viernes, 2 de agosto de 2013

Si Rajoy sigue, y 8 de 10 ciudadanos no le creen ¿es esto democracia?


Penoso. Así podría resumirse con un solo calificativo, lo que ayer pudimos contemplar quienes esperábamos la denominada “más importante comparecencia de un Presidente de Gobierno en los últimos años”. Los portavoces de los grupos de la oposición, hicieron su labor y Rajoy la suya, pero si alguien recuerda dentro de unos días algo más que el “fin de la cita”, que levante la mano. Y que un acto tan importante se reduzca a una frase que suena a chiste de humorista televisivo…amén.

Ese calificativo no está en función de la mayor o menor calidad de las intervenciones, sino de la sensación de decepción de un pueblo que esperaba la verdad, y que se siente defraudado con su democracia. No es lo que digan, es el formato que se aplica para decirlo. Lo que piensen en la sede de Génova me importa un bledo, lo que se palpa en la calle, como socialista, me da pánico: esta democracia ayer, defraudó a quien la vive.

Siempre he creído que la manera de luchar contra una interpretación mediocre de la democracia es con más democracia, y eso solo será posible si a la democracia representativa se la complementa con mecanismos que la hagan más participativa.

En estos tiempos en los que está de moda hablar de alianzas entre la izquierda para afrontar los próximos procesos electorales, creo que sería mucho más positivo plantearnos unir fuerzas entre la izquierda para  cambiar el modelo institucional que nos dimos con la Constitución.

La necesidad de revisar las estructuras e instituciones del Estado desde las que se ejerce el poder, cada vez parece más imprescindible si queremos incorporar valores irrenunciables de la izquierda como la igualdad, la participación, la transparencia en las cuentas y en la actuación desde lo público. Dice el aforismo que la información es poder, y si en una democracia el poder recae en el pueblo, para que eso sea así, cualquier asunto relacionado con lo público, la información debe estar siempre y en cada momento a disposición del pueblo si este lo solicita.

Y apelo a esa gran alianza de la izquierda para este fin, porque es a la izquierda a quienes nos corresponde ser protagonistas e impulsores de esa profundización en la participación y la transparencia. El PP se limitara a sus estructuras caducas con sesgo franquista desde las que el ordeno y mando les vale. A la izquierda no, y las nuevas tecnologías y las redes sociales representan un instrumento de primer orden para facilitar todos los cauces de participación posibles, porque solo así se podrá recuperar la confianza en las instituciones.

Reformar las instituciones del Estado para que los ciudadanos nos sintamos representados en ellas, y articular fórmulas que permitan la consulta directa a la ciudadanía en las grandes decisiones, será la única manera de lucha contra la desafección ciudadana de sus representantes políticos, y de una valoración ciudadana de muchas instituciones que va del “no sirve para mucho”, hasta el “no sirve para nada”.

Con un modelo participativo y de voto ciudadano, el sainete de ayer no se hubiese mantenido por una mayoría absoluta otorgada para gobernar, no para proteger a una panda de corruptos. Y el resultado hoy seria penoso para los corruptos, y de aire fresco por las ventanas abiertas de las instituciones, para todos los ciudadanos. Si las encuestas de hoy dicen que solo dos de cada diez se creyeron al Presidente, significa que los ocho que no lo creímos no pintamos nada. Y a eso, no puede llamársele democracia real, porque lo que tenemos es un sucedáneo.

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