viernes, 23 de abril de 2021

Practiquemos más el optimismo

 Quejarse es propio de los humanos. Hace un año, imaginábamos que hasta 2022 no sería posible contar con una vacuna contra el coronavirus, y nos lamentábamos por ello. Hoy nos quejamos de que el ritmo de vacunación no es lo suficientemente rápido, que es como preguntar: ¿Qué hay de lo mío? Hoy conocemos el riesgo de transmisión en los espacios cerrados, pero exigimos que se nos deje en libertad sin ningún tipo de limitaciones, y si por desgracia nos contagiamos, exigimos ser atendidos de inmediato, sin pensar que tal vez nuestro incumplimiento de las recomendaciones de mascarilla, manos y metros, que algunos incumplen, son la causa de mi retraso para ser atendido. Cuántas veces afirmamos que la salud es lo más importante, sin actuar en consecuencia con esa afirmación.

vacunas opinión González Cabrera

Aprender a prevenir

En cualquier caso, y a pesar de como somos los humanos, lo cierto y verdad es que resulta es que increíble lo que se ha aprendido y se ha avanzado en el ultimo año. Las nuevas tecnologías han sido claves en esos avances, porque nos han permitido que lo aprendido en una parte del mundo, sea conocido de inmediato en sus antípodas. Queda mucho por aprender sobre este virus, y sobre cómo frenar su expansión, cómo tratar su infección, y cómo prevenir su contagio, saber más sobre sus variantes, sobre sus secuelas. Pero, sobre todo, debemos aprender a prevenir, y a gestionar situaciones de pandemia, algo para lo que ni nuestro sistema sanitario, ni los de otros países con mayores recursos, estábamos preparados.


Frente a una situación de pandemia, nada sobra y todo es importante. Pero sobre todo es imprescindible contar con un sistema sanitario bien dotado en recursos de personal, de medios diagnósticos. Nuestro sistema tiene déficits crónicos que la pandemia ha evidenciado, sobre todo unas deficiencias de personal que arrastramos y que en lugar de haberse ido subsanando, han ido en aumento. Hay que llevar la imaginación al poder, e idear formas de atención al paciente que hasta ahora no eran imaginables en nuestro medio. Es la hora de la telemedicina, la teleconsulta es solo un paso en ese camino, aunque algunos confunden ambas. Es la hora de replantear como atendemos a nuestros mayores en los centros socio-sanitarios.


Vacunemos y vacúnense
Todas las profesiones sanitarias presentan carencias y la pandemia ha afectado, en mayor o menor medida, a todas. Sin trabajo en equipo de todas las especialidades, la respuesta a la situación vivida hubiese sido mucho más tibia y menos eficaz. Afrontar una pandemia como esta requiere de un enfoque multidisciplinar.  

También merece un comentario, como se ha transmitido la información. Una cosa es la transparencia y otra es permitir a personas sin conocimiento en la materia, un púlpito desde el que crear opinión. En gran medida, estamos viendo las consecuencias de esa desinformación escuchando opiniones sobre las vacunas, que lo único que producen es miedo al ciudadano. Una cosa es contar nuevas evidencias, y otra no matizar algunos aspectos que resultan imprescindibles para no alarmar, y eso no supone no decir la verdad. Corresponde a los expertos, y no a los tertulianos ni a los políticos ser los transmisores de esa información. El único mensaje que hoy nadie puede negar es el de vacunemos y vacúnense. Hay suficiente evidencia científica como para poder lanzar ese mensaje, en lugar de crear alarma y desconfianza entre los ciudadanos.

Vacunas en el debate político

En nuestro país, la vacunación se ha convertido en parte del debate político. Bien harían nuestros representantes en las instituciones en coordinarse, en lanzar mensajes únicos, en mostrarse todos como una sola voz. Lo que estamos presenciando es el baile de la confusión, de la descoordinación y la generación de desconfianza. Pocos creerán que el beneficio de las vacunas es mayor a sus riesgos, si se da más importancia a aparecer en los programas del corazón o en las tertulias políticas, que a difundir informes como el de la Universidad de Oxford que considera que el riesgo de desarrollar trombosis venosa cerebral es de 8ª 10 veces mayor entre los pacientes con COVID-19, que entre quienes reciben las vacunas de Oxford/AstraZeneca o las de ARN mensajero de Pfizer/BioNTech y Moderna. 

Abatimiento y preocupación

Tampoco evitan que la población caía victima del abatimiento y la preocupación, que nadie nos informe de que las variantes no son infinitas y el virus SARS-CoV-2 puede ser erradicado. Se ve la luz al final del túnel. Si todas las variantes que surgen en el mundo son similares, podemos integrarlas en la composición de una nueva vacuna, y evitar el virus de forma permanente.

Estamos en un momento, no de militar en la ideología política, sino de militancia en el optimismo, en pensar que si queremos podemos. Pero eso no podemos hacerlo los sanitarios solos, se necesita ese compromiso por parte de los dirigentes, los medios de comunicación, y sobre todo de la ciudadanía, sabiendo que no todo lo que le cuentan es cierto, y que detrás de cada información hay alguien que la propicia de manera interesada. 

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