viernes, 23 de abril de 2021

PERSONALICEMOS LA VACUNACIÓN EN LUGAR DE MASIFICARLA


Hoy voy a comentar una serie de cuestiones que me parecen importantes en medio de la polémica, propia de la política barata, en que se están convirtiendo, de manera interesada, tanto la pandemia en si, como la vacunación y cualquier aspecto relacionado con esta situación. Algunos no parecen ver la gravedad del problema que afrontamos, y no ven más allá de aquello que pueda servir para inclinar un voto a una determinada opción política.
UNO.- No ha podido ser. No se puede correr tanto como nos hubiese gustado. También la vacuna de Janssen está siendo cuestionada, y aunque ya hay dosis en nuestro país, no pueden usarse aún. Han aparecido 6 trombos en 7 millones de vacunados. Al ser la de Janssen de una sola dosis, aceleraría el proceso de vacunación de una manera importante. A veces parece que nos empeñamos en amarrar transatlánticos con cadenas de papel de fumar. Hemos visto como 18 fallecidos en relación a la vacunación con AstraZeneca entre más de 25 millones de vacunados, ha sido motivo suficiente para frenar la vacunación contra un virus que ayer mató a 126 españoles.
Toca esperar. No es malo ser prudentes, pero tampoco la prudencia puede ser un frenazo, porque hay más riesgo de sufrir un trombo por no haberse vacunado y contraer la COVID-19, que por cualquiera de las vacunas ya disponibles. La relación entre las vacunas de AZ y de Janssen, que al parecer son las únicas de las que nos preocupa la aparición de trombos como efecto adverso, es que ambas son de adenovirus, y personalmente creo que no deberíamos parar la vacunación, sino limitarlo en un determinado grupo de personas, y eso no es una cuestión de franjas de edad como se está haciendo, pero esta es una opinión personal. En cualquier caso, si entre este mes y el próximo tenemos inmunizados a todos los mayores de 60 años, habremos dado un paso de gigantes para frenar la mortalidad de la pandemia. Tanta prudencia es fruto de que la vigilancia de los fármacos funciona, aunque cuanto más transparente es la información más alarma crea, cuando debería ser motivo para la tranquilidad.
DOS.- Esa prudencia provocará retraso en el ritmo de vacunación. Pero eso no debe hacer que las regiones se salten el procedimiento de compra colectiva por la Unión Europea, como algunas CCAA o regiones en Europa pretenden hacer. Al final siempre acabamos lo mismo: el que más tiene más puede, y eso haría que las regiones ricas puedan pagar lo que las más desfavorecidas no se podrían permitir, volviendo al mercado persa que vivimos al inicio de la pandemia con mascarillas y respiradores.
Algunas CCAA en España muestran impaciencia por la falta de vacunas, sin tener en cuenta las negociaciones del Gobierno central con la Unión Europea. Es absurdo, no solo porque es una muestra de descoordinación, sino porque esas CC son conocedoras de que no podrán usar esas vacunas sin la autorización de la Agencia Española del Medicamento, y de que la estrategia de vacunación europea establece que es la Unión Europea la que negocia con las farmacéuticas las vacunas y las distribuye a los países según unos criterios pre-establecidos, que aunque no limitan la compra de vacunas, si recogen que las regiones europeas se tienen que atener a la estrategia europea de vacunación. Y los que pretenden ir por libre, al parecer olvidan que las vacunas son en estos momentos un medicamento esencial y escaso. Es el Estado el que coordina, y las CCAA las que gestionan, pero las competencias sanitarias de las CC no pueden prevalecer frente a la estrategia suscrita por España con los demás miembros de la Unión Europea. Si eso no se cumple, la UE podría imponer sanciones a la CCAA que actúe por libre, porque son parte del Estado.
TRES.- Y luego hay otro aspecto que no se debe olvidar nunca: o vacunamos a todos los habitantes del planeta, o el riesgo de que el coronavirus mute en otros países donde no lleguen las vacunas, puede hacer inútil la vacunación en los otros países. Por eso es necesario que toda la humanidad tenga acceso a las vacunas, que, además, para su consecución han contado con financiación con fondos públicos. De nuevo se el debate, sobre si ante una situación como la que vivimos, no se debe apostar por la suspensión temporal de las patentes de las vacunas.
Recientemente se ha publicado un estudio que muestra como en los costes de investigación de AstraZeneca, la farmacéutica soportó menos del 3% de los costes de toda la investigación, puesto que estos gastos fueron afrontados por el Reino Unido, la Comisión Europea, y entidades que a su vez están financiadas con fondos públicos. No parece un disparate, que se produzca una suspensión temporal de las patentes mientras dure la pandemia. Aunque puede que de producirse esto, el problema que habría que afrontar es si existe una capacidad de producción suficiente, pero desde luego sería mayor que la actual, limitada a capacidad de las farmacéuticas que poseen las patentes.
CUATRO.- El último aspecto que quiero comentar hoy, es que está primando la prisa por vacunar, sobre los criterios sanitarios. Los profesionales sabemos que no hay enfermedades, sino enfermos, que una enfermedad afecta de una manera a un individuo y de otra a otro, aunque con unos patrones comunes que permiten el diagnóstico. A la hora de utilizar un fármaco hay que tener presente el paciente al que se va a tratar, además de los beneficios y los riesgos de dicho fármaco. Con las vacunas sucede lo mismo. Todas las vacunas no son adecuadas para todas las personas que están en una franja de edad, sino que dentro de esas franjas hay personas para las que una vacuna puede ser la adecuada, pero no serlo para otra, aunque hayan nacido ambas el mismo día. La edad no es un factor predictivo de que un fármaco o una vacuna sea adecuada para un determinado individuo.
Creo que más que fijar una franja de edad en la que consideremos acta una vacuna, deberíamos determinar individualmente, si una vacuna es la adecuada o se debe optar por otra, en función de cada paciente. Eso parece imposible en un ambiente de “prisas” por alcanzar un porcentaje de vacunación en un determinado periodo de tiempo como se ha planteado Europa en su conjunto y España en particular. Siempre he pensado que hay que poner en el centro de nuestras decisiones terapéuticas al paciente, y que esta situación no es diferente. Por eso considero que no es cuestión de que una vacuna sea apta para mayores o jóvenes, solo por el criterio de edad, sino que es apta para un individuo y no para otro por los condicionantes clínicos que el paciente presente. Puede que si antes de administrar una vacuna mirásemos esos condicionantes de manera individual, el número de pacientes con efectos adversos se redujese de manera muy significativa.
En resumen: vacunas si; cuanto antes estemos todos vacunados mejor; cuantas más vacunas dispongamos mejor, pero adquiridas por la unión de todos los europeos, no por regiones; eliminar temporalmente las patentes facilita el acceso de los países pobres a las vacunas, y hay que vacunar al mundo entero para acabar con la pandemia, no vale pensar solo en nosotros; no hay vacunas buenas o malas, hay personas con problemas individuales que hacen que debamos individualizar a la hora de decidir qué vacuna es la adecuada para cada individuo.
Buen fin de semana.

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