miércoles, 6 de enero de 2021

Día de Reyes

Cada vez es mayor el número de zonas, de pueblos y ciudades, de Comunidades Autónomas y de Países, que ven como la incidencia del COVID crece sin freno en sus territorios.

En nuestro país, los sanitarios de Atención Primaria ya advertimos a mediados de diciembre, que, tras el puente de la Constitución, las cifras en España se dispararían. Pero todo fue predicar en el desierto. No es cuestión de señalar responsables, pero esto ha evidenciado que vivimos en una sociedad en la que reina el egoísmo, una actitud que está bastante en relación con la edad. Abuelos y niños con un comportamiento ejemplar, junto a jóvenes y adultos entre los que encontramos la diversidad de actitudes: internos, externos y mediopensionistas, y con comportamientos para todos los gustos.

No se interprete de lo anterior, que yo considere responsable de la actual situación, solo a los ciudadanos de a pie con edades intermedias, en exclusiva. Ni mucho menos. Pero no puedo admitir como aceptable, esa respuesta fácil que señala como únicos responsables a los políticos, por no tomar las medidas oportunas. Aunque no sea fácil de asumir, somos todos responsables, cada uno en su nivel (gobierno central, CCAA, ciudadanos). Y también los sanitarios, a los que nos ha faltado mano dura ante muchas situaciones que hemos contemplado y tolerado, sin dar un golpe en la mesa y poner en conocimiento de las autoridades el incumplimiento de las normas.

Ahora, poco importa quién sea más responsable, porque quienes lo vamos a pagar a más alto precio serán quienes enfermen y quienes les asistimos. Después de ver las calles de pueblos y ciudades, el puente de diciembre, los días de Navidad, los de año nuevo y ayer víspera de Reyes, no hace falta ser sanitario para saber lo que se avecinaba y ya está aquí. Los sanitarios vimos llegar la primera ola y nos tocó trabajar a destajo y en malas condiciones. Luego tras el confinamiento y muchos miles de fallecidos, parecía que la cordura empezaba a imperar entre nosotros. Pero llegó la segunda ola y nos tocó de nuevo trabajar a tope, y de nuevo cuando parecía que se entraba en ritmo de control, se escuchó aquello de “salvemos las navidades, salvemos la economía”. Hace tres semanas desde atención primaria empezamos a hablar del riesgo real de una tercera ola, pero sabiendo que lo que hacíamos era predicar en el desierto.

Se habrán salvado las navidades, pero eso nos ha costado, nos está costando, y nos va a seguir costando muchas vidas durante todo este mes y principios de febrero. Porque en nuestro país seguimos en el “sálvese quien” pueda, capaz de desmoralizar al más pintado. A veces tenemos la sensación de que vivimos en un país de necios, de personas sin criterio que no aprenden ni a palos, ni ante el cuerpo frío de un familiar muerto. Las normas parecen ser para los demás, no para nosotros. El culpable siempre es otro, el gobierno del estado por no tomar las decisiones que sabemos que no puede tomar; los gobernantes autonómicos por no ejercer sus responsabilidades; y los demás ciudadanos, por irresponsables y no cumplir normas. Nosotros personalmente no somos responsables de nada de lo que ocurre, enrocados en el “a mí que no me impongan nada, ni me responsabilizo de nada, que yo tengo que seguir mi vida”.

Que nadie piense que las vacunas son motivo para la relajación, porque esto va para largo, y que estemos todos vacunados no evitará las mascarillas, la necesidad de lavarse las manos, los metros de distancia, las muertes no solo de mayores. Demasiadas emes. Y todo apunta a que nos veremos en la necesidad de un nuevo confinamiento. Porque hasta ahora, el único que parece confinado es el “sentido común”. Porque solo eso puede explicar, que, si sabemos que no se puede, eso debería imponerse a que no se debe. Pero al final gana el “sálvese quien pueda”. Y es que necesitamos que nos prohíban las cosas, no queremos ver la necesidad de no hacerlas, sencillamente por responsabilidad personal.

Yo le pedí a los Magos un paquete de responsabilidad colectiva, pero junto a las botas esta mañana no he encontrado nada. Igual me lo han dejado en casa de algún familiar o amigo.

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