lunes, 19 de mayo de 2014

HA EMPEZADO LA CAMPAÑA ELECTORAL: !ZAPATERO DIMISION!


Debía iniciarse el día 9 de junio. El PP quería una campaña de perfil bajo, para no incrementar el desgaste que su gestión de la crisis le está produciendo en apoyo electoral. Su ideal era una campaña que no fuese campaña. Todo iba según lo previsto, y hasta la interrupción por el asesinato de Isabel Carrasco en León, facilitaba ese perfil plano. Al PP todo le iba sobre ruedas, hasta que llegó el debate televisivo de los candidatos de las dos fuerzas mayoritarias.
 
Y se celebró el debate, que más que un debate para contrastar los programas que sobre Europa presentan ambos partidos, todo parecía indicar que  estábamos ante un debate de elecciones generales. El campechano, dicharachero y eminente Arias Cañete  no se salió ni un ápice del guion que sus asesores le habían marcado, y al hacerlo así, perdió la campechanía y la facilidad de palabra que señalaban como sus grandes virtudes. Al limitarse a leer lo que le habían escrito, acabó dando la sensación de que quien había marcado la pauta había sido su adversaria, la señora, y no él, el  caballero.
 
Las primeras valoraciones ya esa noche (incluso la de algún medio pro-PP), indicaban que Valenciano había dado muestras de mayor naturalidad, y logrado llevar a su terreno el debate en los temas claves que a ella le interesaban. Arias Cañete había hecho aguas en esos terrenos, sobre todo cuando ni siquiera defendió la reforma de la ley de regulación de la interrupción del embarazo de su partido, pero también en otros temas en los que pese a su experiencia política se le vio patinar y caerse. La conclusión mayoritaria era que le habían ganado a los puntos (menos para Marhuenda, naturalmente).
 
Esa derrota, era algo que un personaje de su visceralidad y hombría no iba a permitir que quedase sin justificación. Y así lo hizo, porque en cuanto tuvo la oportunidad se le desató la lengua y se pasó por el forro de sus caprichos los consejos de los asesores. Como elefante en cacharrería, vino a decir que le había perdonado la vida a Valenciano por no ser de sexo masculino, porque hay que respetar al sexo débil, que es como él ve a las mujeres. Y con este comentario desafortunado (siendo benevolente), encendía la mecha y comenzaba la verdadera campaña electoral europea, que hasta ese momento no era tal, por insulsa, anodina y sin ningún interés.
 
Y nadie se explica aún, con lo fácil que le hubiera resultado disculparse por semejante exabrupto, el por qué no solo no lo hizo, sino que inició una hacia adelante, y sin tampoco encontrarle una explicación razonable, todo el PP acudió en su apoyo. Hay que decir, que hasta las mujeres de su partido, como la vicepresidenta del gobierno o la secretaria general, han intervenido respaldando las barbaridades del candidato sin mostrar el menor pudor por su parte como mujeres.
 
A pesar de ese apoyo, el PP ha sufrido (resultándole imparable) una avalancha de críticas contra su candidato y de paso su partido, que han eclipsado el empeño del equipo de marketing electoral por mostrar a Cañete en los carteles como un hibrido entre Papa Noel y Papá Pituso, resultando inevitable que a la mañana siguiente al debate todos los españoles estuviéramos convencidos de que estábamos más ante un clon del Torrente cinematográfico.
 
Quien conoce a Cañete como Rajoy, debería saber que como buen súper macho hispánico se acelera el pulso en cuanto ve una falda, le resulta imposible cerrar su bocaza, y que en su diccionario no se conjuga el verbo disculpar. Seguramente sus asesores debieron aconsejarle rectificar, y para tratar de no mostrarse como un misógino, desde ese momento se dedicó a fotografiarse con mujeres en todos los lugares posibles imaginables. Pero no debió parecerles suficientes esos posados, y recurrieron en el fin de semana a lo que me permito denominar “momento Cuenca”. Para solucionar el desaguisado entró en campaña Rajoy, quien en lugar de aprovechar el encantado lugar, y corregir a Cañete convirtiéndole en el candidato colgante y situando al partido por encima de los personalismos del candidato, sorprendió a propios y extraños y le ratificó como lo mejor de lo mejor.
 
