lunes, 29 de julio de 2013

La derecha es franquista porque hubo transición, no ruptura.


Hoy han colocado carteles anunciando en mi pueblo el acto de Nuevas Generaciones del PP. Aunque el contenido del mismo es tan simple como llegar al voto a través del estómago, me ha llamado la atención el subtítulo en el que anuncian un “homenaje a los afiliados y a la bandera”.

He citado el acto de aquí, pero mi comentario puede ser seguramente generalizable al resto del país. El PP ha basado su campaña de imagen, pre y post electoral, en transmitir a todo el que quiera escucharlos, que ellos son España, y que quien quisiera a España tenía que votarlos a ellos. Pero no solo esto, sino que ahora desde el gobierno, se escudan en ese mismo argumento, para decir que quien les ataca a ellos, ataca a todo lo español.

En nuestro pueblo, como en la mayoría de pequeñas localidades, criticar la pésima gestión municipal del PP es dividir el pueblo o buscar enfrentamientos entre los vecinos, sin admitir que se puede errar al actuar. Ellos nunca lo hacen mal, y quien no esté de acuerdo con su manera de gobernar, automáticamente se convierte en un rojo peligroso y socialista resentido.

Esta actitud defensiva la justifican en que para eso ellos han ganado las elecciones. Son tan primitivos como demócratas, que reducen el ejercicio democrático estrictamente al día de las elecciones, y solo vuelve a admitirse cuatro años después. Así lo creen los militantes del PP y quienes hoy todavía les siguen votando.

Frente a esto, tienen una oposición que no ha sabido contrarrestarles, bien porque no se tiene un amplio apoyo social que sirva de contrapeso, o porque en muchas políticas se piensa que las imposiciones de Europa le harían actuar de manera parecida. El resultado final es que no se ha obligado al PP a comportarse democráticamente, y ello significa que no se les exige el cumplimiento del programa electoral.

Ahora además el PP está aprovechando el desprestigio de la clase política en su conjunto, no solo por la existencia de corrupción, sino también porque casi nadie vincula político con honradez. Esto ha conducido a que en muchos de nuestros pueblos no se pelee por tener un alcalde honrado, sino por tener uno que individualmente nos haga los favores que personalmente necesitamos. Esos ciudadanos sonríen cuando te dicen aquello de “será un corrupto, pero a mí me arreglo lo mío”.

Y si hacemos el ejercicio de saltar del pueblo a la ciudad, además de eso, vemos el papel fundamental que juegan los medios de comunicación, que en su mayoría se encuentran al servicio de la derecha dada la línea electoral que le fijan sus propietarios. Nunca nadie tuvo a su servicio tantos medios como hoy el PP, y nunca a la izquierda le resulto tan difícil exponer sus argumentos en los medios, y solo nos queda el boca a boca en nuestra vida cotidiana, en nuestras conversaciones con vecinos, compañeros y amigos.

Tratando de buscar la causa de ese arraigo de la derecha, creo que está en el hecho de que la salida del franquismo para llegar a la democracia actual, se produjo solo parcialmente. La transición no fue una ruptura con el régimen franquista, y aunque muchos nos movilizamos contra él, no se desmantelaron todas las estructuras fascistas que formaban parte del Estado. Consecuentemente no hay plena democracia hoy, pero no hay que culpar a nadie, sino asumir que los responsables de que nuestra democracia sea gris, somos todos nosotros.

Por eso, los poderes herederos del franquismo siguen intactos en muchos de nuestros pueblos y ciudades, y por muy jóvenes y nuevas que sean las generaciones de la derecha española, su discurso y sus actitudes, solo necesitan tocar poder para que rebrote su vena franquista y fascista. El ejemplo de un Rajoy que se resiste a acudir al Parlamento a dar explicaciones, no es sino una muestra más de ese rancio abolengo franquista de derecha de toda la vida, que tiene la derecha del PP.
Para que la democracia española lo sea de verdad, hay que cambiar muchas cosas, y quienes queremos democracia cien por cien, tenemos un gran trabajo por delante. Aunque las NNGG continúen buscando el voto en estómagos agradecidos, no hay que alarmarse, ya lo hacían sus antecesores en  la época franquista.
 
 
 

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