domingo, 10 de marzo de 2013

El riesgo de caer en la resignación


Cuando un partido presenta un programa electoral que le lleva al gobierno, y una vez alcanzado este, lo guarda en un cajón y hace exactamente lo contrario, puede calificarse su actitud, siendo suave, de estafa electoral. Pero también puede decirse, que cuando alguien desde el poder hace su capricho sin escuchar lo que piden los gobernados, el calificativo es el de dictador. Podemos después, decir si esa dictadura es más o menos cruel, o bautizarla como dictadura de Europa o de los mercados, pero no deja de ser una dictadura. Eso está ejerciendo el PP.
En cualquier caso, no nos sacan de la situación de crisis. No les importa que economistas de prestigio les digan que erran en su diagnostico y en sus tratamientos. No escuchan que existen otras alternativas. No dan razones al empeoramiento de la situación, solo culpan a la herencia recibida. Continúan recorte tras recorte sin saber donde nos conducen o sabiéndolo que sería más grave. La corrupción se sale por las rendijas de su partido y la solución no es la lejía y el agua fuerte sino el ventilador. No nos merecemos esto los ciudadanos, ni siquiera los que les votaron.
Cuando uno imagina un escenario electoral en la situación que vivimos, da miedo, porque el control de los medios de comunicación que se ejerce desde al derecha es tan amplio, que llega a asustar la manipulación de la realidad que pueden llegar a ejercer. Ni que el Consejo de Europa denuncie la manipulación de la televisión pública les hace siquiera adoptar una rectificación. Saben que tienen tres años por delante y que aunque cuelguen en la plaza de los pueblos a quienes no comulguen con sus piedras de molino, un veinticinco por ciento del electorado seguirá votándoles por muy incongruente que pueda resultarles su acción de gobierno.
Con ese apoyo ya se contaba, pero hay un aspecto que quizás merezca un análisis, y es el poder de sedación que tiene la costumbre. Cuando algo empieza a ser cotidiano acaba por no llamarnos la atención. Lo bueno dejamos de apreciarlo y a lo malo acabamos acostumbrándonos y mostrando resignación. Hoy hay más de cien manifestaciones convocadas en sesenta y cuatro ciudades, y esa empieza a ser una imagen cotidiana e nuestras calles para esos electores que son los que acaban inclinando la balanza a un lado o a otro, y que simplemente miran a los manifestantes con una cierta indiferencia, incluso con el comentario de “¿y hoy de que protestarán?”
La entrevista de anoche a Rubalcaba en Telecinco, en mi opinión, resultó buena para la imagen de nuestro Secretario General, pero no cambio una percepción que hace daño y permite al gobierno estar el fin de semana relajados a sus dirigentes, y es que no tienen oposición real que no sea la de la gente en las calles.
Si a lo expuesto le añadimos el apoyo de la derecha gobernante en la UE, en el PP saben que ya no tendrán mayoría absoluta, pero que pueden volver a ser la fuerza más votada, frente al resto de partidos. Porque entre estos otros partidos, la UPyD les hace un trabajo que de apoyo que no digo intencionado pero si real, y entre la izquierda hay desunión, y la unidad resulta difícil cuando se una parte de esa izquierda dice lo de “PSOE y PP la misma mierda es” con más frecuencia de lo que debería, primero porque no es cierta esa afirmación más que para quienes quieren arrimar el ascua a su sardina, y segundo porque sin unidad es difícil construir una alternativa a este desastre de PP que nos gobierna de espaldas al pueblo llano.
 
A pesar de todo, no podemos caer en la resignación. Socilaismo y libertad.

2 comentarios:

  1. con consignas no ganamos, sólo la unidad der la izquierda, aunque sea coyuntural vale frente a tanta agrersión, incluyendo sindicatos y la gente que se mueve en la sociedad.

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  2. Llevas razón Carmen, no es cuestión de consignas sino de estrategias y actividad

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