jueves, 22 de mayo de 2014

TRAS UNA CAMPAÑA INSULSA, HAY QUE DECIDIRSE.


En pocas horas terminará la campaña de las europeas, y las encuestas vaticinan que la abstención será grande, sobre todo entre los votantes de los dos grandes partidos tradicionales. No votar en democracia, es a todas luces una actitud errónea, pero puede resultar justificada para quienes están hartos de las mayorías gobernantes, y de no haber encontrado un mensaje o una propuesta ilusionante para apoyar en estas elecciones.
 
Hay quienes dicen no saber qué se vota el día 25 M o como les afecta, viendo en la abstención la postura más decente frente a dar su aval a ciegas, o ir a votar simplemente porque “siempre voto a los nuestros”. Y no es fácil saber lo que realmente votamos, porque si el programa electoral es fundamental en cualquier campaña, muchos votantes deben pensar que los partidos no han presentado sus programas.
 Nadie debe extrañarse de esa percepción viendo al PP que continúa atascado en culpar de todo a Zapatero desde hace años, y se ha pasado toda la campaña justificando su mala gestión en el gobierno con la herencia recibida, y dedicado a apuntarse el mérito de una recuperación que casi nadie en su casa ve. E igual ocurre con el PSOE, centrada su campaña en resaltar el machismo del PP y lejos que está de ser una derecha europea moderna, sin poner excesivo empeño e incluso olvidándose de presentar sus propuestas electorales para Europa, que hacen diferenciar el proyecto socialdemócrata europeo del neoliberal.
 
Si la falta de control verbal de Cañete ha perjudicado al PP al mostrarnos como piensan realmente, algo similar ha ocurrió al PSOE con Felipe y su sugerencia de una coalición PP y  PSOE (aunque matizará que solo en el hipotético caso de una situación muy grave en el país). Cada cual tiene derecho a morir como quiera, incluso suicidándose, y eso parecían querer ambos partidos, el uno mostrando como es, y el otro manifestando algo infumable para los votantes socialistas que verían en ello la puntilla final a un PSOE que sigue perdiendo votos por su izquierda y con un grave problema de credibilidad.
 
Muchos votantes socialistas no le han perdonado al PSOE la reforma urgente de la Constitución que se acordó con el PP, aunque le viniese impuesta desde Bruselas por la UE, para que ahora les vengan con estas. Pero cito esa intervención, porque se convirtió en un regalo para IU, el tercer partido en discordia, que rápidamente se lanzó con su ya manido eslogan de “PP y PSOE son iguales” intentando  arrimar el ascua a su sardina, y dejando en un segundo plano también su programa. 
 
Pero tampoco a IU la estrategia parece haberles salido todo lo bien que pensaban, puesto que muchos han visto en esa actitud como la coalición utiliza dos varas de medir según le interesa: por un lado ven  “coherencia” en permitir que el PP gobierne en Extremadura sin asumir que ellos son el colaborador necesario, o denominan "postura de transversalidad" a lo que sencillamente es una manera de justificar el caminar junto a la derecha más reaccionaria de Cataluña; mientras que por otro lado se muestran escandalizados con las palabras de González, envueltos en la autocomplacencia de su “pureza” de izquierdismo.
 
Pese a su ambigüedad según donde actúe, IU ha repetido machaconamente el mensaje de que los socialistas tienen la misma idea política que el PP, aun sabiendo que las bases socialistas rechazan de plano todo lo que está haciendo el PP, alejándose con ello de potenciales votantes. Tal vez ha olvidado que el efecto “pinza” tuvo un precio que pagaron durante años, y alguien en IU debería analizar, si con negarse a una coalición de izquierdas en la que IU no sea la mayoría absoluta, no están propiciando que el resto de la izquierda pueda verse forzada a coaliciones "anti natura" para desalojar a la derecha del poder, en lugar de actuar por principios como lo están haciendo en Andalucía. La estrategia de comportarse como el perro del hortelano que "ni come, ni deja comer", ha hecho que muchos vean que en IU andan más preocupados por obtener un puñado de votos que les consolide, antes que en solucionar el gran problema de los trabajadores españoles: una derecha rancia gobernando.
 

 
Como cuarto elemento del tablero electoral está UPyD, entre la visceralidad anti socialista y ocultar planteamientos próximos a los populares. Han utilizado las frases de Cañete y de González, sin querer acordarse que desde su bancada hemos escuchado frases gloriosas en boca del diputado Cantó. Salvo que se trate de un desliz de los medios, parece una manipulación que en los reportajes televisivos solo hayamos visto la imagen de su lideresa,  sin mostrar nunca la asistencia a sus mítines, y desde luego sin mostrar tampoco su programa..
 