Y como ella no podía dejar solo en el naufragio a su mariano y a su súper candidato popular, entra en esta escena tragicómica Cospedal, que remata la faena apostillando: "La libertad que queremos las mujeres es la de poder trabajar". Y de esta manera, podemos afirmar, que nunca ha quedado tan claro como en esta frase, que para el PP la libertad de las mujeres se resume en poder trabajar, a ser posible en casa, y esperando que llegue su señor, como indicaban los manuales de la Sesión Femenina presidida por Pilar Franco. Solo el seguimiento del manual de esta organización, explicaría el apoyo a Cañete en su metedura de pata hasta la región inguinal derecha.
 
En un comentario a mis artículos de opinión, un lector apuntaba el hecho de que siempre me manifestaba en contra del PP y pocas veces contra el PSOE. Y es cierto, porque cada uno tenemos el sesgo que el propio bagaje personal nos imprime, pero eso no significa que yo justifique los errores cometidos por anteriores gobiernos socialistas.  Pero tampoco puedo considerar justificable  que se achaque la responsabilidad de todo lo negativo a los gobernantes anteriores, sin admitir los errores propios del gobierno actual, que los tiene y en abundancia.
Cuando en vez de consignas por parte de los partidos, se nos expongan argumentos de peso, intentando conocer lo que realmente está pasando con nuestro país,  tal vez tengamos claro a quién debemos votar o no votar. Pero mientras no se den nuevos argumentos, en esta campaña electoral, el PP no tiene otro mejor que acusar al anterior gobierno de la crisis, omitiendo que esta ha sido mundial, para así mostrarse como "salvadores de la patria", y para intentar convencernos Cañete no se quita de la boca a Zapatero. En el PP se empeñan en parecer los buenos cuando piden el voto, porque están convencidos de que no tendrán la obligación de cumplir nada de lo comprometido, y que les bastará con auto justificarse y decir que han sido las circunstancias las que les llevan a cambiar todo lo dicho.
Un ejemplo de esa transformación pre y poste electoral son la imagen sugerente de la Vicepresidenta en una revista, y después de los comicios aparecer en otra junto a Rouco Valera con la mantilla entre jaculatorias. Pero han sido tantas (yo diría que demasiadas) las mentiras que se nos contaron antes de las elecciones de 2011, que hoy solo los que se benefician de esa forma de gobierno pueden creerse estos cuentos de hadas. Si la economía levanta cabeza, no lo hace para todos, sino gracias a la desigualdad que están generando con sus políticas de austeridad, que permiten a unos pocos aprovecharse del esfuerzo de todos. Eso sí que es parte visible del invento llamado marca España, y en esa materia sí que somos líderes en Europa gracias al PP.
 
Personalmente estoy convencido de que lo que acabará hundiendo a Rajoy, no será la oposición sino su poco ojo eligiendo personas, y una muestra de ello en estas elecciones es su lista encabezada por Cañete y González Pons. Pero mientras esta incapacidad del presidente no se perciba por el conjunto de los ciudadanos, con los votos que obtenga el PP piensa seguir apoyando a la banca, machacando a los pensionistas, a los jóvenes y a los parados, y continuar afirmando que bajan los impuestos mientras los suben, o negando que se han cargado la sanidad y la educación públicas, y todos los que desastres que en estos años estamos teniendo que soportar. Y como gran instrumento de gobierno, el de siempre que resulta infalible para los gobiernos de derechas: el miedo. Ese miedo que hace temer que si protestas te aplicaran la ley mordaza, o te enviaran la inspección de hacienda o la policía, o te cerraran tu cuenta de internet, siempre justificado en que actúan en nombre del pueblo que les dio su actual mayoría absoluta.
 
Quizás, en el PP están convencidos de que ganarán estas elecciones, pero no será como fruto de sus méritos propios, sino del poco empuje de la izquierda como contrapeso en la balanza. Esa izquierda española que no acaba de levantar cabeza porque, a diferencia del electorado de derechas, el de la izquierda castiga a los gobernantes que eligió pero le defraudaron en aquello que esperaba de ellos. Y debe esa izquierda sentirse orgullosa de que así se debe actuar en democracia, aunque paradójicamente esa actitud democrática juega siempre en su contra. Entre los partidos de derechas hay matices que les separan pero tienen un objetivo común; en la izquierda se tiene un objetivo común, pero los matices separan, y así nos va.
 
En cualquier caso, el próximo domingo creo que hay que ir todos y todas a votar si queremos que esto cambie, y si no somos capaces o no nos importa lo suficiente el resultado, es que no merecemos nada mejor que lo que tenemos. En libertad actuamos por responsabilidad, en su ausencia lo hacemos por obediencia. Por el momento el voto es el único instrumento que tenemos para expresar en libertad lo que queremos y lo que no.
 

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