viernes, 29 de marzo de 2013

Ya vale de cerrar los ojos: imprescindible el “un militante, un voto”


Ayer leí un artículo sobre la valoración ciudadana de los dos grandes partidos PP y PSOE, y de las dos fuerzas emergentes IU y UPyD, que plantean ser la alternativa al bipartidismo. La conclusión que extraía era la necesidad de que se produzcan cambios en la ley electoral para que se llegue a evitar el bipartidismo, y que no hay configurada una alternativa similar a la italiana representada por Grillo, aunque puede surgir.

Esta mañana y en la misma línea de análisis, leía una encuesta de europapress.es encuesta en la que se refleja el grado de desafección ciudadana con los grandes partidos y sus líderes. En mi  facebook cuestionaba que mas hace falta ver para que en el PSOE se reaccione.

Curiosamente en ambas publicaciones se obvia la opción de que en uno de los dos grandes partidos se produzca una profunda transformación de proyecto y cambio en el liderazgo, y cuál sería su repercusión en el panorama que describen. Que el cambio se produzca en el PP no es posible, porque ni tan siquiera es probable. Que ocurra en el PSOE, no solo es probable sino que es posible por estar cada vez mas internamente demandada, como confirma la encuesta citada. Es hasta necesario.

El deterioro de la política ante los ciudadanos es claramente fruto de actitudes indeseables de los partidos en ocasiones, y en otras precisamente por la falta de actuación de sus cúpulas dirigentes. Que eso haya ocurrido en el PSOE me duele, y aunque sé que se trata de evitar ese deterioro con más transparencia, profundización de la democracia interna, lo que no acaba de asumirse por la dirección, es que para que esos cambios resulten creíbles al electorado es imprescindible la participación de la totalidad de nuestras bases y no solo de las elites. Extender la propuesta gallega a toda España era una oportunidad de avanzar, no un problema interno como se ha transmitido desde la Ejecutiva Federal.

Esa actitud es incomprensible en una ejecutiva surgida de un 38 Congreso en el que fuimos capaces de aprobar que los  ciudadanos y ciudadanas tenían que participar de forma más activa en los procesos de toma de decisiones de nuestro partido. Asumir eso implicaba y obligaba a más democracia interna, más pluralismo, más libertad y más tolerancia en el debate de propuestas internas y la nueva Ejecutiva lo sabía. Y desde luego ignorar cuestiones como la premisa “un militante, un voto” que sigue poniendo los pelos como escarpias a algunos miembros de las direcciones del partido, es contraria al espíritu de lo aprobado en Sevilla.

Desde ese Congreso siguen pasando los días, y encuestas como la citada, cada vez hacen parecer más necesario que el PSOE realice un auténtico ejercicio de refundación dando con ello respuesta a lo que demanda nuestro electorado, pero eso será imposible si sigue existiendo  miedo a grandes reformas internas, sobre todo a la que suponga dar la voz a su propia militancia en cuestiones clave.

Los demás partidos de izquierda plantean un frente común frente al PP en el que se olvidan que los socialistas que militamos en el PSOE también somos izquierda, aunque la deriva de la dirección de los últimos treinta años pueda hacer dudarlo a algunos, aunque siempre por intereses propios. Ese frente común de la izquierda nacerá cojo si no incorpora al PSOE. Dejando como secundario que quienes lo plantean nos excluyan, solo nos incorporaremos a ese proceso si internamente hacemos una presión fuerte y sostenida desde la militancia para exigir nuestro derecho a un partido socialista sólido, adaptado a la sociedad actual, y con un proyecto nítidamente socialista, es decir, de izquierda.

El desencanto y la desmotivación existentes, que hacen creer a muchos y muchas militantes que el cambio interno no es posible, y se muestran resignados a que las actuales cúpulas con capacidades camaleónicas persistirán sine die al frente del partido, tiene que acabar. Ese cambio de personas parece difícil, y más cuando ahora algunos son capaces de cambiar su discurso tradicional contrario a las primarias,  a la limitación de mandatos o a la incompatibilidad de cargos, y hoy lo proponen, aunque nunca se los aplicaron ellos. Todos tenemos derecho a rectificar, pero en algunos la rectificación suena a nuevo posicionamiento para seguir en el machito, y muchos militantes creen que lo conseguirán y seguirán decidiendo nuestro rumbo.

Puedo equivocarme pero su tiempo ha pasado. Nos toca a las bases que somos las únicas capaces de  superar ese desencanto social existente con nuestro partido, pero primero esas bases tenemos que convencernos de que el futuro del PSOE está en nuestras manos.

 

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