sábado, 27 de julio de 2019

EL PRECIO DE LA DISCORDIA


Decidí darme  tiempo para elaborar esta opinión. Parece que nadie nos dice la verdad, sino su verdad. Ninguno tiene la culpa, es del otro. La realidad es que si no tenemos un gobierno de progreso es por ambos partidos, no importa en qué proporción es responsable cada uno sin datos constatables. Eso solo permite opinar sobre una información sesgada.

Poca confianza mutua entre Sánchez e Iglesias. La no investidura de ayer del primero, ha servido para aumentar esa desconfianza. Ninguna de las partes parece dispuesta a la autocritica. Todo huele a tacticismo, estrategia, mentalidad manipuladora, autoritarismo, falta de respeto, desprecio, teatro, exhibicionismo, prepotencia, arrogancia. Todo lo bajo y rastrero, que se le presupone a la política con minúsculas. Una ruptura que solo justifican los próximos a cada partido, dan igual los motivos. 

Situación de difícil gobernabilidad la nuestra, que solo beneficia a la Jefatura del Estado, que pese a no ser, aparece como la garante de la democracia;  y a las élites dirigentes españolas, que se sienten hoy más relajadas en su poltrona. Esta incertidumbre interesa al PP, y a todos los que se mostraron contrarios a la moción de censura que desalojó a Rajoy. Si nada lo impide antes, el 24 de septiembre se publicaría en el BOE la convocatoria de nuevas elecciones y se abriría un plazo para volver a las urnas el domingo 10 de noviembre.
De por qué hemos llegado hasta aquí, encontramos de todas las versiones. El líder propio nunca es culpable, lo es el otro. Mayoría entre quienes piensan que lo son ambos. Opiniones que son el resultado de una negociación frustrada, celebrada in extremis, con una metodología negociadora que creaba suspicacias en el otro negociador, y con unos equipos negociadores que, pasado el tiempo no han resultado efectivos para alcanzar el objetivo del acuerdo. No se debió apurar desde abril hasta julio para hacer propuestas de negociación.

Luego, las prisas siempre malas consejeras (amenaza de repetición electoral; cálculos sobre las encuestas; poca voluntad de cesiones mutuas; no una clara propuesta de acuerdo; petición de abstención a la derecha; el veto a Iglesias (líder del "socio preferente"); errores de cálculo y exceso de estrategias mutuo; mensajes hirientes hacia el futuro socio (el PSOE no es de izquierdas; nunca ha querido negociar; necesitan ser vigilados; prefieren a Cs). Y luego las tracas finales: desvelar los contenidos de la negociación en el debate sin estar cerrada; filtraciones de documentos de “propuestas” convertidos en exigencias; un discurso de lastra hiriente, y unos comentarios de Iglesias insultantes. Pasaron de ser “socios preferentes “a "enemigos preferentes". Hay que decir que no todo el PSOE ha compartido esa forma de negociación fijada desde Moncloa (Iván Redondo, jefe de Gabinete del presidente es señalado por muchos), y que tampoco en UP ha habido cierre de filas en torno a Iglesias, ni desde el sector anticapitalista, ni desde toda IU. Pese a esas divergencias, el resultado es continuar con gobierno en funciones.

A toro pasado, la sensación es que ambos partidos han olvidado que somos los ciudadanos quienes les hemos votado, no sus partidos, y que a sus votantes nos costará olvidar las sonrisas de la derecha. Una negociación así, debe estar exenta de acritud, de odios, de descalificaciones, de faltas de respeto, y el fracaso de la misma demuestra el bajo nivel de nuestros representantes públicos. Poco ha ayudado, calificar de endiosado a Iglesias, o ver a algunos empeñados en recordar a UP que el PP le paseo por todos los medios para dividir el voto del PSOE, ni las redes llenas de afirmaciones de que el PSOE no es de izquierdas, o que no es de fiar. Son muchos, los que antes del fracaso negociador, se han estado dedicando a descalificar al otro, incluso a atacar a los propios que no asentían con el líder. De la suma de todo esto, no podía salir nada positivo.

