militantes necesitemos aprender, y no que nos enseñen, lo que son unas primarias.
 
Pero a muchos también nos resulta curioso, que quienes así actúan sean los mismos responsables de las direcciones que ayer se mostraban ofendidos cuando proponíamos designar una gestora para supervisar y garantizar la imparcialidad en el proceso electoral. En esa propuesta veían una desconfianza con el actual secretario general que decían que no se la  merecía, sin pensar que la desconfianza era en ellos, y su manera de actuar ahora viene a justificarla. Debían temer que esa gestora les impidiese la utilización en favor de un candidato, de las influencias que implica el cargo que ejercen, y de los datos sobre la militancia de que disponen.
 
La parcialidad solo es concebible en quien actúa pensando más en sus posaderas, que en lo que hoy necesita el partido. Han olvidado que andando se hace camino, y la situación del PSOE requiere que se piense más en avanzar que en los intereses propios. Moleste a quien moleste, creo que actuar así emana un cierto tufillo maniqueo y es una falta de respeto a la ideología socialista. Por si aún no se ha dado cuenta, en este proceso se muestran más interesados los cargos del partido que sus militantes, y eso es lo contrario a lo pretendido en principio.
 
Si se quiere desterrar la desafección ciudadana con la política y mejorar la democracia interna, no parece como lo más recomendable este modo de actuar. Y me temo que si esta vez no se consigue, ya no valdrá solo con volver a lamernos las heridas, y que todo siga igual. Esta vez no parece que el electorado esté por permitirnos más errores.
 
Algunos verán en este artículo un comentario negativo para la organización en la que milito,  pero a mí sí me preocupa lo que pase en mi partido, y no hacerlo me convierte en cómplice de todo lo que está pasando. No estoy dispuesto a admitir, que a pesar del esfuerzo que para toda la militancia supone el proceso en el que estamos, no se guarde una escrupulosa neutralidad para con todos los aspirantes.
 
Las formas son muy importantes, y con la elección de un nuevo secretario general, no se debe solo transmitir una imagen de democracia interna o una manera de dar paso a las nuevas generaciones, sino de establecer mayor democracia interna que sirva para dar un cambio profundo en un partido totalmente encorsetado y en el que los muchos cambios aprobados en congresos y conferencias se quedan luego  solo en palabras. De no hacerlo bien, lo lamentaremos todos, no solo los dirigentes, porque los ciudadanos perdonan menos las apariencias de democracia que su ausencia.
 

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