viernes, 13 de diciembre de 2019

CATALUNYA, PAGE Y LAMBÁN


Cuando se viven situaciones difíciles, siempre se considera aconsejable la prudencia. Que la crisis en Catalunya es un asunto delicado para todos los socialistas, nadie lo pone en duda, por eso deberían ser los socialistas los primeros en predicar esa necesaria prudencia, y hacerlo de manera directamente proporcional a su responsabilidad en el partido. El papel que en este proceso de negociación están desempeñando Page y Lambán es algo que empieza a recordar a las moscas cojoneras que impedían a las acémilas recorrer su ruta con presteza.
No parecen haberse conformado con hacer la cama a Sánchez cuando le apearon de la secretaria general. Como no cayeron tras su felonía a un secretario electo, ahora no les duelen prendas en volver a mostrar abiertamente su desconfianza en el Secretario General del partido al que representan en sus respectivas CCAA. Pese a llevar años viviendo de un salario procedente de lo publico, al parecer, no han acabado de aprender la coherencia con lo que uno piensa y que exige el ejercicio de una responsabilidad publica. Si no asumen la postura de su partido, deben coger la puerta más cercana para salir de él. El ya candidato a la investidura debe tener claro, que, con amigos como estos, no necesita enemigos.
Estos dos insignes socialistas, son primero militantes, y luego representantes institucionales de su partido, un partido que predica que todos sus militantes son iguales en derechos y obligaciones. Ellos deben pensar que el cargo que ocupa les otorga más derecho a decir lo que quieran, que a aceptar que un 93% de sus compañeros de militancia apoyó el pacto con UP para un gobierno de coalición en una reciente consulta. Más les valdría ver venir, que esa misma militancia apoyará cualquier acuerdo que esté dentro del marco constitucional. Solo la desconfianza en Sánchez puede llevarlos a pensar que este se pasará la Constitución por el arco del triunfo en esas negociaciones.
Por si desde el socialismo no se ha metido la pata en suficientes ocasiones en el tema de Catalunya, ahora que al menos esta nueva ejecutiva es capaz de establecer un dialogo, ellos se dedican a colocar todos los palos posibles en la rueda, como si en lugar de miembros del PSOE, fuesen los mayores defensores de la estrategia dibujada por PP, Cs y Vox: leña al mono hasta que hable inglés. No aceptar que todos somos diferentes, y que nos beneficia más complementarnos que separarnos, es caer en el mismo error del independentismo trasnochado, ese que, apuesta por poner más fronteras, en este siglo XXI en el que ya no debería existir ninguna. Olvidan que todo lo que se quiera imponer por una de las partes de un litigio, es condenar al fracaso a cualquier intento de acercamiento de posturas.
Y reconociéndoles su legitimo derecho a discrepar y a criticar todo, ¿qué alternativas han puesto ellos sobre la mesa? ¿El pacto de la gran coalición? O ¿Unirse a los que hasta hace unos días calificaban al PSOE como la banda de secuaces de Sánchez? Posiblemente es que nunca han creído que los problemas de está índole solo pueden solventarse desde el dialogo. Y si eso es así ¿por qué continúan en el PSOE, si creen que la solución es aplicar de nuevo el 155? Puede que todas estas preguntas retóricas, tengan una misma respuesta: lo que quieren es hacerse notar. Estoy seguro que los recibirían con los brazos abiertos en cualquier partido de la terna derechista del Congreso. O se marchan o asumen que con su postura se lanzan tierra a sus propios ojos, porque es muy flaco el favor que hacen a su partido con este posicionamiento.
Cuando toda la izquierda está esperanzada en alcanzar un gobierno progresista, ellos parece que apuestan por la ahondar en la desesperanza. Si la democracia significa que la soberanía reside en el pueblo, un pueblo carente de esperanza, es lo que siempre nos encontramos en el origen de todos los extremismos y especialmente del fascismo. Es la desesperanza provocada por gobiernos que han incumplido sus promesas electorales la alfombra de plata para el auge de la ultra derecha, en cualquier país. Que estos señores, en lugar de arrimar el hombro en la línea de empuje marcada por las bases de su partido, se permitan cada día, fomentar el desaliento, la desconfianza y la desesperanza entre sus propias filas, es como poco para recomendarles que se lo hagan mirar.
Nunca es bueno dejar las cosas a medias, y cuando tuvo oportunidad de cerrar esa herida interna del socialismo, Sánchez la dejo abierta, y hoy supura.

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