miércoles, 24 de julio de 2013

La democracia española esta carente de efectividad

Por las mañanas, cuando los rayos del sol te hacen abrir los parpados, en Castilla La Mancha no sabemos que nos deparará el nuevo día. Desde que nos gobierna (o similares) Cospedal, cada amanecer puede depararnos una sorpresa. No porque tenga capacidad de sorprendernos, sino por el nivel de insidia que puede alcanzar en cada una de ellas. En esta mañana nos hemos despachado contemplando uno de esos arrebatos de transparencia para con los demás, y que ella nunca se aplica a sí misma, y ha sido la publicación las retribuciones de algunos médicos de Castilla La Mancha.

Cínicamente ella le llama ejercicio de transparencia. En realidad no busca transparencia, sino una justificación de que el salario que percibe como Presidenta regional no es desmesurado. Podría haber sacado el del desempleado que no llega a cuatrocientos euros, o el del que agoto todas las prestaciones y no percibe nada. Pero no, ella se compara con los licenciados, no con los parados, sino sería meter los dedos en la boca al oso hambriento.


Lo primero que a uno se le ocurre preguntar, es porque lo hace ahora, y no lo hizo el pasado año, cuando su salario triplicaba al de los sanitarios hoy cuestionados. Lo segundo, es lo que esta actuación sugiere, el hecho indudable de que estamos gobernados por gente sin escrúpulos, capaz de recurrir a artes casi mafiosas, que se siente capaz de todo, y que se permite intervenir en nuestras vidas privadas, como lo puede hacer cualquier delincuente que por sorpresa decide asaltar nuestro domicilio, y valiéndose de nuestro pánico, someternos a las vejaciones que se le ocurran.

Y es que nadie puede negar, que cada vez ellos resultan más intolerantes con las libertades, y sus legislaciones represivas cada vez más intolerables para los ciudadanos. El gobierno las califica como reformas modernizadoras, pero resultan ser más propias de épocas pasadas que de la segunda década del siglo XXI. Hacen reformas para todos sus gustos y objetivos neoliberales, desde las tendentes a reprimir las protestas de la calle a cualquier precio, a las que niegan un tratamiento de fertilidad por cuestión de inclinación sexual, u otras más disparatadas como dejar sin recursos la investigación.

Aunque hay quien niega ese retroceso, si alguien duda de vivir esa vuelta al pasado, puede bastarles con apreciar en los medios de comunicación cada día  imágenes de policías golpeando a manifestantes, mientras en la foto de al lado los delincuentes de cuello blanco campean a sus anchas con las reverencias de esa misma policía y las reducciones de condena.

Para desgracia de la sociedad española, estamos en el binomio de "a mayor represión,  mayor sumisión de la calle", y su dominio de la información publicada es tal, que hasta quienes reivindicamos derechos o servicios públicos, en muchos casos nos sentimos protegidos por quienes no protestan, y que aparecen como los buenos de la película, cuando tratan de hacernos comprender que por mucho que se cuestione el poder, nos dará igual.


Las reformas del PP no son solo económicas como predican, sino que van más allá de lo estrictamente económico, y las plantean justificadas en su "hacemos lo que hay que hacer", o en el "hacemos lo que Europa manda que hay que hacer". Así han encontrado la fórmula mágica para que todo sea válido y escuchemos aquello de "es que las cosas están tan mal, que habrá que aguantarse". Somos muchos los convencidos de que carecen de  razón quienes las aceptan sin parpadear, y de que el talón de Aquiles de esta democracia está en lo que nos venden como un "ajuste de las leyes" cuando es realmente un cambio de las leyes y con ellas del modelo social.


Y es que cuando se mira el panorama desolador de tantos sinvergüenzas por doquier, parece lógico que algunos reivindiquen leyes más duras contra los delitos y la corrupción, y de eso se aprovecha este gobierno para incorporar sus principios de represión. Con ello hacen que nos olvidemos de que una ley justa no necesariamente tiene que ser blanda y mucho menos si se trata de los casos de corrupción de los agentes políticos. Lo que realmente resulta sorprendente es que esas corruptelas lleven con nosotros veinte años o más, y no se hayan detectado antes. Es innegable que el silencio en mantienen las instituciones es tan evidente como repulsivo.


A pesar de todo lo que gira alrededor de la Gurtel y de Bárcenas, el PP de momento se muestra unido, y curiosamente frente a esta actitud, la izquierda que no debería sentirse maniatada para pedir responsabilidades al partido del gobierno, no solo no se muestra unida sino que aparece como viviendo en la incertidumbre, que viene a ser lo mismo que estar en la luna.


Desgraciadamente, y mientras seamos capaces de continuar tragándonos todo lo que nos echen sin rechistar, seguiremos viviendo esta triste situación, más propia de una farsa teatral que de una democracia real. Con este panorama la democracia española de este 2013, carece de efectividad y a la vez esta sobrada de incapacidad para responder a quienes por definición deberían ser quienes deben gobernar: los ciudadanos del pueblo.





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