Rosa Diez sigue empeñada (y en esta campaña más) en mostrarse como la paladina defensora de la dignidad perdida en la clase política española, para lo que ha contado  con los apoyos mediáticos afines al PP. Síntoma de memoria frágil o estrategia falaz, el no recordar los años que paso como europarlamentaria, cargo obtenido en las listas del partido del que desde allí despotricaba, cobrando y sin la menor dignidad para presentar su renuncia. Eso la hubiera hecho más creíble, aunque a serlo tampoco la ayudan a ello los problemas internos que provoca al ser la única mano que puede mecer la cuna en esa formación.
 
Luego está el bloque formado por las candidaturas nacionalistas, más centradas en estimular a su electorado conservador y aferrado a una realidad en clave territorial con programas localistas, tampoco publicitados. Y por último, también han desempeñado su papel (nada despreciable a juzgar por el miedo de los grandes partidos a la dispersión del voto) los nuevos partidos hoy minoritarios como VERDES, EQUO, PODEMOS, PACMA y otros, que ofrecen la posibilidad de que nuestra representación en el parlamento europeo sea tan variada como lo es la sociedad española. Propuestas desde espectros políticos diversos (unos autoproclamándose la izquierda pura y otros la derecha verdadera), con objetivos muy dispares (ambientalistas, animalistas, feministas, etc.), y utilizando estrategias dispares, alguno recurriendo al victimismo, a la pureza ideológica, otros al discurso fácil, otros a la demagogia, y otros mostrándose con la honestidad que se permite quien sabe que su mensaje es el correcto pero no aspira a obtener representación.
 
Y así han transcurrido estas semanas de campaña, media campaña dedicada a las frases del expresidente y sobre todo de Cañete (aun disculpándose ambos), y la otra media al aprovechamiento de esos deslices por los demás partidos. En resumen, pocas propuestas y más de lo mismo, lo que conduce a que los ciudadanos lleguemos a pensar si tanto los políticos como los informadores, no nos tratan como a desmemoriados o como diría Rajoy “lisa y llanamente como a tontos” (fin de la cita). Parecen convencidos de que aunque actúen sin gracia ni arte, siempre les seguiremos aplaudiendo, porque nadie les puede sustituir en este escenario.
 
Si algo nos han debido enseñar los más de treinta años de democracia, es que a nada llevan campañas en las que el debate de ideas brilla por su ausencia, y donde se imponen los mensajes mediáticos sin contenido, como lo ha sido esta. Y el aprendizaje más importante ha sido que no es bueno que se den mayorías absolutas en ningún parlamento, siendo más positivo para los ciudadanos, que sean coaliciones entre diferentes partidos la fórmula que les permita configurar gobiernos.
 

Los españoles hemos venido votando mayoritariamente al amplio espectro de la izquierda, pero por la desunión, y por la actual ley electoral española, esa mayoría ahora no ha podido gobernar. Muchos españoles progresistas empezamos a estar cansados de tanto voto de izquierdas sin resultado de gobierno, y toda la izquierda debería tomar nota de este detalle y darse cuenta de que la verdadera víctima de esta crisis ha sido el futuro de los ciudadanos, y la gran castigada la izquierda.
 
El sábado es un buen día para hacer una reflexión sobre la necesidad de acudir a votar, incluso en blanco si no se está convencido de que una postura merezca nuestro apoyo, si con ello trasladamos a los partidos políticos el descontento ciudadano hacía las política en general y hacia los política europea en particular. La mejor razón para acudir a votar es tan sencilla como impedir que nada ni nadie decida por ti, ni siquiera tu silencio.
 
Otra Europa es posible, si la balanza se inclina hacia una forma de gobernanza de la socialdemocracia capaz de cambiar el rumbo hacia un crecimiento respetuoso con el planeta, de priorizar los derechos de las personas sobre los lobbys económicos y  de generar empleos dignos. Si no es así, será que la mayoría desea continuar con la austeridad  y la explotación laboral del modelo neoliberal que hoy domina el continente, y habrá que respetar esa elección.
 
En cualquier caso, triunfe el domingo un modelo u otro, esta formación, aquella o la de más allá, esperemos que el nuevo parlamento europeo sepa recuperar en toda Europa, y especialmente en nuestro país, los valores de la decencia entre quienes ejercen la política.
 

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