Cualquiera que haya seguido el proceso de la fallida investidura puede preguntar a UP, que si el PSOE no es de fiar, ¿para qué entrar en su gobierno? Quizás le resultaría más positivo, pactar un programa de gobierno, evitar la llegada de la derecha apoyándole, para luego ejercer una oposición dura cada vez que se produjese un incumplimiento de ese programa. Difícil imaginar a UP como parte de un gobierno (vicepresidencia y dos o tres ministerios), saliendo a protestar a la calle contra sus decisiones. Si el PSOE tiene mayoría minoritaria, aún dejándolo gobernar, estaría obligado a sacar adelante sus decisiones de gobierno con otros. Mientras que un gobierno ya sea de coalición, de cooperación, o medio pensionista, en el actual ambiente es de corto recorrido.

Muchos votantes de izquierda, apostaban por una fórmula de gobierno a la portuguesa. No ha sido posible, no solo por un exceso de ego en los líderes de PSOE y UP al que muchos apuntan (que también), sino por un excesivo cálculo electoral en ambas formaciones. Ese modelo portugués, apunta a un crecimiento en intención de voto de los socialistas, pero no de su izquierda, y puede que a UP no le parezca una buena salida. Pero la causa fundamental de este desencuentro es, que ambos partidos no han entendido la negociación como una colaboración a favor de la ciudadanía y para evitar un gobierno de la derecha, sino como una disputa por el voto en la izquierda.  Ni unos ni otros han tenido la convicción y la ilusión necesarias por alcanzar el acuerdo, sin pensar primero en el interés de su partido.

Los medios señalan que Moncloa y Ferraz optan por mantener el silencio hasta analizar los siguientes pasos. “Hay que volver al punto de inicio y explorar otros caminos", ha señalado Sánchez. Pero hay divergencia de opiniones entre la cúpula socialista: unos apuestan por retomar las conversaciones en breve, y otros dicen que el tiempo de negociaciones con UP ha pasado y apuestan por ir a elecciones. En cualquier caso, se quiere ganar tiempo para evaluar las encuestas en septiembre. En UP, tampoco está claro el rumbo ahora. La valoración positiva al paso a un lado de Iglesias, se mezcla (fuera del círculo de admiradores), con la imagen de quien disputa sillones y el control de parte del poder, y desvalorizan la renuncia al recaer la vicepresidencia en su compañera sentimental. A la postura inicial del sector anticapitalista de no entrar en el gobierno, se le añade ahora la propuesta de IU de apoyar a Sánchez sólo con un acuerdo programático.

Ambas formaciones están construyendo su relato de los hechos, pensando en unas próximas elecciones. Por un seguro mayor apoyo mediático, el relato del PSOE tendrá mayor difusión, y por tanto más posibilidades de llegar al electorado. En ese relato se imputará a UP que ha tirado por tierra las esperanzas de muchos ciudadanos y que ha sido el obstáculo para alcanzar un gobierno de la izquierda. El PSOE se mostrará como la izquierda moderada, centrada, incapaz de irse demasiado a la izquierda, y se dibujará a un UP como una izquierda a su izquierda, incapaz de pactar la moderación. Se le atribuirán a UP excesivas exigencias, intransigencia, y tacticismo. Se recordará la anterior investidura fallida de Sánchez, antes fue no y ahora  abstención, pero con el mismo resultado: se ha evitado un gobierno de izquierdas. Se dibujará a UP como un partido de izquierda radical que no ha sabido medir sus fuerzas y que ha convertido su teórico purismo izquierdista, en algo inútil. La buena oratoria de Iglesias, no valdrá de nada, frente a su falta de flexibilidad.

No sabemos la solución final. Todas las posibilidades siguen abiertas. Lo cierto es que ya no es momento para las teorías o las justificaciones de unos u otros. Paso la hora de la crítica al otro, y toca proponer soluciones y hacer cosas, o el resultado electoral de ambos partidos solo será como u bonito sueño, en el que si nadie cambia su estrategia y ni el PSOE se desplaza hacia la izquierda, ni UP hacia el centro, nos despertaremos sobresaltados. Los ganadores de este fracaso colectivo, serán los de siempre: banca, el gran empresariado, iglesia. Y como no, la derecha política, sabedora que en una repetición electoral, la izquierda nunca logrará que vaya a votar tanta gente como en las últimas elecciones. Si volvemos a votar, PSOE y UP pagarán en votos la discordia de estos días.

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