sábado, 24 de abril de 2021

Los medios de comunicación en democracia

 Y este comentario es de opinión tras la lectura de los medios de hoy.

Que personas de nuestro entorno, gente afable y generosa, tenga asimilado el discurso del odio como algo normal, y que consideren que eso es parte de nuestra democracia, es algo que debería hacernos reflexionar sobre lo que hemos debido hacer mal en nuestra tan alabada transición de la dictadura a la democracia. Con la dictadura debimos ser rupturistas y no lo fuimos, y aquellas cepas enfermas nos dieron estos vinos ácidos.
Ahora, en medio de la pandemia, no nos llama la atención que los herederos de la dictadura se alineen con los negacionistas. Hasta ha quien verbaliza que le molestan más los colectivos que niegan la existencia del virus, pero ni se le pasa por la cabeza que apoya a quienes actúan como si el virus no existiera. Hemos asumido que todos esos posicionamientos, científicamente falsos, forman parte del espectáculo televisivo en que se ha convertido nuestro día a día, cuando en realidad no son otra cosa, que auténticos atentados contra los derechos humanos. Los vemos desde contra al derecho a la salud, al de la información pasando por otros muchos, que con este tipo de discursos se vulneran.
A lograr que se asuma ese principio de que “en democracia todo vale", contribuyen unos medios sensacionalistas y unas redes sociales, donde mentir o falsear datos, es algo cotidiano y nunca perseguido ni penado. Sigue pendiente en nuestros medios de comunicación, una reflexión sobre hasta dónde es tolerable, poner altavoz a opiniones que atacan a los derechos colectivos. Cuando alguien tiene claro que no se puede ser colaboracionista con ese tipo de discursos, deja inmediatamente de ser calificado de buen profesional del periodismo o de cualquier profesión, para ser tachado de partidista. Ayer lo vimos respecto a Angels Barceló, y hoy muchos seguidores de Vox consideran a la periodista una mentirosa de extrema izquierda. De poco vale su profesionalidad demostrada durante años.
Pero que un medio no les resulte manipulable, no les preocupa en las filas de la formación. Saben que cuentan con sus propios medios de comunicación, afines ideológicamente y dispuestos a hacerles un trabajo de mensajería de calado, que sus líderes son intelectualmente incapaces de hacer. Lo que debería preocuparnos a los demás, es que los otros medios, aparentemente imparciales, les traten y les consideren dignos de sentarse frente a sus micrófonos o cámaras, a pesar de la virulencia de sus declaraciones Sin saberlo (o a sabiendas), contribuyen a blanquear su racismo, su xenofobia y el odio que algunas de sus declaraciones destilan. Al hacerlo les permiten influir en una opinión pública, disgustada con su situación personal, agravada por la pandemia, y necesitada de un hilo de esperanza, pero parece no preocuparles si el objetivo de estos salvapatrias es manipular o agitar a esa sociedad vulnerable.
Todo lo que he expuesto hasta ahora, lo hago porque al leer como se ha interpretado lo acontecido en el debate de ayer en la SER, me parece que se trata por muchos de justificar l injustificable. Lógico que cada medio obedezca a la voz de su amo, pero como país deberíamos hacérnoslo mirar. Si se leen no los titulares, sino la redacción de los artículos, en muchos no se condenan las amenazas que se afirma condenar, porque acto seguido se justifican, y se expone que los de Vox han sido atacados, insultados o agredidos antes. En lugar de condenar toda violencia, se justifica la de Monasterio como respuesta a la que ella haya podido recibir. Al final, alguno califica a Iglesias como merecedor de los insultos de la lideresa de Vox. Digno de hacérnoslo mirar.
Casi ningún destaca la ausencia de la candidata del PP de ese debate como algo relevante, cuando lo es y mucho; pocos salen a desmentir frontalmente las falsedades más hirientes e irritantes socialmente (4.700 euros a cada menor inmigrante, la mortalidad de Madrid es como la de las demás CCAA, la economía de Madrid va mejor que la del resto de España, en Madrid hay más Covid porque ha entrado pro Barajas, que se ha invertido en sanidad pública más que nunca, que las residencias o centros socio sanitarios no son competencia autonómica, etc.). Con su silencio otorgan, y dan por ciertos datos manipulados, cuando no absolutamente falsos. Digno de hacérnoslo mirar.
Sería interminable el listado de falsedades utilizadas para disfrazar lo indisfrazable. Ahora ya no importa si Ayuso necesita a Vox para gobernar, ni que les ha ofrecido públicamente entrar en su gobierno aunque no les necesitase para ser elegida, ni que para que Vox adelante a Ayuso pro la derecha tiene que hacerlo por el arcén porque esta no les ha dejado carretera. Hoy eso no interesa recordarlo, no vaya a ser que alguien relacione a Ayuso con Monasterio y decida no votarla. Digno de hacérnoslo mirar.
Y lo peor de todo. No es necesario que sean los líderes de las formaciones los que aparezcan en los medios. Ya disponen de periodistas y tertulianos a sueldo, cuya única finalidad es participar como activistas del mensaje de odio, de agitación para desestabilizar, de cuestionar no a los gobernantes sino a las propias instituciones, de ver los altavoces de la propaganda de esos partidos. Que no se ofenda el conjunto del periodismo, que no son todos, como tampoco son todos los médicos a los que les preocupan más sus ingresos que curar, que también son solo algunos, pero haberlos los hay.
Es parte de una estrategia adaptada a lo que hoy es la sociedad. Son sabedores, de que si todos nos hemos convertido en epidemiólogos de la noche a la mañana, con la misma facilidad nos convertimos en economistas, educadores, o gobernantes, sin pensar que carecemos de formación para que nuestra opinión sea argumentada. Es lo de miente que algo queda, y que quien les escucha es libre de interpretar lo que hemos dicho amplificado. Es parte de nuestra idiosincrasia apagar fuegos arrojando gasolina.
Está científicamente probado que los españoles arreglamos el coche sin saber nada de mecánica, y que podemos hacerlo desde la barra del bar sin mancharnos las manos de grasa. ¿Como no vamos a arreglar el país desde una tertulia, o en las redes?

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