domingo, 21 de febrero de 2021

Los días de aplausos ya pasaron

Que lejos quedaron los días de los aplausos. Claro que no es así para todos los pacientes que tratamos, pero si quedan muy lejanos para algunos otros, que no quieren entender lo difícil que resulta ejercer esta profesión de sanitarios en una situación de pandemia. Es tan fácil pasar de héroes a villanos, como lo es pasar desde el amor al odio.
Tener que volver a explicar que no se debe acudir a consulta sin cita telefónica previa, parece para algunos un motivo para hacer de eso un incidente, casi un atentado a su persona. No será porque los medios no repiten, una y mil veces, que han aumentado los contagios, que tenemos mayor presión hospitalaria, o que las UCIs empiezan a estar desbordadas. Pese a repetirlo una y otra vez, hay quien seguro que lo sabe, pero a pesar de ello, con su actitud hace que de nuevo aflore la crispación social, y que de nuevo nos convirtamos los sanitarios en el blanco de sus frustraciones. Hay quien no entiende, o no quiere entender, que las medidas de cierre de establecimientos intentando evitar el contacto físico, o el filtro que se ha establecido para el acceso a los centros de salud, son en verdad medidas más para proteger a los ciudadanos que pueden contagiarse, que a quienes les atendemos.
Pero mucho más importantes resultan esas normas cuando se trata de visitar un centro sanitario, lugar donde nos podemos encontrar sin esperarlo, a un enfermo aún sin diagnosticar. No son medidas para proteger solo a quienes atendemos los servicios esenciales exclusivamente (que también) sino para proteger a los ciudadanos que acuden a ellos. Para nuestra desgracia, esos trabajadores esenciales y en especial los sanitarios, ya estamos acostumbrados a una exposición permanente al riesgo de contraer la enfermedad mientras ejercemos nuestra profesión.
Puede que haya quien se obstine en no verlo, pero de nuevo estamos viendo aumentar la demanda en las consultas, tanto por el incremento de contagios, como a pesar del incremento de contagios, y con ello aumenta también la incertidumbre y el nerviosismo que están pasando muchos pacientes. Parece absurdo tener que volver a explicar (pero hay que hacerlo) que si no le cogemos el teléfono en el centro de salud, es porque se está atendiendo a otro paciente, y no porque estemos cruzados de brazos o no haciendo nada, ni porque el centro de salud esté vacío. Lo cierto y verdad es que no hay día que no se atiendan más de cincuenta consultas telefónicas, que son más largas que las presenciales, y en las que se intenta dar respuesta a todas las demandas que se tienen, además de atender a aquellos que precisan una consulta presencial.
Desde aquí me gustaría pedir a todos los pacientes, tanto los que atiendo yo como a los que lo hacen otros compañeros o compañeras, un poco de comprensión con los profesionales. En vez de convertirnos en la diana de sus reproches, mejor harían en reprochar su actitud de no respeto a las normas y recomendaciones, a aquellos que en estas fechas siguen pensando que la pandemia no va con ellos. Todos cometemos errores, pero algunos son más responsables que otros de la situación que vivimos, y no creo que los sanitarios seamos los que tenemos mayor parte de esa responsabilidad.

Lo peor que puede sentir un profesional es el desánimo, porque eso te lleva a cuestionarte si merece la pena seguir en esta pelea, contra una pandemia que cada vez parece más, que ha venido para quedarse. No le sumemos nuestra soberbia. 

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